¡Ha nacido una niña! ¡Sí, hace apenas unas horas nació! Dice su papá, quien por cierto soñé que me llamaba desde París ayer a las cinco de la mañana, que pesó más de tres kilos. “¿Cuáááááááánto?”, exclamé entre sueños. A pesar de que me repitió el peso a gritos, yo seguía dormida. Soñaba que una voz muy varonil me anunciaba el nacimiento de mi primera nieta. Estaba tan feliz con mi sueño. Me parecía tan real que por eso no me quería despertar. Por absurdo que parezca pensaba incluso que ya estaba despierta y que, por ello, escuchaba con tanta claridad la voz de su padre: “Ya llegó. Ya está aquí. Está preciosa, muy semejante a su hermano. Su mamá está muy bien. Bueno, ya te dejo dormir”, me dijo antes de colgar. “Soñé que ya había nacido”, le comenté a Enrique dándome la media vuelta. “Van varias veces que sueñas con lo mismo… ¿Quién llamó?”, me preguntó con voz de dormido. “¿A poco puedes escuchar mis sueños?”, le pregunté incrédula. “Claro que no. Pero ¿quién llamó ahorita por teléfono?” “No sé. Estaba profundamente dormida. A lo mejor soñaste que alguien llamó”, le repuse. No obtuve ninguna respuesta. Un minuto después ambos dormíamos plácidamente.

Al cabo de dos horas, el despertador sonó como de costumbre a las 7:00 a.m. Al escuchar el primer timbre, no sé por qué levanté la bocina del teléfono. “¿Bueno?”, pregunté. Del otro lado del auricular no había más que el eco de muchos silencios. “¿Quién era?”, inquirió Enrique. “No, nadie. Han de ser mis nervios. Lo que sucede es que sigo preocupada, porque como sabes ya debería de haber nacido mi nieta. Hace dos semanas que la estamos esperando y nada de nada. Por eso sueño que un señor me anuncia su nacimiento. Fíjate, esta noche clarito soñé que su papá me llamaba por teléfono para decirme que ya había nacido. Oye, Enrique, ¿por qué será tan tardada esta niña que ya debería de haber llegado al mundo? ¿En qué estará tan ocupada que no aparece por ninguna parte? Tú que eres médico, dime qué tantas cosas estará haciendo todavía en el vientre de su madre si ya se cumplió su término. Claro que ahorita en París está haciendo mucho frío. El otro día leí en el periódico que estaba nevando, mais quand même, como dicen los franceses. ¿No crees que esta tardanza tan prolongada, de alguna manera, tenga que ver con el perfilito de su personalidad? ¿Te imaginas cómo hará esperar a sus pretendientes y enamorados? A lo mejor todo lo que le suceda en su vida le llegará tarde. En otras palabras todo se lo tomará con mucha calma. Con tal de que no herede la impuntualidad de su abuela…”. Enrique me escuchaba mientras se rasuraba. Parecía lejano. Era evidente que mis preocupaciones lo tenían sin cuidado. Qué extraño le ha de resultar estar casado con una abuela cuyos nietos no tienen nada que ver con él. ¿Cuál será realmente su relación respecto a mis nietos? ¿Abuelastro? ¿Abuelo postizo? ¿Abuelo virtual? ¿Abuelo de mentis? Quién sabe. Lo que me queda clarísimo es que a él todavía le falta mucho tiempo para experimentar esa sensación que significa ser abuelo y que es tan única e inexplicable.

¿Será lo mismo ser abuela de un nieto que de una nieta? Confieso que mi relación con mi primer nieto  es bastante privilegiada. Sin hipérbole podría asegurar que la química que se ha dado entre los dos es casi, casi milagrosa. Pero, ¿cómo será con mi nieta? Por lo menos ya tenemos una cosa en común, ninguna de las dos somos muy puntuales que digamos.

No recuerdo quién me dijo un día que todas las mujeres mexicanas se llamaban naturalmente María y los varones, José. Han de ser cosas de las monjas.  María… qué bonito nombre. ¿Cuántas Marías conozco? Bueno, aún no conozco ni a la Virgen María ni a María Magdalena pero fueron de las primeras que tuve conciencia en mi vida. En seguida vendrían: María Félix, María Victoria, María Conesa, María Estuardo, María Curie y Simplemente María. El libro predilecto de mi mamá se intitula María de Jorge Isaac. Sin duda “María” es un nombre muy mexicano. Pienso que la virtud de este nombre tan universal es que se oye bonito en todos los idiomas, no obstante la bisabuela francesa de mi nieta dice que María en español dicho a la francesa es un nombre de concierge. ¡Que vivan todas las porteras que se llaman María!

Ilusionada como estoy con mi nieta, ya le tengo varios regalos: un libro de Las niñas bien de la primera edición, una sillita de palma, un mini rebozo de ala de paloma, unos estambres de lana de todos los colores, un par de peinetas de carey y una falda pequeñita de china poblana bordada con muchas lentejuelas. Además, le tengo la copia de la canción que escribiera Agustín Lara titulada María Bonita. ¡Qué terrible ha de ser tener una abuela tan sexista y, por si fuera poco, nostálgica! Temo sin embargo que serán sus gustos, y no los míos, los que se impondrán. Los voy a respetar. Estoy abierta a que me reeduquen mis nietos. Estoy abierta a aprender de ellos y estoy abierta a adaptarme a sus tiempos. No obstante, también yo tengo muchas cosas que enseñarles y que platicarles. Por ejemplo, nada me gustará más que platicarles acerca de sus bisabuelos. Comenzaré por contarles cómo se conocieron, cómo se enamoraron, cómo se casaron y cómo tuvieron tantos hijos y nietos. También les platicaré de cómo era la Ciudad de México mucho tiempo antes de que nacieran, de cómo eran las playas de Acapulco y de cómo se veían de la ventana de mi casa los volcanes.  También me gustaría llevarlos a Estipac, Jalisco, donde nacieron mis abuelos y a lo que queda de la colonia Santa María la Ribera, donde vivía de joven mi papá. También los voy a llevar a los dulces Celaya, al museo de cera de la Villa, a comer tacos a la Casa del Pavo y tamales a la Flor de Lis. Con ellos pienso rentar todas las películas de los hermanos Soler, de las rumberas, de Chachita y de Jorge Negrete. ¡Cuánta nostalgia! Una nostalgia inevitable, al ser testigo de tantos y tantos cambios, que nos hacen añorar cada vez más el pasado.

Cuando finalmente bajé a desayunar y una vez que me despedí de Enrique, lo primero que hice fue abrir mi correo electrónico. Sí, allí estaba la noticia que tanto esperaba:

“Mamá: nació a las 4:18 a.m. (hace un poco más de una hora), pesó 3.2 y sacó 10… Ella y su mamá están muy bien. Un beso”.

Esta vez no se trataba de un sueño. Por eso permítanme pues, queridísimos lectores, participarles de todo corazón el nacimiento de ¡¡¡mi nieta!!!

Anuncios