“EL ARTE DE SER ABUELA”

-Margarita González Gamio.

Dicen que pocos escritores han mostrado más amor a sus nietos que Víctor Hugo. En su gran obra maestra “El arte de ser abuelo” nos deleita con sabias y precisas instrucciones que nos permiten adentrarnos al fantástico mundo de los nietos. Seguramente inspirada en el poeta francés, Guadalupe Loaeza nos regala el mismo título “El arte de ser abuela”.

La polifacética escritora nos comparte sus experiencias, sentimientos y emociones de esta nueva y rica etapa de su vida.

Reconoce el malestar que le ocasionaba pensar en convertirse en abuela, la sola palabra la remitía a Sara García, la abuelita del cine nacional.

Yo tengo que reconocer que a mi me invadía un sentimiento semejante. Nada era más deprimente que en una amena reunión de amigas, la platica fuera monopolizada por aquellas que ya eran abuelas. Interminables y aburridísimas anécdotas sobre las gracias de los pequeñines, empeoradas cuando iban acompañadas con el álbum de fotos. Era tal la desesperación de las no-abuelas que logramos establecer una cuota de 300 pesos por cada anécdota de nieto, incrementada a 500 pesos cuando era acompañada por foto.

Igual que a Guadalupe, todo cambió cuando en un cunero me señalaron a la bebé según yo, mas bella del universo; mi nieta Ana Paula ¿que cambió? No lo sé, todo.

Se comenta que los nietos son el postre de la vida. Alguien ha dicho que la relación con un nieto es lo más cercano a un amante prohibido. Se gozan plenamente los momentos de estar juntos y no se paga el costo de la cotidianidad.

En “el arte de ser abuela” Lupe le envía cartas  a cada uno de sus nietos y les cuenta historias y anécdotas de la familia, pero también aprovecha para platicarles sobre diversos temas de historia, arte, política, literatura; con la agilidad y la gracia que la caracterizan.

A la pequeña, pero ya coqueta María, le envía una larga carta sobre la historia de la moda, donde le cuenta los excesos de la emperatriz María Antonieta. Sus cientos de zapatos, plumas, pelucas semejantes a un pastel de “Sanborns”, incómodos corsés y joyas, que la llevaron a imponer la moda en Europa, pero también a que le cortaran la cabeza. Llega a Coco Chanel quien revoluciona el papel de la mujer con una moda sencilla, práctica y muy elegante. Cita las crónica de la Marquesa Calderón de la Barca quien critica la ostentación de la burguesía mexicana de la época. Con su mordacidad, Lupe no deja de recordarnos lo parecida que es a la actual. Todas sus cartas son didácticas ya que por ejemplo en la historia de la moda, cuenta cuándo, quien y donde se inventó la aguja, el dedal o  la maquina de coser.

Mamalú como es llamada por sus nietos, tiene la capacidad de explicar la crisis económica de manera divertida y ágil haciendo la analogía entre la deuda y un queso gruyere. A Tomás le cuenta sobre el muro de Berlín y su histórica caída comparándolo con el largo muro que el niño construye con su “Lego”.

Los temas abordan hasta su laicidad que la lleva a platicar del papel de la iglesia en la historia de México con sus curas tradicionales como el padre Pérez del Valle, quien tapaba el proyector durante los besos en las películas, hasta la guerra de Reforma y el triunfo de Juárez.

Dejaría de ser Lupe si no le dedicara a su nieto Tomás la historia del PRI y su regreso al gobierno a través de una analogía con los más temibles dinosaurios.

A Elenita Poniatowska le dedica el texto sobre Madame Durand, el colegio maternal y de primaria más exclusivo de México al que asistieron los tres hijos de Lupe en compañía de todos los apellidos que “brillaban” en aquellas épocas. Los Azcárraga, Peyrlongue, Legorreta, Redo. Habla del nivel de excelencia de la escuela, aunque también reconoce con autocrítica, lo snob, pretencioso y elitista del plantel.

El libro esta salpicado de estampas y fotografías que serían dignas de ser reseñadas en sus crónicas “los trescientos y algunos más” por el columnista de la sociedad mexicana, mi padre, el Duque de Otranto.

Nos deleita con los 69 consejos que le envió su abuela días antes de casarse; inconcebibles para las jóvenes de hoy. “Cuidar que las medias no estén corridas”, “el esposo no debe vernos con la cara untada con crema o con la nariz brillante”. “Nunca se lave los dientes frente al marido” o “ No haga escenas de celos si el confiesa una pasión pequeña y pasajera”. Hasta “al colgar el traje de su esposo, que Dios la guarde de hacer la raya a distancia de dos centímetros de la línea habitual”.

Lupe también elabora su propia lista de consejos para el hombre como “cuando llegue a su casa no se ponga a leer los periódicos” o “evite que su mujer lo vea mucho tiempo en pijama y pantunflas”

“El arte de ser abuela” también contiene juegos, adivinanzas, recuerdos, tarjetas postales y un CD de cri- cri.

Es un libro que se debe leer y leérselo a los nietos.

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