Queridos nietos:

Así como fui, por instrucciones de los tres, portadora de su respectiva carta para Santa Clos, así les pido que entreguen esta misiva a uno de los Reyes Magos. Gracias a su intervención, tal vez, me presten un poquito más de caso que otros años. Por otro lado, temo que sigan ofendidos con su abuela por las cosas que he escrito a su respecto. Hace algunos años, osé decir que los Reyes Magos no eran tres, ni eran reyes, ni que estuvieron en el pesebre, ya que la Biblia jamás menciona la palabra “magos” ni el número 3, ni tampoco menciona sus nombres. En otra ocasión, concluí que debido a la diferencia de sus respectivas ideologías (PRI, PAN y PRD), lo más probable es que estarían enojados entre sí y que por lo mismo su magro presupuesto había tenido que dividirse entre tres, lo cual hacía prácticamente imposible satisfacer las expectativas de las y los niños mexicanos. Pero seguramente la que más los ha de haber enfurecido de todas mis ocurrencias, fue la que me atreví tener el año pasado, al dirigirme a tres súper reinas magas, segura de que ellas, pertenecientes al género femenino, sí harían todo por cumplir mis deseos.

El Rey Mago que más me preocupa respecto a la opinión que pueda tener de su abuela, es Baltasar. A pesar de que es el más joven, es el más cascarrabias de los tres, pero sobre todo, es sumamente rencoroso. No sabe perdonar. Tengo entendido que cuando se enoja, sus hermosos ojos azul violeta echan chispas y se vuelven rojos como los leños encendidos de su chimenea. No sé dónde leí que como era un gran astrólogo, supo cómo adueñarse de la estrella que los había guiado hasta Belén, gracias a la cual, ahora es un rey multimillonario, al grado de que ha estado varias veces a punto de encabezar las listas de la revista Forbes de los hombres más ricos del mundo; si no ha aparecido es porque Melchor y Gaspar le han suplicado que no aparezca su nombre por miedo a un posible secuestro. Es tan rico, pero tan rico, que no faltan las malas lenguas que aseguran o que lava dinero, o bien que es socio de un jeque árabe dueño de muchos pozos petroleros.

Queridos nietos, no obstante el carácter tan explosivo de Baltasar, les pido que por favor le entreguen a él mi carta, porque dada su fortuna tan colosal, a diferencia de los otros dos Reyes Magos, él sí tiene con qué responder a mis demandas. Sé que están curiosos, curiosísimos por saber qué pido en mi carta. En esta ocasión, no le pediré cosas ni para mí ni para ustedes, ni para sus papás ni mucho menos para sus tíos. ¿Saben qué le pido? Medicinas, toneladas de medicinas para nuestro país que está extremadamente enfermo. Como saben, primero le diagnosticaron un catarrito, y ahora resulta que tiene una pulmonía terrible. Para colmo de males, nietos bonitos, fíjense que sus riñones ya no le responden, además presenta tumores en diversas partes de su organismo y el corazón padece de arritmia. Dicen los doctores que en un caso como el suyo, habría que tomar una combinación de medidas, desde cirugía hasta quimioterapia. Pobrecito México, porque hacía años que no había estado así de grave.

¿Verdad niños que no podemos dejar que nuestro país se enferme de más en más? ¿Verdad que no podemos permitir que se muera de septicemia, una enfermedad terrible caracterizada por una infección generalizada de la sangre? ¿Verdad que entre todos nosotros, entre niños, jóvenes, adultos, abuelitos y abuelitas de México lo tenemos que salvar absolutamente? Lo que me da pavor es que el jefe de los médicos, que se llama el Dr. Felipe Calderón y los demás galenos, se sientan rebasados por su ineptitud y que no puedan salvarlo. Me da pavor que tomen decisiones totalmente descabelladas. Pero lo que me da más pavor, es que no se den cuenta no nada más de su mal físico, sino del espiritual, es decir del estado tan deteriorado en que se encuentra su alma. ¿Cómo explicarles a estos médicos que México también está enfermo del alma? De allí que piense que lo único que puede salvarlo, además de las medicinas, es un poder ¡¡¡mágico!!! Un poder que seguramente sí tiene Baltasar y que tiene que ver con el amor. ¿Ahora entienden por qué es importante que le entreguen a él la carta?

Entregar a mano la misiva no es nada más su misión, queridísimos nietos; para poder curar a nuestro enfermo, ustedes también tienen que pedirle algo muy especial a Baltasar. Le tienen que pedir mucho amor para su país. Si realmente quieren salvarlo, tienen que crecer queriéndolo y cuidándolo mucho. Si realmente lo quieren ayudar, primero lo tienen que conocer a fondo, tienen que descubrir su historia, cuáles son sus costumbres y sus tradiciones. Tienen que saber qué es lo que le gusta comer, pintar y recitar. En otras palabras, lo tienen que valorar y respetar. ¿Se dan cuenta de que este es el único país que tienen? ¿Verdad que si todas las y los niños, los papás y los abuelos de México pidieran este 6 de enero, amor para su país, comenzaríamos el año curándolo aunque sea un poquito? No se olviden darle un beso a Baltasar de mi parte.

Amorosamente, su abuela.

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