Querido bisabuelo Juan Antonio:

Ésta es la primera vez que me dirijo a ti y créeme que lo hago con un enorme respeto y orgullo. Te confieso, no obstante eras abuelo de mi padre, que desconocía cuán cercano eras al presidente Benito Juárez. Es cierto que mi primo, tu bisnieto, el doctor Manuel Cárdenas Loaeza ya me había contado acerca de esta amistad, pero no fue sino hasta que tuve acceso a cuatro cartas y cuatro documentos, todos ellos originales y firmados por mano ya sea del gobernador de Oaxaca o del presidente interino constitucional de Estados Unidos Mexicanos. Cuando mi hermana Enriqueta, guardiana desde hace mucho tiempo de dicha documentación, la puso entre mis manos, de pronto el corazón me dio un vuelco, estaba sosteniendo el mismo papel en el que don Benito Juárez te había escrito con tanta cordialidad. No lo podía creer. Lo mismo le sucedió a Enrique, mi marido, cuando se las mostré. Después de que leyó con absoluta reverencia cada una de las misivas, me dijo emocionado: “Ahora quiero más a la bisnieta del amigo de Juárez que antes”. Ya te imaginarás lo orgullosa que me sentí. Pero vayamos al grano, antes de comentarte el contenido de las epístolas, hagamos lo propio con los “despachos”. El primero data del 12 de agosto (día de mi cumpleaños) de 1857, firmado por Juárez cuando era el gobernador constitucional y comandante general del estado de Oaxaca. En él te nombra segundo escribiente de la Tesorería general del estado con “la dotación de treinta pesos mensuales que le designa la ley citada”. Dos años después, en 1859, “en atención a la aptitud, sanas ideas y buenos antecedentes del joven estudiante de medicina”, te nombra ayudante segundo del Cuerpo Médico Militar con un sueldo de 45 pesos. Este nombramiento, además de Juárez, lo firma asimismo Melchor Ocampo. El tercer documento tiene fecha de diciembre de 1861, un mes antes de que las escuadras inglesa y francesa llegaran a Veracruz. En este reconocimiento por haber combatido los años 58, 59 y 60, Juárez te hace comandante de Batallón por tu “acendrado patriotismo y abnegación del ciudadano que tuvo la gloria de salvar a su patria en que por cuarenta años la tuvieran las clases que se han creído privilegiadas en la República”. Ay, bisabuelo, si supieras cómo la tienen ahora las mismas clases… En el cuarto documento, firmado por Juárez cuando ya era presidente interino constitucional, te hace ayudante del Cuerpo Médico Militar con un sueldo de 66 pesos y 90 centavos.

Pero sin duda lo que más me impresionó de toda la documentación que me entregó mi hermana, fueron las cartas. Es curioso que las cuatro estén fechadas en 1867, es decir el mismo año del fusilamiento de Maximiliano. Escritas en una caligrafía preciosa y con tinta color sepia. Todas empiezan diciendo “mi estimado amigo”. En la que está fechada el 29 de mayo, se refiere a la petición que le haces de unos amigos Robinson y Hall. Para esas fechas, Maximiliano, Miramón y Mejía ya habían sido trasladados al ex convento de Capuchinas. Incomunicados como estaban no tenían ni idea de que ya se estaba organizando e instalando el Consejo de Guerra. Tampoco sabían que la princesa Salm Salm, esposa de un militar que vino a México con Maximiliano, estaba haciendo todo lo posible para que el emperador pudiera huir. Dime bisabuelo, ¿llegaste a conocer a esta neoyorquina guapísima? Ha de haber sido una mujer muy valiente. Incluso fue a ver a Benito Juárez para suplicarle que no fusilaran a Maximiliano. Pero el Presidente le dijo que no le podía conceder su petición, pero que no se preocupara por su marido, que él no iba a ser fusilado. La princesa se arrodilló ante sus pies, suplicándole por la vida de un hombre que podía hacer mucho bien en otro país. Y fue cuando el presidente Juárez le dijo: “Me causa verdadero dolor, señora, el verla así de rodillas. Mas aunque todos los reyes y todas las reinas estuvieran en vuestro lugar no podría perdonarle la vida. No soy yo quien se la quitó, es el pueblo y la ley que piden su muerte; si yo no hiciese la voluntad del pueblo, entonces éste le quitaría la vida a él y aun perdería la mía también”. Ay, bisabuelo, qué temple y visión tuvo siempre el presidente Juárez. Por eso hoy, que se cumplen 200 años de su nacimiento se le harán tantos honores. Pero volvamos a las cartas. A las suyas dirigidas a ti. Tres días antes de que ejecutaran a Maximiliano, Juárez te escribe una carta para felicitarte por tu matrimonio con mi bisabuela, Emilia Vargas, “a la que en efecto conozco porque fui presentado a ella en el baile con el que se me obsequió cuando estuve en Durango. Doy a usted las gracias, lo mismo que a su señora por la fina atención que han tenido en participarme su matrimonio, en el que les deseo todo género de felicidades. Ya le escribí a mi familia (que estaba en Nueva York) para participarles de este suceso…”.

¿Cómo es posible que en esos momentos de tanta tensión y preocupación por parte del presidente Juárez, todavía tuviera cabeza para escribir una carta de felicitación a su amigo? Qué orgulloso se ha de haber sentido el joven matrimonio Loaeza cuando recibió esta carta. ¿Qué te decía mi bisabuela? ¿También ella era muy juarista? ¿Qué comentaban respecto al inminente fusilamiento de Maximiliano? ¿Qué decía la bisabuela de Carlota? ¿Acaso hablaban de las infidelidades de Maximiliano?

En la carta de noviembre 19 del mismo año, Juárez te dice que ya se dictaron las medidas convenientes para atajar los escándalos de ese estado (Durango) y suponía que para esa fecha estarían en esa ciudad las fuerzas de infantería y caballería que debieron de haber salido de Zacatecas desde hacía algún tiempo “y espero que el buen sentido de la población apoyará las determinaciones del gobierno”. En la última que tengo en mi poder (porque sé que mi hermana tiene varias más) acusa recibo de tu carta del 10 de diciembre y te comenta que tendrá presentes tus indicaciones, “por acá todo marcha bien”, escribe antes de despedirse. ¿Cuáles habrán sido tus indicaciones? Ay, bisabuelo, ¿a poco le dabas indicaciones al presidente de la República? ¡¡¡Y qué presidente!!!

Qué orgullosa estoy de la familia Loaeza porque también tus hermanos Domingo y Francisco participaron en la Batalla de Puebla. Ellos también son héroes como tú. ¿Te das cuenta de que si no se hubieran casado tú y mi bisabuela, yo no estaría en estos momentos escribiéndote esta carta? Hubiera sido una lástima…

Me despido de ti con el corazón henchido de orgullo y te agradezco todo lo que hiciste por la patria. ¡Viva Juárez! ¡Viva el doctor Juan Antonio Loaeza! ¡Viva mi bisabuela! ¡Viva México! Te prometo que mostraré estas cartas a tus dos choznos Tomás y María.

Tu bisnieta, Guadalupe.

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