Muy querido Tomás:

Hoy, Tomás, el sol amaneció particularmente amarillo y brillante. Todo en el jardín en Tepoztlán tiene un brillo muy especial, se diría que un avión enviado por las autoridades del cielo arrojó, desde muy tempranito, toneladas de diamantina. ¿Sabes lo que es la diamantina, Tomás? Es un polvito de plástico vidriado de todos colores; cualquier cosa que rocíes con esta materia pulverizada, en un dos por tres, se convierte en un objeto deslumbrante. Me pregunto si tus ojos azules no tendrán miligramos de diamantina. ¡Brillan tanto!

Hoy, Tomás, cumples seis meses; medio año; 182 días y 26 semanas. Tu cumplemeses cayó justo en domingo; pero no en cualquiera, sino en Domingo de Ramos. Estoy segura de que cuando seas más grande y empieces a ir al colegio, el domingo será tu día predilecto de toda la semana. Mientras tanto, permíteme regalarte los míos que me faltan por vivir. Son tuyos. Incluso si alguno que otro resulta un domingo medio triste, medio melancólico o medio aburrido. ¿Tú crees, Tomás, que si uno vive dos domingos a la vez se podría descansar y divertir doblemente?

Hoy, Tomás, te extraño más que el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, el viernes y el sábado de la semana pasada. También te extrañan el jardín y las flores de esta maravillosa casa que rentamos a los benditos dueños. Te extraña Carlita, la nieta de doña Kika; te extraña Enrique, el doctor que hoy domingo se puso sus bermudas de mezclilla con su camiseta blanca estilo chofer italiano. Te extraña tu tía Lolita que está en Valle de Bravo ayudando a crecer a muchas orquídeas y recordándole cada dos minutos a Carlos, su novio, cuánto lo quiere. Te extraña tu tío Diego que acaba de cumplir 31 años, los cuales recibió con los brazos abiertos. Y te extrañan los cerros de Tepoztlán rociados también por toneladas de diamantina.

Hoy, Tomás, amanecí con una sonrisa en los labios. ¿Por qué? Porque soñé contigo. Soñé que de tu chupón, ése tan bonito que te compró tu mamá, salían muchos pescaditos dorados. Qué extraño, ¿verdad? ¿Qué querrá decir mi sueño? Lo más curioso de todo es que se te había caído en la taza del baño y yo hacía todo lo posible por recuperarlo. No lo lograba. Se me resbalaba de las manos. Pero afortunadamente, no llorabas. Tú estabas paradito muy cerca de mí observándome cómo hacía lo imposible por atrapar tu chupón. Ahorita, ahoritita lo saco. Tenme un poquito de paciencia, te decía en tanto metía mis dos manos en el WC, como dicen las puertas de los baños en las fondas. Ay, Tomás, qué trabajo me daba atrapar ese chupón entre tantos pescaditos anaranjados. Finalmente lo lograba. Hay que hervirlo para que se desinfecte, te dije como una abuela responsable. Juntos íbamos a la cocina. Juntos buscamos una ollita, juntos la llenamos de agua, y juntos le introdujimos tu chupón. El agua hirvió; glu, glu, glu, hacían las burbujas. Los dos estábamos divertidísimos viendo cómo hervía el agua y flotaba tu chupón. ¿Pero qué crees que pasó después, Tomás? Se deshizo tu chupón por completo. De él ya no existía más que el cordón con las bolitas de colores. Y al verlo así te pusiste a llorar. Bubububuuuu, hacías tristísimo. Llorabas tanto hasta que me hiciste llorar. También hiciste llorar a doña Kika, a Carlita, su nieta, a don Fabián y hasta a los dos perros que siempre tienen encerrados en la azotea los hiciste llorar. Bueno, para no hacerte este sueño tan largo, Tomás, ¿qué crees que hice? Me fui al mercado y allí te compré un chupón en forma de estrella. Estaba precioso. Cada pico tenía un sabor distinto: tamarindo, guanábana, piña, mango y limón. Tú lo chupabas y lo chupabas con un gusto increíble. Yummmmmm, hacías al saborearlo. De nuevo estabas feliz. Me hacías unas sonrisas tan maravillosas que te tomaba a besos. Estaba a punto de darte el ochentavo beso, cuando de pronto desperté pensando en ti y feliz de la vida por haber solucionado el problema de tu chupón.

Por último, mi queridísimo Tomás, quiero decirte que Enrique, Lolita, Diego y yo te compramos un regalo muy bonito por tu cumplemeses. Te lo enviamos con Lili, la cuñada de Enrique que vive en San José y que seguramente llamará a tus papás el mismo lunes para ponerse de acuerdo para que vayan a recogerlo. Mientras tanto recibe todo el cariño de tu abuela. Dales de nuestra parte muchos besos a tu papá y a tu mamá. Salúdanos a todos tus amiguitos, los de peluche y los de verdad. Cuídate y cuida mucho a tus papis. Te queremos y te enviamos, desde aquí, por tus primeros seis meses de vida, montañas de pétalos de buganvilias y 365 chupones con forma de estrella.

Tu abuela y Enrique.

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