Hoy, día de las madres, quiero hablar de las abuelas, del privilegio que significa ser mamá grande, como solía llamar a la mía. En rigor estricto este texto se debería de llamar “El arte de ser abuela”, parafraseando el libro de Víctor Hugo titulado El arte de ser abuelo. Y vaya que es todo un arte, el cual requiere compromiso, responsabilidad, pero sobre todo, de una actitud amorosa y tierna. En lo que a mí se refiere, nada me ha sido más fácil que el haberme convertido en abuela. Me encanta ser, sentirme y actuar como abuela. Nunca imaginé que tenía en mí tanta disposición para ser abuela las veinticuatro horas del día, de ahí que piense que es el mejor rol que me ha permitido la vida ejercer.

Me pregunto si las y los nietos llegan a sentirse igualmente gratificados por el hecho de ser nieta o nieto. Tal vez ellas y ellos lo vivan con mucha naturalidad. Basta con llegar a este mundo, para cerciorarse de si tienen o no abuela. Qué tan importante ha de ser tener una abuela que hasta existe la expresión muy mexicana que dice: “No tienes abuela…”, por decir, “ya ni la amuelas…”. Por otro lado, no es bueno ser: una abuela molona, una abuela que hostiga, una abuela metiche, una abuela demasiado besucona, una abuela imprudente, una regañona y una abuela… que no tiene abuela…

Hoy por hoy las abuelas “posmodernas” son increíblemente participativas, divertidas, generosas y hasta chistosas. ¿Por qué? Porque disfrutan ser abuelas; disfrutan a sus nietos y porque no hay nada que disfruten más que jugar con ellos, platicarles, consentirlos, llevarlos al cine, ir por ellos al colegio, llevarlos a comer a McDonald’s, llamarles constantemente por teléfono desde su celular y celebrarles todas las fiestas del año. La verdad es que tener una abuela con tan buena voluntad resulta para los nietos, tanto en lo emocional como en lo intelectual, muy enriquecedor. Porque así como aprendemos de los nietos, ellas y ellos también aprenden mucho de la abuela, sobre todo si ésta es imaginativa, creativa, si le gusta leer y, por añadidura, tiene sentido del humor. Por lo general estas abuelas “buena onda” nunca regañan, al contrario, son pacientes, comprensivas, pero si en algún momento dado sienten que tienen que corregirlos, lo hacen con tanto cuidado y respeto, que sus nietos ni sienten que están siendo corregidos. Siempre traen muchas fotos de ellos, enmicadas para que no se maltraten, en su bolsa y las presumen a todo el mundo. “¿Verdad que están diviiiiiiiiiinos?”, preguntan con una satisfacción e intensidad verdaderamente indescriptibles.

Existen muchas categorías de abuelas; hay unas que resultan insoportables, éstas son las que quieren imponerse absolutamente y las que son muy susceptibles. No saben manejar el menor rechazo ya sea por parte de la nieta o del nieto. Si por ejemplo, alguno de ellos se rehúsa a saludarla de beso, ya sea porque está viendo la tele o hablando por teléfono, entonces hacen unos dramas pavorosos y juran y perjuran que es por culpa de la nuera o del yerno. “Seguro, le hablan mal de mí y constantemente me critican frente a ellos”, piensan con un nudo en la garganta. Las que son igualmente insufribles son aquellas que se pasan todo el tiempo tratándolos de educar: “¿Ya te lavaste las manos?” “¿Cada cuándo te lavas los dientes?” “Ay, niña, ¿por qué siempre usas pantalones?” “¿Por qué manejas tan mal los cubiertos?” “¿Por qué su mamá no les da de comer más verduras?” “No mastiques con la boca abierta”. “No, esta vez no les traje regalos porque no los quiero mal acostumbrar”, etcétera, etcétera.

Decíamos que había muchos tipos de abuelas. ¿Por qué no tratar de describirlas, de imaginarlas y, a la vez, de rendirles un pequeño homenaje el día de hoy?

Abuela conservadora. Esta abuela se escandaliza de todo lo que hacen sus nietos adolescentes; se escandalizan por la hora en que regresan de las fiestas, se escandalizan por su vocabulario, por la forma en que se visten, por lo que platican entre ellos y por cómo se relacionan con sus padres. Si alguno de ellos comenta en la mesa, con toda naturalidad, que tiene un amigo gay, esta abuela se escandaliza y en un tono muy solemne dice cosas como: “Yo creo que es el peor castigo que pueda mandar Dios a unos padres. Yo jamás hubiera permitido que tu papá tuviera un amiguito con esa desviación…”. Ésta es la típica abuela que pasa a buscar a sus nietos todos los domingos para ir a misa: “Pon atención a lo que dice el padre”, les sugiere una y otra vez. Es evidente que este tipo de abuela no puede estar tan cercana a sus nietos, sus prejuicios y su conservadurismo no harán más que alejarlos.

Abuela cursi. Por lo general esta categoría siempre se dirige a sus nietos en diminutivo. A pesar de que algunos de ellos ya son adolescentes, los sigue tratando como si fueran niños. Todo el día les cantan las canciones de Cri Cri o les proponen jugar a “las sillas musicales” o a las damas chinas. No obstante las nietas se visten en Zara y ya tienen novio, estas abuelas continúan comprándoles vestidos de tira bordada. Siempre que va a verlos, lleva su cámara fotográfica y quiere tomarse fotos con ellos abrazándolos, o en medio de todos sus peluches. Las que son divorciadas, tienen novio y por añadidura se sienten jovencísimas, les preguntan a sus nietas en tono de complicidad cosas como: “¿Quieres que tu abuelita te platique de su nuevo galán?” “¿No me quedan muy apretados estos pantalones que me compré en Frattina?” “¿Verdad que tienes una abuela que se ve más joven que tu mami?” “A ver, ¿cuántos años crees que tengo?” Las viudas preguntan: “¿Por qué no me presentas el abuelo de una de tus amiguitas que esté viudo?” Estas abuelitas, por lo general, dan pena ajena y entre más quieren ser amiguitas de sus nietas, más patéticas se ven…

Abuela amargada. No hay nada más triste que una abuela amargada. Una abuela que todo el día se esté quejando del abuelo; que si está enfermo de la próstata, que si no le alcanza con su pensión, que si fue un hombre fracasado… Una abuela que se pasa el tiempo comparando a los nietos entre sí, poniéndolos unos contra los otros. Una abuela racista que hace comentarios desagradables respecto a la tez morena de su nieta: “Mira, chula, tú no saliste a nuestra familia; más bien saliste a la familia de tu papá”. Una abuela que cuando cuida a sus nietos, se dedica a ver la televisión o a hablar horas por teléfono; una abuela que critica a la otra abuela; una abuela competitiva que está constantemente en competencia con la otra abuela; una abuela que fuma constantemente haciendo que sus nietos aspiren el humo; una abuela que no se arregla y que cuando llegan a visitarla todavía se encuentra en bata y una abuela a la que no le da la mínima ilusión sus nietos.

Pobrecitas de estas abuelas tan “mala onda”, porque no saben de lo que se pierden pudiendo ser buena abuelas. No obstante, también a ellas les deseo el día de hoy, ¡muchas felicidades!

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