Veinticuatro horas después el siempre joven Peter Pan, recibió la contestación de su carta, de su novia-madre Wendy.

Hoy, Kensington Gardens, Londres de este año…

Mí querido Peter Pan:

Mucho agradezco tu carta que me llegó exactamente en el momento en que me entero que, además de tu fama como mito de la literatura infantil, resulta ahora que tu deseo loco de la eterna juventud y tu celebérrimo nombre le ha dado a la psicología el término perfecto para describir a aquellas personas que ya creciditas, se resisten a madurar. Pues ¿qué crees, Peter? Dicen los especialistas que todas aquellas personas que consideran, como tú, que crecer es algo aterrador, horroroso, atroz, insoportable, espantoso e inaceptable, sufren de lo que los psiquiatras han llamado síndrome de Peter Pan. Este mal, según dicen, afecta a no pocos habitantes del planeta. Aunque ese síndrome también se encarna en la mujer, por alguna razón parecería que los hombres son más proclives a sufrirlo. Tal vez porque la mujer se ocupa del cuidado de los hijos, lo cual nos lleva al dilema Wendy, que te explicaré más adelante. El caso es que el síndrome de Peter Pan se ha convertido en casi una enfermedad social que se manifiesta de diferentes formas: el que no quiere terminar de madurar, que no puede tomar la decisión de despegarse de la casa paterna cuando ya es tiempo de hacerlo, que no sabe y no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre, sufre del síndrome. Aquel que, aunque lleva una vida profesional exitosa y de gran responsabilidad, en su vida personal se sigue portando como adolescente o como niño grande, es decir, egocéntrico, irresponsable y ávido de la última diversión, sufre del síndrome. El hombre que no se responsabiliza, no se exige a sí mismo y requiere de mimos constantes porque sufre de soledad, es víctima del síndrome. He aquí otros síntomas: la necesidad de atención, que obtienen a base de caprichos, falta de compromiso en sus relaciones emocionales y falta de madurez afectiva. A estos personajes les gusta vestirse con prendas como botas de cowboy (¿a qué personaje político te recuerda?), camisetas de su equipo favorito de futbol y hablar con los coloquialismos que utilizan sus hijos. En algunos casos no alcanzan una madurez sexual, permanecen como niños. Por lo general establecen una relación muy cercana con su madre y cuando se casan, esperan que su esposa se comporte muy maternalmente, es decir exactamente igual que su mami. Aquí es donde entro yo, mi querido Peter, representando el dilema de Wendy. Te lo voy a explicar. Muchas mujeres creen haber encontrado la forma de demostrar su amor a sus parejas, desempeñando el papel de madres. Pero de pronto se dan cuenta de que el rol maternal adquirido alienta en sus compañeros conductas inmaduras. El problema se les presenta cuando quieren cuidarlos y protegerlos sin caer en la trampa de comportarse como una madre, y es ahí cuando se enfrentan con un dilema: el complejo de Wendy. En el cuento, yo hago de madre tuya en el País de Nunca Jamás (donde por cierto ya sabes a quién le encanta vivir…). Procuro protegerte de tus conflictos interiores, satisfago todos tus caprichos y me compadezco de tu debilidad emocional. Aunque expreso un desencanto por tu inmadurez, siempre procuro evitar cuidadosamente cualquier enfrentamiento o reproche. Pienso que todos los hombres tienen, al menos, un poquito de tus características….al fin y al cabo, eres un tipo simpático y casi todas las mujeres han amado a uno como tú….aunque ninguna haya podido soportarlo.

Aquí hago un paréntesis para contarte que hay un personaje llamado Michael Jackson, al que los estudiosos de este síndrome consideran como el Peter Pan más característico que hay. A los 46 años de edad, se rehúsa a ser un adulto. Siempre está rodeado de niños, tiene un chimpancé como mascota que se llama Bubbles. Tiene un enorme rancho cerca de Santa Ynez, California, nombrado como tu país: Neverland (País de Nunca) que incluye un zoológico, rueda de la fortuna, montaña rusa y maquinitas de videojuegos. Usa el pelo largo y siempre está vestido de una manera muy estrambótica. Él es, por supuesto, una pésima caricatura de Peter Pan, ya que ha utilizado esa imagen para fines perversos y criminales. Pero volvamos a nuestro tema de las parejas Peter Pan-Wendy.

La pareja es un asunto de dos y no de uno solo y el grado de entendimiento y de acople tiene mucho que ver con las características de la Wendy que convive con Peter Pan. Por ejemplo, si el hombre es inmaduro y su mujer tiene las características Wendy, será una pareja compatible. Si al contrario, ella no las tiene, será una pareja incompatible. Asimismo, si la mujer Wendy tiene un compañero que no tienen características Peter Pan, poco tiene que hacer con él. Claro que no existen fórmulas universales pero es muy frecuente reconocer parejas en las que el hombre es un habitante del País de Nunca Jamás y aunque la mujer lo acompañe de vez en cuando a ese país para cuidarlo y protegerlo, siempre procura regresar a la realidad aunque no lo logre. El problema surge cuando ella quiere seguir creciendo por su lado.

¿Tú sabes, Peter, por qué James M. Barrie nos imaginó? El caso de nuestro autor es excepcional en el sentido que su arte coincide con su vida. Para otros autores, la imaginación y la fantasía eran elementos de evasión, del dominio de los sueños pero, curiosamente, para Barrie el loco deseo de no querer crecer se convirtió en una realidad. Mira, él nació a finales del siglo XIX en Kirriemuir, Escocia, en el seno de una familia numerosa y feliz. Sus padres alentaron en sus hijos todas las formas de ambición intelectual. Pero cuando James cumplió seis años de edad, perdió a su hermano mayor, David, de trece años y el más brillante de todos en un accidente mortal, patinando sobre el hielo. La madre se hundió en un profundo dolor y una depresión que la obligó a encerrarse en su cuarto sin salir, ignorando el cuidado de sus hijos. Un día que el pequeño James se encontraba solo y abandonado, una hermana le aconsejó que tratara de consolar a su mamá. Así contó el episodio: Toqué a la puerta y una voz inquieta preguntó: “¿Eres tú?”. Yo me imaginé que ella se dirigía a mi hermano muerto y con una voz débil y tímida le dije: “No, no es él, soy solamente yo”. Enseguida oí un grito, mi madre se incorporó sobre su lecho y a pesar de la oscuridad, vi que me extendía los brazos. De ahí que Barrie se sintió en la obligación de consolar a su madre tratando de parecerse a David lo más posible. Se ponía su ropa, chiflaba como él y se le fijó la idea de nunca crecer ya que se creería la versión viviente del hijo quien, al morir, conservaría su juventud para siempre. Cuando yo era un adulto, mi hermano seguía teniendo trece años, escribiría más tarde.

Parece ser, Peter, que sólo se sentía cómodo entre niños. Hizo amistad con muchos niños, entre ellos una jovencita llamada Margaret a quien llamaba friendy, que luego se redujo a fwendy y luego a Wendy, por eso me llamo así. También tuvo una relación que duró toda la vida con los cinco hijos de la pareja formada por Arthur y Sylvia Llewelyn Davies. Pasaba horas con estos pequeños varones –uno de ellos se llamaba Peter–, a los que adoptó una vez que sus padres murieron y quienes fueron los primeros en conocer al inquieto Peter Pan. Barrie no sólo imaginó tu historia mientras jugaba con sus amigos menores, sino que, mientras la escribía, leía para ellos cada página que producía.

A pesar de ser de un carácter de soltero, ¿lo puedes creer, Peter? ¡Se casó! con la actriz Mary Ansell en 1894 y, claro, pronto se divorció de ella en 1910. La pareja no tuvo hijos y se especula que la unión nunca se consumó (dicen que era virgen…), debido a que no era capaz de tratar a una mujer como amante. Muchos dijeron que su fracaso matrimonial también se debió a la influencia de su madre.

Como ves, hijo-novio mío, puesto que así te veo, pues nunca me demostraste ningún otro tipo de interés, eres todo un personaje que mientras haya niños y niños-grandes seguirán disfrutando contigo, volando al País de Nunca Jamás.

Tuya para siempre, de todos los siempres en presente, pasado y futuro, Wendy.

P.D. Se me olvidó decirte que así me gustas, sintiéndote el eterno niñote. No cambies, porque de lo contrario, dejaría de desearte y de soñar todas las noches contigo. I love you…

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