Querida Lu:

El próximo 12 de octubre de, es tu cumpleaños, un año más. Se dice fácil, pero estamos hablando de 365 días con sus noches, de una existencia privilegiada llena de descubrimientos y nuevas enseñanzas. En efecto, desde que naciste has estado de vacaciones en uno de los lugares más bonitos de Valle de Bravo, Estado de México: en Pipioltepec, es decir, en medio de un campo exuberante y tranquilo a la vez. No sabes cómo te envidio. Mientras que tu abuela vive en la ciudad más grande del mundo, en medio de un tráfico atroz, con apagones de luz, riesgos de quedarse sin agua, con pavor de que un día le roben su coche y por si fuera poco, con una contaminación de aire y de ruido apabullante; tú en cambio, mi querida nieta, te despiertas por el trino de los pájaros y el quiquiriquí de uno que otro gallo que anda por allí, muy cerquita del pequeño río que bordea tu casa. Una vez que tu madre te ha dado de desayunar tu deliciosa avena con pedacitos de manzana (tienes un súper diente que muele como los aparatos de Moulinex todos tus alimentos), cuando abren la puerta de la terraza, sé que con lo primero que tus ojos azules se topan es con una vaca, muchos borreguitos, varias gallinas y muchas mariposas (¿Monarca?). ¡Cuántos animales!, porque claro, también están tus tres perros, los grillos y miles de insectos que cada mañana te esperan para darte la bienvenida a ese paraíso excepcional. Dice tu madre que todos los días sueles extasiarte ante tantas maravillas. Que lo demuestras moviendo alegre e intensamente tus dos piececitos, como si de pronto quisieras correr por toda la extensión del jardín. Corres muy fuerte lo cual te permite desplazarte sin ninguna dificultad por toda la casa y la terraza. ¡Cuánta libertad, pero sobre todo, cuánto contacto con la madre naturaleza!

¿Será gracias a todo este contexto y a los esmeradísimos cuidados de tus padres, que en otro año de vida hayas aprendido tantas cosas buenas? Sin duda. De otro modo, cómo te explicarías tu avidez por descubrir el mundo en el que vives. No hay nada que te guste más que leer tus libros con tu padre, especialmente aquellos que tratan de animales y plantas. Igualmente, disfrutas enormemente los juegos didácticos, como los cubos o los rompecabezas aptos para niños incluso hasta de seis años. “Es que es una niña muy precoz”, me dice constantemente tu madre. Tiene razón. Sin exagerar podría asegurar que a pesar de tu cortísima edad, cuentas con una conciencia, no nada más de tú persona, sino de los demás. Sabes lo que te gusta y lo que te disgusta. Eres una apasionada de la música, escuchas con gran interés desde hard rock, pasando por los Beatles, corridos, boleros, hasta Mozart. Te encanta bailar, especialmente pasodobles con tu abuela. Pero… (siempre hay un pero en la vida) odias que te den de comer en la boca, como si aún fueras un bebé. A la hora de comer, lo que quieres es hacerlo solita, sin la ayuda de nadie. No importa si te cubres completita con la sopa de espinaca que tanto te gusta (mmmmmmm, qué delicia); lo que te interesa es tomar tu cuchara y comer como hacen los grandes. Aunque tu madre lo considera como un imperdonable gesto de rebeldía, a tu abuela le parece como un acto de absoluta independencia y autonomía. ¡Bravo! Adelante, Lu, porque el que persevera alcanza. Ya llegará el día en que comas totalmente sola y con unos excelentes modales sin ensuciar un ápice tu vestido. Ya llegará el día en que aprendas a comer alcachofas, espagueti y hasta ¡caracoles!

Hoy es un gran día, porque además de ser tu cumpleaños, es Día de la Raza. No habrá año en tu vida en que no se celebrará con bombo y platillo en todo el mundo, la fecha en que llegara Cristóbal Colón, un viernes 12 de octubre de 1492, a América a una isla llamada Guanahani. Dicen que ahora es República Dominicana y Haití. En fin, mi queridísima nieta, ya aprenderás todo esto en tus clases de Historia. ¿Te das cuenta de todo, todo, todo lo que te falta por aprender para llegar a ser una ciudadana de bien? Por lo pronto, a partir de ahora, nada más te llevo 64 años. Lo malo es que cada vez te llevaré de más en más años. Eso sinceramente no me gusta. Para compensar esa enorme diferencia de edad que existe entre tu abuela y tú, te invito a que aprovechemos cada minuto que estemos juntitas y disfrutemos de todo corazón nuestra amorosa compañía. Por último, y hablando de fiestas, no te olvides Lupita, que en dos meses exactamente festejarás tu santo, día de la Guadalupana. Otro festejo más que todo mexicano tiene en el corazón. ¡Muchas felicidades al cuadrado…!

Mamalú.

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