Queridos nietos:

Les voy a contar la historia de un rey, que descubrió una forma distinta de conocer y vivir el amor. Es un cuento escrito por dos autoras holandesas que se llaman Linda de Haan y Stern Nijland, publicado por la editorial Serres. Originalmente fue editado en holandés, ha sido traducido posteriormente al inglés como King & King (2002), y al español como Rey y rey (2004); ah, y al catalán como Rei i rei (2004).

He aquí el cuento

Erase una vez una anciana reina, un joven príncipe heredero y una gata con corona que vivían en lo alto de la montaña.

La anciana dama llevaba ya varios años reinando y estaba harta y muy cansada.

Un día decidió que antes del verano el príncipe debía casarse y ocupar el trono.

–¡Despierta! –le gritó la reina–. Tú y yo tenemos que hablar. ¡No puedo más!, ¡tienes que casarte y punto!

El príncipe apartó su desayuno. Se le quitaron las ganas de comer porque la reina hablaba…hablaba…hablaba y hablaba sin parar.

–No sé qué te pasa. ¡Todos los príncipes se han casado menos tú! A tu edad yo ya me había casado dos veces.

La reina siguió hablando hasta la noche y el príncipe, completamente mareado, por fin cedió.

–Está bien, madre, me casaré. Pero no conozco a ninguna princesa que me guste.

La reina se levanto de su asiento y brindó:

–¡Por tu felicidad!

Aquella noche, la reina buscó su lista de princesas y no hubo castillo, ni alcázar ni palacio al que no llamara.

A la mañana siguiente, se presentó la primera princesa, la princesa Aria de Austria, quien interpretó una estridente ópera en honor del príncipe, pero antes de que acabara ya la habían echado.

La princesa Dolly llegó desde Texas haciendo malabarismos y magia (la única que se divirtió fue la gata)… pero la reina y el príncipe se aburrían.

La siguiente fue una sonriente princesa que llegó de Groenlandia, pero no impresionó a nadie.

Después llegó una princesa muy alta y delgada.

–¡Vaya con esos brazos tan largos! Seguro que puede saludar a todo el pueblo –dijo el príncipe.

Pero la princesa llamada Rahjmashputtin, de Bombay, empleó sus largas piernas para salir corriendo del palacio.

La reina y el príncipe se miraron con tristeza. Ninguna de las princesas les habían gustado.

–¡Un momento! –exclamó el paje–. Todavía queda una princesa. ¡Tachín tachín! Les presento a la princesa Magdalena y a su hermano el príncipe Azul.

De pronto, el príncipe se quedó sin respiración y su corazón empezó a latir.

Fue un flechazo. ¡Qué príncipe tan guapo! Y el príncipe Azul comentó lo mismo: “¡Qué príncipe tan guapo!”.

Fue una boda muy especial. La reina lloraba sin parar.

Desde entonces los príncipes viven juntos. Como rey y rey, y la reina por fin pudo descansar.

Anuncios