Por Guadalupe Loaeza

Este año, el slogan de la Feria del Libro de Culiacán organizada por la cadena de tiendas Ley lo decía todo: “El mundo en tus manos”. La sección de libros de la tienda más grande en la capital del estado cuenta, desde hace 20 años, con lectores de todas las edades. Ayer, en el departamento de libros muy amplio y con un surtido que envidiaría Gandhi, en medio de todo tipo de mercancías, tuve el privilegio de presentar el libro Atrevidas, mujeres que han osado frente a un público de 300 personas. Es decir que mientras les hablaba a propósito de la valentía de Elena Poniatowska, a lo lejos veía grandes cartulinas anunciando, en el departamento de verduras, las ofertas del día. Muchas de las presentes llegaban a la conferencia con sus bolsas repletas de tomates verdes, berenjenas y todo tipo de chiles (principales productos que exportan a Estados Unidos). Por mi parte estaba encantada de ver a tantas señoras interesadas en la literatura. Había de todo, maestras y maestros jubilados, amas de casa, odontólogas, abogadas, poetas y muchas jóvenes universitarias. A algunas de ellas las había saludado por la mañana en la Universidad de Occidente, a donde fui a dar una plática sobre mujeres.

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Firmé quién sabe cuántos ejemplares, seguramente fueron muchísimos porque mi mano derecha ya no podía más. Entre dedicatorias de libros y tomas de fotografías, el director general de la Casa Ley, nieto del fundador, me platicaba la historia de su familia. Me hablaba de su abuelo, don Juan Ley Fong, inmigrante chino que puso los cimientos de lo que es ahora la cadena de tiendas de autoservicio más importante del Noroeste. “Llegó en barco a los 11 años buscando fortuna. Comenzó en Mazatlán con una tiendita de abarrotes”, decía muy orgulloso el único hijo, después de siete mujeres, del “Chino Ley”, uno de los 100 empresarios más importantes de México. Con el tiempo, el apellido de Lee se convirtió en español a “Ley”.

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No fue fácil para el “Chino Ley”, primero vendió carbón de leña de puerta en puerta. Después se fue a Guaymas a poner un negocito. En 1910 tuvo que enfrentar la Revolución. En esos años, el “Chino Ley” se convirtió en asistente del general Álvaro Obregón. Cuando Obregón llegó a ser presidente de México, lo invitó a ser el proveedor de los forrajes para su ejército. En la página de la Casa Ley, se lee que “Pocos años después, comités anti-Chinos comenzaron a promover en el norte del país un programa antiinmigrantes. En algunos estados tuvieron éxito y se avocaron a leyes que requerían a todos que el 80 por ciento de sus empleados fueran mexicanos. En otros casos, ganaron una legislación que prohíbe el matrimonio entre chinos y mexicanos. Al mismo tiempo, afiliado a pandillas callejeras acosaban y atacaban inmigrantes con relativa impunidad.

“Bajo ese escenario, Ley Fong regresa a Mazatlán en 1928 y en 1931, conoció a Rafaela López Trejo, con quien se casó poco después.

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“En pleno auge de la campaña contra inmigrantes en Sinaloa, escapó de la deportación -o algo peor- huyendo a un pequeño pueblo del estado de Durango llamado Tayoltita, ubicado en las montañas de la Sierra”.

Ya en Tayoltita, que es un centro minero, nacieron sus 9 hijos, y encontró un trabajo como hortelano de la empresa norteamericana San Luis Mining Company. Después de mucho batallar, finalmente en 1954, Ley Fong y su familia se trasladan a la ciudad de Culiacán. Ya instalado, compró un modesto establecimiento en la parte vieja de la ciudad. En 1970 el “Chino Ley” abrió el primer supermercado. Actualmente la Casa Ley cuenta con 150 tiendas las cuales se encuentran en 40 diferentes ciudades en 12 estados de la República cuya plantilla laboral supera los 22 mil trabajadores.

Leo en el diario Debate que a partir del 3 de enero de este año, la cadena sinaloense adquirió la sucursal de Chedraui ubicada en el bulevar Heroico Colegio Militar. He allí una historia familiar de absoluto éxito.

Una de las cosas que más aprecio cuando tengo oportunidad de viajar por la República Mexicana, para presentar alguno de mis libros, es enterarme de este tipo de logros por parte de las nuevas generaciones de empresarios que vinieron hace muchos años del extranjero y que creyeron en nuestro país. Puedo decir que el nieto, Juan Manuel Ley Bastida, único varón entre tantas mujeres, nacido ocho años después de la última hija de la familia Ley, es un muchacho simpatiquísimo, trabajador, casado con una mexicana y padre de dos hijos pequeños. “Estoy muy orgulloso de mis orígenes. Estoy muy orgulloso de mi abuelo y de mi padre”, dice muy sonriente con sus ojos chinescos.

Por ultimo diré que en ninguna plaza había vendido más de 250 libros en tan solo unas horas. No hay duda, Casa Ley sí fomenta el hábito de la lectura entre las y los sinaloenses.

gloaezatovar@yahoo.com

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