Por Guadalupe Loaeza

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El sábado por la mañana desayuné con un viejo amigo. Al llegar al café Toscano, frente a la Plaza Río de Janeiro, me esperaba mientras leía el periódico. No terminaba de saludarlo cuando me mostró el periódico. Era el diario El País. Sin necesidad de ponerme los anteojos, leí lo que ya sabía: “43 muertos en un tiroteo entre ‘narcos’ y policías en México”. He de decir que publicada esta lamentable noticia en un periódico internacional, y en primera plana, cobraba otra dimensión. Al ver la fotografía, exclamé: “Mira, qué tiradero de cadáveres”. Debajo de un portal de una casa de tipo hacienda y en medio de algunas sillas tiradas, aparecían varios cuerpos bocabajo todos ensangrentados. El contenido de la nota de Verónica Calderón era muy similar a la información que había leído en nuestro periódico respecto a este enfrentamiento entre presuntos narcotraficantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación y policías. La corresponsal termina su reportaje con lo siguiente: “El Gabinete de Seguridad de México ha anunciado que ha destinado la movilización de miembros del Ejército y la Marina a la zona para restablecer la seguridad. Más de 80.000 personas han muerto y otras 22.000 han desaparecido por la violencia del narcotráfico en los últimos nueve años. Los enfrentamientos de Tanhuato, los más graves ocurridos desde el inicio de la presidencia de Enrique Peña Nieto en diciembre de 2012, ocurren a solo dos semanas de que México celebre elecciones regionales para renovar su Cámara baja, casi mil alcaldías y nueve gobernaturas, entre ellas la de Michoacán”.

Resulta realmente vergonzoso que en nuestro país, no nada más haya tiradero de basura, hay tiradero de partes de automóvil, tiradero de pañales usados, tiradero de botellas de plástico, tiradero de trastes inservibles, tiradero de ropa vieja, tiradero de fosas comunes, tiradero de bolsas de plástico con cenizas de asesinados, tiradero de partes humanas, y ahora hay tiradero de cadáveres.

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De allí que no sorprendan las noticias que suelen publicarse en El País respecto a nuestra cotidianidad, todas ellas vinculadas con muertes y más muertes. He aquí títulos de algunos reportajes publicados en el mismo diario: “Detenidos 23 policías en México por la muerte de un candidato alcalde”. “Dos candidatos son asesinados en México en menos de 24 horas”. “Asesinado el alcalde de Tanhuato, Michoacán”. “Una ofensiva del narco en México derriba un helicóptero militar”. “Asesinados un vicealmirante y su escolta en el Estado mexicano de Michoacán”. “La Barca: el pueblo tranquilo al que le han surgido 67 cadáveres”.

Al otro día de la balacera, Luis Pablo Beauregard, enviado del diario español, se entrevistó con el alcalde de Tanhuato, en donde es común que la ley del silencio impere en estos lugares de Michoacán, olvidados por los agentes de seguridad federales. “Tengo 36 policías en el municipio. Para decirlo clarito, hay más muertos en la balacera que policías en el pueblo”, le dijo. Unos días antes del tiroteo, fue asesinado Enrique Hernández, candidato por Morena a la alcaldía del municipio vecino de Yurécuaro.

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Tiraderos de cadáveres por todas partes en: Apatzingán, en Tlatlaya, en San Fernando con la masacre de los 72 migrantes. A todo lo anterior habría que sumar los feminicidios, desde hace 20 años, en Chihuahua y los que han aparecido en el Estado de México. (En relación a Apatzingán, recomiendo leer el espléndido reportaje de Laura Castellanos publicado en el número más reciente de la revista Proceso).

Para terminar me permito transcribir lo que El País publicó el día de hoy: “En Chilapa los carteles electorales anuncian a un muerto. Es un hombre calvo, sonriente y de camisa blanca, que pide orden y paz para el pueblo. Se llama Ulises Fabián Quiroz y, a principios de mes, un comando del narco le apeó de su camioneta electoral y, ante una quincena de seguidores, lo mató de un tiro en la cabeza. Era el candidato del PRI a la alcaldía. Fue el aviso de que en este pueblo de 35.000 habitantes, en el corazón de Guerrero, el Estado más violento de México, la muerte había entrado en campaña”. Líneas abajo dice el reportero, Jan Martínez Ahrens: “En esa atmósfera irreal, las elecciones suenan lejanas. O eso le parece al menos al campesino Bernardo Carreto González: ‘Mire señor, creo que han matado a mis tres hijos, y a mí, por declarar, también me pueden levantar. ¿Para qué voy a votar?’. En Chilapa, en el corazón salvaje de México, las elecciones ya tienen un ganador. Todos, incluidos los muertos, lo conocen bien”.

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Me temo que muy poco antes y después de las elecciones seguirán apareciendo en nuestro país muchos tiraderos de cadáveres.

gloaezatovar@yahoo.com

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