Por Guadalupe Loaeza

La primera vez que voté en mi vida fue gracias a Miguel Ángel Granados Chapa. Cuando le confesé a mis 38 años que nunca había votado, vi cómo empalideció. “Para qué votar si siempre gana el PRI”, le dije desenfadadamente. Volvió a empalidecer. Durante más de una hora me explicó, con toda paciencia, la importancia del voto. “Es un derecho fundamental al que por ningún motivo debemos renunciar”, me decía el que sería, dos años después, autor de un libro titulado, precisamente: Votar, ¿para qué?. Me convenció. Al cabo de unos meses voté por primera vez en mi vida. Recuerdo que cuando puse mi cruz en el cuadrito donde se leían las siglas del PSUM (fue candidato Arnoldo Martínez Verdugo), me sentí mayor de edad. Al hacerlo, tuve la impresión de convertirme en una ciudadana libre, seria y responsable. Esa acción me hizo saborear lo que llaman democracia y el deber de mantenerla como una ciudadana que al votar ejerce su derecho a elegir. Desde entonces no he dejado de votar. Cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó como primer jefe de Gobierno de la Ciudad de México de un partido de izquierda, juraba que el voto que le faltaba para ser el triunfador había sido el mío. Por eso el domingo 7 de junio me despertaré con un espíritu festivo y cívico para poder ejercer libremente un “derecho fundamental” y así contribuir para que gane mi candidato.

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En esta ocasión votaré para la delegación Cuauhtémoc por Ricardo Monreal. Más que por su partido, Morena, votaré por su persona y su trayectoria, así como votaré por el candidato a diputado por el distrito 9, Néstor Núñez. He de decir que el delegado anterior, Alejandro Fernández, me decepcionó. Durante su periodo vi cómo, día a día, se deterioraba la Plaza Río de Janeiro. Por las noches era tan oscura que daba miedo atravesarla. Nunca vi a un policía. Y por el día, tampoco se veía a causa de las bolsas de basura acumuladas por todos los rincones. Nada más llegó Fernández y la fuente dejó de funcionar. Por estos motivos traté de ponerme en contacto con él, pero me fue imposible. A pesar de que tenía su número de celular personal, nunca me contestó. Mi desilusión fue aun mayor ya que había votado por él; por lo cual aprendí que antes de votar debemos conocer más a quien nos quiere gobernar para no decepcionarnos. Desesperados, los vecinos acudían a mí porque pensaban que yo tenía la influencia para ser atendidos. A ellos ni siquiera los escuchaba. Es cierto que la delegación Cuauhtémoc es una de las más complejas porque es la delegación que más giros negros alberga, eso implica corrupción e inseguridad. Como dice Monreal: “En la Cuauhtémoc es inaudito que sea más fácil abrir un giro negro que una librería o un teatro”. Para mí también resulta inaudito que la costumbre sea clausurar negocios que pagan sus impuestos y dan empleo en lugar de quitar a los ambulantes que obstaculizan el paso.

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Es bien sabido que la delegación Cuauhtémoc es la que más vive la tensión entre los vecinos por la prostitución, el narcomenudeo y la falta de supervisión para que no se les venda alcohol a los menores de edad en bares disfrazados de restaurantes. Por otro lado, es la delegación que más oferta cultural y expresión artística ofrece en el Distrito Federal. Allí viven intelectuales, periodistas, profesores, artistas, pintores, escritores, gente de teatro y de las bellas artes. La mayoría es de izquierda y la mayoría ha decidido votar por alguien más comprometido con la cultura. Ése es el fuerte de Ricardo Monreal: “Vamos a hacer de la cultura la marca distintiva de la delegación Cuauhtémoc. Alentaremos ante la UNESCO el registro de zonas arquitectónicas que garanticen su preservación”, afirma el doctor en derecho, ex gobernador de Zacatecas, senador, diputado y autor de nueve obras, como Origen, evolución y perspectivas del federalismo mexicano, entre otras. En relación a las mujeres, el candidato ofrece: “Buscaremos paga igual para ellas, empezando por las empresas proveedoras de la Delegación y nos comprometemos a que el 50 por ciento de los puestos de responsabilidad serán para mujeres”.

Las vueltas que da la vida. Como todos los personajes públicos, Ricardo Monreal tiene contrastes, tiene luces y sombras. Hace unos años, el que es ahora mi candidato fue sujeto de mi crítica (Reforma, 21 de mayo, 2009). Hoy Monreal se convierte en una opción viable para los vecinos de la Cuauhtémoc, que estamos ávidos de un cambio que coloque como prioridad las necesidades de la ciudadanía. Lo escuché (está por la despenalización del aborto y por el matrimonio entre personas del mismo sexo), me inspiró confianza y cambió mi opinión sobre él. Me gustan sus propuestas, pero lo que más aprecio es su enorme voluntad por rescatar la delegación Cuauhtémoc.

gloaezatovar@yahoo.com

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