Por Guadalupe Loaeza

Ayer, Sofía amaneció de excelente humor. “Ganaron los que tenían que ganar y perdieron los que tenían que perder. ¿Será esto la democracia?”, se preguntó en relación a los resultados de las elecciones del 7 de junio. En seguida se corrigió: “El Verde ganó porque el PRI ganó. No, qué horror, ninguno de los dos debieron de haber ganado. Dios los cría y ellos se juntan”, pensó. Sofía no entendía cómo había gente que podía creer en el partido más tramposo y oportunista del que se tenga memoria. Unos días antes de las elecciones, sus dos nietos mayores le comentaron que el Partido Verde era el mejor porque cuidaba a los animales. “Ha salvado a muchos que se morían de hambre en los zoológicos”. Al escuchar lo anterior a la abuela casi le da un síncope. Mientras los tres se comían un helado en Roxy, en Prado Norte, les explicó que todo lo que decía el Verde era puritita mentira.

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“Es un partido ‘patito’; es decir que no es serio. Es un partido que se vende al mejor postor. Es un partido que le toma el pelo a la gente y que lo que menos le interesa, créanme, es el bienestar de los animales. Además el verde es un color horrible. Es el color de los mocos, es el que usan las brujas, como la del Mago Oz. No, niños, por favor, no se confundan…”. Sus nietos la escuchaban perplejos. “¿Y tú, Abu, ¿por quién vas a votar?”, le preguntó su nieto mayor. “En esta ocasión voy a votar por candidatos de la oposición, más no por el partido. Lo que significa que voy a votar por la persona, por lo que representa. Fíjense, niños, que ya todos los partidos son iguales. Dicen y ofrecen las mismas cosas. Ya no les creo. Como siempre, votaré por un candidato de la izquierda; de una izquierda más independiente; en otras palabras no voy a votar ni por el PAN, ni por el PRI, ni mucho menos por el Verde”. Aunque sus nietos no la entendían del todo, les divertía la intensidad con la que su abuela expresaba sus argumentos. “Mi otra abuela va a votar por un candidato de un partido nuevo. Creo que es por un partido que dice ella que se llama Humanista”. Sofía se quedó callada. Era incapaz de criticar a su consuegra con la que tenía muy buena relación. “Lo importante, niños, es ir a votar. No anular su voto. Creo que también habrá casillas para los niños. Pero por favor no vayan a votar por el Verde porque miente con todos sus dientes”. El día de las elecciones, Sofía recibió una fotografía de su nieta de seis años que vive en Valle de Bravo, tomada en el momento de votar. Al verla, pensó que México había cambiado. Que ahora los papás de los niños sí estaban más interesados en las elecciones que antes y que además muchos de ellos, hacían a sus hijos parte de ese interés, lo cual daba esperanzas para el futuro. “Hace un par de décadas a nadie le importaban las elecciones y menos las intermedias”.

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Lo que tenía muy contenta a Sofía era que para este proceso electoral, a pesar de todas las predicciones (hasta las meteorológicas), la ciudadanía sí había respondido. Es cierto que nada más había votado el 41% por ciento de los electores capitalinos que aparecen en la lista nominal, sin embargo, el ambiente de desesperanza que se vive actualmente en el país era como para que no se apareciera nadie a votar. Es cierto, hubo el mismo abstencionismo que en las pasadas elecciones intermedias, pero Sofía pensaba que los que habían ido a votar lo habían hecho con más convicción.

De allí los resultados tan competidos y tan inesperados. Quién le hubiera dicho a Sofía, hace tres años, que un candidato independiente ganaría la gubernatura de Nuevo León, uno de los estados más importantes. Es más, quién le hubiera dicho a Sofía que iba a haber candidatos independientes. Quién le hubiera dicho que un nuevo partido de izquierda, surgido de la izquierda, se llevaría una parte tan importante de los votos. Quién le hubiera dicho que contenderían diez partidos, entre grandes, medianos y chiquitos. Y quién le hubiera dicho que el candidato de su delegación ganaría con tanto margen de diferencia con un partido que apenas tiene dos años de existencia.

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Sofía estaba tan convencida de que había que ir a votar que se pasó desde el domingo por la mañana hasta las seis de la tarde, invitando a sus más de 161 mil seguidores por medio de decenas de tuits para que salieran, bajo un sol espléndido, a emitir su voto. “Ya salí a votar”, contestaban algunos al lado de una fotografía en la cual mostraban su pulgar manchado. Le daba mucho gusto cómo compartían sus tuits con otros cibernautas.

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Sofía intuyó, con su olfato político, que ese domingo de las elecciones traería muchas buenas sorpresas para una ciudadanía más que desesperanzada, ávida por participar en la construcción de la democracia de su país.

gloaezatovar@yahoo.com
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