Por Guadalupe Loaeza

Tanto en la explanada de Bellas Artes, como en el interior del teatro, las notas que salían del violín de Joshua Bell envolvían a un numeroso público rendido ante la virtuosidad del joven violinista y director, desde 2011, de una de las orquestas más prestigiosas de Londres, la Academy of St. Martin in the Fields, fundada en 1958 por Sir Neville Marriner. A pesar de que muchos de nosotros tal vez nunca habíamos escuchado el Concierto para violín y orquesta núm. 1 en sol menor, Op. 26, de Max Bruch (1838-1920), la forma tan prodigiosa con la que Joshua Bell interpretaba la música nos hacía descubrir nuestra propia sensibilidad llevada al extremo. Quizás hasta esos momentos no nos sabíamos tan amantes de la música clásica. A lo mejor hasta se nos había olvidado que al escucharla podíamos sentir, casi físicamente, cómo se elevaba nuestro espíritu. Y todo gracias al maravilloso violín de Joshua Bell. Es cierto que no se trata de cualquier violín, estamos hablando nada menos que de un Stradivarius “Gibson” fabricado en 1713, por el cual Joshua tuvo que pagar 4 millones de dólares. Por eso cuando se lo robaron en dos ocasiones, dos veces se quiso morir hasta que en ambos casos tuvo la fortuna de encontrarlo. Para celebrar tal acontecimiento, participó en una iniciativa ideada por The Washington Post. El 12 de enero del 2007, a una hora precisa, Joshua se instaló en una estación del metro en Washington. Allí tocó su violín a lo largo de tres cuartos de hora. La gente iba y venía pero nadie lo reconocía. Esa mañana solamente recolectó 32 dólares, 20 de los cuales eran de la única persona que lo reconoció. Me pregunto qué hubiera pasado si el violinista hubiera hecho el mismo experimento en la estación del metro Chapultepec.

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No hay duda, la cultura es lo único que nos habla derechito al corazón, la cultura es nuestra mejor aliada, es la que nos acompaña cuando nos sentimos afligidos y es la que nos ayuda a reconocernos como seres humanos sensibles e inteligentes. Por ello, celebré enormemente los 350 millones de pesos que otorgará Hacienda para compensar los recortes presupuestales que ha padecido en los últimos años Conaculta. No en balde un grupo de intelectuales y artistas (708 en total) le dirigieron una carta a la Presidencia de la República, a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a Conaculta, al INBA y a la SEP. Desde el 28 de febrero pasado, Hacienda le había informado a la SEP, de la cual depende Conaculta, que tendría un recorte por 7 mil 800 millones de pesos. “Están desarmando el área cultural. No creo que sea una decisión de ellos (INBA, Conaculta), es una cadena más grande.

Quiero que la carta sea un punto de reflexión para saber cuál es la política real que se aplica”, demandó el escritor Mario Bellatin. Tuvieron que pasar muchos meses para que finalmente Conaculta recibiera el comunicado en el cual se le asignaba un 10 por ciento de su presupuesto total para que se realicen las actividades programadas para lo que resta del año. Entre estos programas se encuentra el de llevar a lo largo y ancho de la República todos los programas culturales que realice Bellas Artes. Es decir, que un concierto como el de Joshua Bell se llevará, con el sistema de streaming, al mayor número de jardines y plazas públicas. Asimismo, se proyectarán los conciertos de las grandes orquestas internacionales, las óperas y los ballets. Hay que decir que los 350 millones de pesos que recibirá Conaculta de ninguna manera se destinarán a gastos administrativos, solamente serán destinados a actividades culturales.

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Imagínense ustedes, queridos lectores, si se mantuviera ese tipo de recortes que había anunciado Hacienda, es evidente que ya no se podría traer a nuestro país a artistas como Joshua Bell, que ya no se podría resguardar monumentos artísticos, ni zonas arqueológicas, que ya no se podría apoyar a la Fonoteca Nacional para la preservación y difusión del patrimonio sonoro de México, por citar algunos ejemplos.

Quiero pensar entonces que el gobierno de Peña Nieto está empezando a entender que nuestro país tiene una oferta cultural como pocos países la tienen. Entre más violinistas como Joshua Bell vengan a México, más alto podremos elevar nuestro espíritu.

gloaezatovar@yahoo.com

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