Por Guadalupe Loaeza

Querido Leonardo:

Hace muchos años vi maravillada, por primera vez en el Museo de Louvre, la obra de arte sobre todas las obras de arte: La Gioconda. Seguramente estás al tanto de todas las especulaciones respecto a la modelo que inspiró tu obra maestra: que si el retrato es de Lisa Gherardini, llamada Mona Lisa, esposa de un acaudalado comerciante de sedas y una figura prominente del gobierno florentino, Francesco del Giocondo; que si era tu vecina; que si tiene una hermana gemela en el Museo del Prado y que si en realidad se trata de un modelo masculino, de Gian Giacomo Caprotti, conocido como Salai (nombre de un diablo, personaje del Morgante de Luigi Pulci), tu compañero sentimental por muchos años. Algunos historiadores de arte de Francia así lo atestiguan; afirman que el rostro de tu San Juan Bautista para el cual también posó Salai, coincide perfectamente con el de La Gioconda. En agosto de 2013 se publicó en grandes titulares de todos los periódicos de Italia lo siguiente: “Mona Lisa, la palabra del ADN. Los investigadores buscan los restos mortales de Lisa Gherardini, la modelo de Leonardo da Vinci”. Desde la primavera del 2011 un equipo de especialistas intentó averiguar a quién perteneció la enigmática sonrisa, por ello exhumó en la iglesia de la Santísima Anunciación los restos de los hijos de Lisa, Bartolomeo y Piero, conservados en la tumba de su marido, Francesco del Giocondo.

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Leonardo querido, no te escribo para hablar de la mujer cuya sonrisa sigue intrigando al mundo desde que empezaste a pintarla en 1503, te escribo para contarte algo maravilloso. Me refiero al fenómeno cultural que ha representado en nuestro país la exposición itinerante Leonardo da Vinci y la idea de la belleza, que actualmente se presenta en el Palacio de Bellas Artes. Imagínate, Leonardo, que hasta el día de ayer, la muestra había sido visitada por 41 mil personas en tan solo 9 días. Las filas frente a las puertas de el Palacio son infinitas. En ellas se forman centenas de hombres, mujeres y niños que vienen de todas partes de la República. Hace unos días un señor de 92 años le confesó a uno de los mediadores de color de naranja que organizan los tumultos de gente que todos los días se forman, que su máximo anhelo en la vida era ver El códice sobre el vuelo de las aves, considerado el primer estudio científico del vuelo.

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Yo ya tuve el privilegio de verlo, Leonardo. Conmovida hasta la médula de los huesos, vi tus dibujos y escritos que muestran todas tus reflexiones sobre las aves y la mecánica de sus alas para poder crear una máquina para volar, más las 11 piezas originales. El día que fuimos, Enrique y yo, vi gente llorando en la sala Diego Rivera al ver la cabeza del ángel para el cuadro de La Virgen de las Rocas. Emocionada como estaba me puse a platicar con un visitante que había llegado desde Los Mochis, Sinaloa, y se había formado desde las 5 a.m. para asegurarse que entraría a la muestra. La respuesta ha sido tan entusiasta que han tenido que extender los horarios de entrada. Ahora se podrá visitar la exposición los martes de 8:00 a 19:00 horas; miércoles y jueves de 8:00 a 21:00; viernes y sábados de 8:00 a 22:00 y domingos de 8:00 a 20:00 horas. Igualmente se puede sacar una cita por internet (un medio que nos hace volar como tus máquinas de vuelo por todo el mundo al instante) para tener un guía.

Te cuento, Leonardo, que en la inauguración (el día que llegó al aeropuerto de la Ciudad de México los pasajeros aplaudían las cajas con las obras de arte) había en el vestíbulo más de mil personas deseosas de ver tu exposición así como la de Miguel Ángel Buonarroti, Un artista entre dos mundos. Sí, ya sé que en vida no se llevaban muy bien los dos. Creo que incluso se pelearon en pleno mercado por unos versos de Dante. Sin embargo y como bien dijo el titular de Conaculta (institución que se trajo a mi país las dos muestras), Rafael Tovar y de Teresa: “Leonardo da Vinci y Miguel Ángel son los paradigmas de la cultura universal, creo que son los nombres y las figuras que están en el imaginario colectivo situados como las figuras en las que se destaca lo que es el talento, lo que es la creatividad y lo que es lo mejor en el ser humano”.

Gracias, Leonardo, por hacer a tantos mexicanos felices con tus obras de arte. Gracias por haberle aportado al mundo tanta belleza. Y gracias por lo que escribiste (al revés y con tu muy particular escritura) antes de morir el 2 de mayo de 1519: Continuaré… Así como nosotros continuamos extasiándonos con tu extraordinario legado.

gloaezatovar@yahoo.com

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