Por Guadalupe Loaeza:

Homenaje a Francia en este 14 de julio, día de su fiesta nacional.

La huida del Chapo me evocó, toda proporción guardada, dos evasiones de dos “monstruos” franceses. La primera se trata de Napoleón hace doscientos años, de la Isla de Elba. La segunda es del mariscal Bazaine, prisionero en la Isla de Santa Margarita por traición a Francia.

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El historiador español Luis Reyes nos narra en un espléndido texto (Tiempo, 31/03/2010) cómo se escapó el emperador a principios de marzo de 1815, después de haber abdicado en Fontainebleau. A pesar de que hizo todo lo posible por dejarle la corona a su hijo, el Aguilucho, los aliados, encabezados por el zar y el rey de Prusia no lo permitieron. “Ofrecieron a Napoleón conservar el tratamiento imperial y ser soberano de un miniestado, la isla de Elba, entre Italia y su lugar de nacimiento, Córcega”. A pesar de que se había hecho de muchos amigos, Napoleón ya no aguantaba ni un día más en la Isla de Elba. Manda pintar su barco Inconstant, que era amarillo y gris, en negro y blanco para burlar la vigilancia de los buques ingleses. Desembarcó en Golfe-Juan entre Cannes y Antibes. “En cuanto salió la luna, a las 11 de la noche, inició una marcha nocturna hacia el interior. ‘¡París o la muerte!’, habían gritado sus viejos granaderos al conocer sus intenciones…”. Cuando pasaron por Grasse, salieron todos del pueblo, gritando “¡Viva el emperador!”. Uno de sus mariscales preferidos que había traicionado a Napoleón, al enterarse de su evasión, le declara al rey Luis XVIII: “Le prometo a su Majestad regresarle el monstruo a París en una jaula de hierro”. En seguida empezó la etapa llamada de los “Cien días” que culmina con Waterloo.

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Otro “monstruo” que se escapó de la prisión, dejando a sus celadores como idiotas, fue el mariscal Achille Bazaine. En su caso fue gracias a su esposa, Pepita de la Peña y Azcárate. Por la mañana del 9 de agosto de 1874, Bazaine, “el derrotado de Metz”, el “traidor a la patria”, como muchos le llamaban, se fugó. ¿Cómo le hizo? Bajó los 23 metros de altura que tenía el Fuerte, donde se hallaba prisionero, por una cuerda con nudos que su mujer le aventó. Para ello, el mariscal tuvo que sortear, sin matarse, las rocas del acantilado y el mar picado de esa noche de verano. Ese día la mariscala se embarcó con su sobrino Antonio en una barquita. Se quitó el impermeable para que en medio de las tinieblas brillara su vestido blanco de lino. Era de estilo marinero, con botonadura de concha nácar. Esa noche el oleaje no les permitía avanzar. Sentada en la proa, Pepita se sujetaba al bote con las dos manos. Estaba aterrada. Respiraba con dificultad. Temía que de un momento a otro una patrulla costera los detuviera. Temía que la lancha se volteara con el oleaje. Y temía que de último momento su marido hubiera cambiado de opinión. Las olas los llevaban de un lado a otro y los separaban de las rocas. Antonio estaba de pie con un remo en la mano intentando que la barca no fuera a estrellarse. Varias veces se sentó a remar para acercarse a la fortaleza. Estos intentos por alcanzar al mariscal se repetían constantemente sin lograrlo. La mariscala encendió un fósforo para que el mariscal pudiera verlos. Bastó con que ella encendiera el cerillo para que su vestido blanco brillara como la luna redonda y luminosa que esa noche tan oscura estaba ausente. Finalmente Bazaine entendió que a pesar de los esfuerzos descomunales de Antonio por llevar la barca hasta la roca en donde se encontraba, tendría que lanzarse al mar. Con el agua hasta el pecho llegó al bote donde Pepita y Antonio lo izaron con grandes esfuerzos. En cuanto subió a bordo, Bazaine como enloquecido abrazó a su mariscala. Estaban empapados, aturdidos, pero llenos de un nuevo brío. Antonio contempló una escena de amor que nunca olvidaría. Él la besaba por toda la cara y ella le acariciaba los pocos pelos blancos que le quedaban. En ese preciso momento la luna salió de entre las nubes. Luego, Antonio y Bazaine empezaron a remar furiosamente, con el temor de que los descubrieran.

En el caso del Chapo, su escapada de la cárcel de alta seguridad fue igualmente bien pensada: los planos de la cárcel, el túnel de 1.5 kilómetros de longitud que conectaba con el penal del Altiplano, la vivienda en obra negra y la bodega en donde se localizó la salida del túnel. Como Napoleón, El Chapo se hizo muy amigo de los lugareños. Y como el mariscal Bazaine, también habrían ayudado al Chapo a escaparse tanto familiares, abogados y servidores públicos. La única diferencia es que por el Chapo ahora se ofrecen 60 millones de pesos a quien aporte información. En cambio por Napoleón y Bazaine no hubo recompensa alguna.

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El monstruo se ha escapado, ¿y ahora qué?

https://www.youtube.com/watch?v=DY3isfhqFLY

gloaezatovar@yahoo.com

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