Por Guadalupe Loaeza

Tengo la fortuna de contar con dos nacionalidades: la mexicana y la francesa. Me asumo ciudadana responsable de dos países que me enorgullecen hasta la médula de los huesos. Respecto a Francia, mi segunda patria, me siento doblemente comprometida debido a que fui condecorada, en diciembre del 2003, por el gobierno francés, con la Legión de Honor en grado de Caballero. Diariamente leo todos los periódicos mexicanos y franceses. En las mañanas escucho el espléndido noticiario de Leonardo Curzio (100.1 FM, de 6:00 a 10:00 ) y por las tardes, no me pierdo a José Cárdenas. Por las noches veo el noticiario (con ciertas reticencias) de Joaquín López-Dóriga. Al finalizar en seguida le cambio a TV5Monde para enterarme de las noticias de Francia y el mundo. Los fines de semana suelo escuchar (desde mi iPad), especialmente por las mañanas, en la estación de radio France Culture, programas sobre política, literatura e historia. Día a día, desde el 13 al 16 de julio, todos estos medios me informaron acerca del viaje presidencial el cual significó, como nos lo aclaró el vocero de la Presidencia: “mayor inversión, mejores empleos, alianzas productivas y académicas en beneficio de todos los mexicanos”.

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Cuando los conductores de diversos noticiarios entrevistaban a funcionarios mexicanos, especialmente al subsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos de Icaza, su entusiasmo me daba envidia. No obstante me parecía demasiado triunfalista. Es cierto que por primera vez en la historia de México asistía al desfile del 14 de julio un presidente mexicano. Por primera vez las Fuerzas Armadas mexicanas marcharon como invitadas de honor. Por primera vez un mandatario de nuestro país recibe la Medalla de La Sorbona de las universidades de París, por los doce acuerdos de intercambio académico.

Por desgracia para los mexicanos y quizá también para muchos franceses, todo lo anterior se ensombreció por completo con la huida de El Chapo. A partir del domingo, toda la prensa, tanto mexicana como francesa, no hablaba de otra cosa que no fuera la fuga magistral del capo más buscado del mundo. En tan solo unas horas las noticias del viaje presidencial dieron un vuelco de 180 grados. Por añadidura las protestas contra México por ser un país que no respeta los derechos humanos ya se habían escuchado con gran intensidad. El 15 de junio del presente, el Collectif Paris-Ayotzinapa entregó una carta al Eliseo dirigida a François Hollande y firmada por numerosas asociaciones, colectivos, intelectuales y personalidades. Hasta la fecha no han recibido respuesta. El texto que presentaba la carta decía: “la vocación de Francia no es honrar a un dirigente implicado en actos represivos y quien resulta sospechoso de corrupción y de intercambiar jugosos contratos de armamento. Aun menos invitar para que desfile en los Campos Elíseos a un ejército responsable de múltiples agresiones contra la población civil”. Líneas abajo se refieren a “la afrenta a las familias de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa”. El martes 14 de julio presentó en un festival de cine el documental “Anti-Peña Nieto”. Ese mismo día hubo una manifestación en la Fuente de los Inocentes. El contenido de la misiva de protesta es largo y muy detallado. “Ya es hora de tomar en serio la violencia sistemática que padece el pueblo mexicano y cuyo Estado a través de las fuerzas de seguridad es directamente responsable”. Entre los firmantes estaban: José Bové, Toni Negri, Eva Joly, Jean-Luc Mélenchon… Por su parte, Geneviève Garrigos, presidenta de la ONG, escribió en su sitio: “Las desapariciones forzadas, la tortura y las detenciones arbitrarias son prácticas recurrentes entre las fuerzas de seguridad de la policía mexicana”.

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Los titulares de dos periódicos (Libération y Le Parisien) llamaban a EPN en sus titulares “el invitado incómodo”. El 14 de julio la revista Marianne mostraba una fotografía de la fuente Saint Michel teñida de rojo; el agua pintada simbolizaba la represión “sangrante” del Estado mexicano. Ese mismo día el PCF (Partido Comunista Francés) se sentía indignado por la visita del presidente mexicano. En la nota de AFP, se leía: “Los comunistas juzgan que al recibir al presidente mexicano, el gobierno francés está más interesado en las oportunidades ofrecidas a las trasnacionales por la reciente privatización del petróleo y de la electricidad mexicana, que respecto a los derechos del hombre y a las exigencias expresadas masivamente por el pueblo mexicano”.

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n un extenso reportaje de Celia Guillon del periódico Libération, escribió: “En el caso de Apatzingán, la periodista Laura Castellanos afirma que se escucharon gritos de soldados: ‘Acaben con ellos como perros'”.

Partida a la mitad como estoy respecto a mis dos nacionalidades, ambas me tienen profundamente confundida.

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gloaezatovar@yahoo.com

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