Por Guadalupe Loaeza

Un piojo cuando ingurgita sangre, se infla. Así le pasó a Miguel Herrera, El Piojo, se infló tanto que explotó. Sí, explotó y de qué manera lo hizo en el aeropuerto de Filadelfia en Estados Unidos. Hay que decir que en esa ocasión, El Piojo no explotó solito. Antes de ver al ex director técnico de la Selección Nacional de futbol de México, en el video tomado por un teléfono celular, transmitido por Univisión, advertimos a una joven bajita, gordita y de cola de caballo, vestida con una playera blanca, blue jeans y tenis y una bolsa enooorme negra de piel. Está furiosa, grita, manotea, desafía, mientras jala su petaquita, empuja por la espalda a un señor delgado que es Christian Martinoli. La adolescente sigue gritando. Grita horrible. Tiene una voz tipluda. Los otros pasajeros que se aprestaban en la línea de espera para su vuelo la miran extrañados. Unos sonríen. Otros murmuran. De pronto esta joven que es la hija del Piojo y que se llama Mishelle se le enfrenta a Luis García y le da una cachetada. Sigue gritando. ¡Qué gritos! No se da cuenta lo patética que resulta la escena. Está fuera de sí. De pronto, aparece El Piojo a la entrada del aeropuerto e intenta tranquilizar a su “hijita”. “Shsshsshs”, le dice su papá Piojo haciendo un gesto con las dos manos. De tal palo tal astilla. Él también está a punto de explotar mientras mira hacia los dos lados. Busca a su enemigo. Un pasajero con una camisa estampada con flores tropicales se muere de la risa. ¿Dónde está la seguridad del aeropuerto? No aparece. El Piojo y Luis García tienen un intercambio de palabras. Miguel Herrera se va a la fila y de repente salta las líneas de seguridad y se dirige hacia la otra fila, donde está Martinoli. Intenta darle una cachetada. El comentarista de TV Azteca levanta los brazos al aire en signo de paz. Los demás pasajeros observan la escena y casi escucho, en mi imaginación, cuya autoestima está por los suelos, a uno de ellos preguntar a otro pasajero qué pasa y quiénes son esas personas tan gritonas y violentas. Escucho en mi fuero interno que alguien murmura: “They are mexicans!”. Me quiero morir de pena, de vergüenza ajena y de frustración porque soy mexicana y ellos, los que se estaban cacheteando y gritando en el aeropuerto, también son mexicanos.

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¿Qué le pasó al Piojo? Lo inflaron demasiado. Lo infló su “casa” Televisa. Lo inflaron las redes. Sus fans, su familia y su hija adolescente. “Eres un fenómeno mundial”, le decían en cada entrevista. Como dice Jorge Vergara, dueño de Las Chivas: “Creo que le afectó mucho tanto anuncio, tanto protagonismo y rollo comercial, por ahí se perdió el camino de la Selección y él el rumbo”. (Cancha, Reforma, miércoles 29/julio/2015). No hay duda, al Piojo se le subió, se mareó y se enriqueció. Dicen que percibía un salario nominal de 2.7 millones de dólares al año: 1,682 veces más, por día, que el salario mínimo en México. Los que lo conocían bien dicen que hacía lo que se le daba la gana, recuerdan que cuando sus muchachos y él se encontraban en Brasil con muchas medidas de seguridad, patrullas, motociclistas y guardaespaldas, El Piojo de plano le ordenó al chofer del camión que se parara en media calle porque a todos se les había antojado una hamburguesa de McDonald’s. “No se puede, señor. Tenemos el tiempo contado”, le decían. Pero esto le importaba muy poco al Piojo: “me vale, me valen las reglas del juego y todas estas disciplinas”. Echado pa’ delante, como siempre actuó, se bajó del camión junto con su equipo y todos comieron unas ricas hamburguesas, muertos de la risa. En cada campeonato de futbol, le ofrecía a su afición las perlas de la virgen: “Vamos a ganar, somos los mejores”. Es cierto, caía en gracia con sus gestos y su espontaneidad tan populachera. Es cierto, se volvió muy famoso entre los medios internacionales, especialmente durante el Mundial de Brasil. Llamaba la atención. “Ya sabes cómo somos los mexicanos”, se ufanaba en cada entrevista. ¿Cómo somos los mexicanos, Piojo? ¿Somos así de valentones y corrientes como tú? Como tú, ¿tampoco sabemos controlar nuestras emociones? ¿Somos malos perdedores como tú y, como tú, nunca practicamos la autocrítica?

 El Piojo fue víctima de sí mismo. Víctima de quienes lo usaron para comerciales, campañas políticas y de la Federación Mexicana de Futbol. Finalmente, El Piojo se convirtió en un insecto incontrolable. En un insecto muy agresivo. Pero sobre todo en un insecto dañino.

gloaezatovar@yahoo.com

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