Por Guadalupe Loaeza

“Rosario, que vivió entre estudiantes, hoy se quedaría fría ante las cifras que confirman que 10 millones de jóvenes de entre 19 y 23 años no estudian ni trabajan, y ante la falta de oportunidades les pediría no dejarse vencer, erigirse en jueces inapelables de sí mismos, de su sociedad y de su país y mirar de frente al sol, porque después de todo, esta vida no puede llamarse desdichada, y porque los muchachos son nuestra esperanza y sólo ellos pueden enseñarnos ese otro modo de ser humano y libre que tanto anheló la gran escritora chiapaneca Rosario Castellanos”, dijo Elena Poniatowska como parte de su discurso al recibir, hace cinco años, la medalla de la autora de Mujer que sabe latín.

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Como Elena Poniatowska, si algo respetaba Rosario Castellanos era a los jóvenes. Cuando protestaban porque los mayores no los escuchaban defendía su causa. (Me pregunto, ¿cómo hubiera reaccionado con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa?). Le preocupaba su aprendizaje, el respeto a su lengua, pero sobre todo, las dificultades para encontrar su verdadera vocación. “Las clases son incomprensibles, aburridas, larguísimas. Los programas carecen de sentido. El resultado de los exámenes periódicos es decepcionante. Los maestros amonestan, los padres amenazan, el adolescente se encuentra acorralado y sin salida. Es entonces cuando descubre que no quería estar en un aula, en una sala de disecciones, ante un restirador sino en otra parte. ¿Cuál otra parte? No se sabe con exactitud. Bastaría que no fuera la parte en que está”. Me temo que lo mismo podría decirse respecto a algunos maestros que no tienen las herramientas necesarias para ejercer su función. “Hay que proporcionar a los maestros la oportunidad de ser lo que su título dice. Proporcionarles libros, darles acceso a conciertos, a recitales, a conferencias, a museos; abrirles el mundo en viajes, en diálogos, en observaciones de primera mano. Exigir al maestro que se comporte ‘según el espíritu que vivifica y no según la letra que mata’”. Si algo disfrutaba Rosario era la docencia. Cuando le propusieron ser embajadora de México en Israel, puso dos condiciones para asumir el puesto: seguir como profesora de literatura hispanoamericana de tiempo parcial y continuar redactando su columna semanal para el Excélsior.

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Admiradora como soy de las dos autoras mexicanas, de las dos maestras y de las dos mujeres de letras más admiradas entre los jóvenes, me dispongo a darles a ambas una magnífica noticia. Una noticia que tiene que ver precisamente con la educación de las nuevas generaciones. Me refiero a la evaluación estandarizada diseñada por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y aplicada por la SEP para medir los aprendizajes en comunicación y matemáticas de los estudiantes de 6o. de primaria, 3o. de secundaria y 3o. de bachillerato. Esta prueba se aplicó del 17 al 20 de marzo pasado a la totalidad de alumnos de 3er. año en todas las escuelas públicas del país. Para “documentar nuestro optimismo”, como decía Monsiváis, hablemos del estado que quedó en primer lugar nacional en comunicación y segundo en matemáticas. Hablemos de Puebla, hablemos de los resultados que se dieron entre 65 mil estudiantes de 1,440 escuelas. Hay que decir que hace cuatro años, Puebla ocupaba en español, el lugar 23 y en matemáticas, el 24. Es decir que en ese lapso, Puebla escaló 22 posiciones en ambas materias. En otras palabras, el estado cuenta con los mejores resultados académicos del país.

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INMUINF   13 FEBRERO 2007. INFORMACION. ARCHIVO HISTORICO. ELENA PONIATOWSKA, ESCRITORA Y PERIODISTA.  (1987)

INMUINF 13 FEBRERO 2007. INFORMACION. ARCHIVO HISTORICO. ELENA PONIATOWSKA, ESCRITORA Y PERIODISTA. (1987)

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De vivir, lo que seguramente le hubiera dado mucha tristeza a Rosario Castellanos es saber que su querido estado, Chiapas, ocupa el último lugar en las dos materias. Y lo más probable es que Elena Poniatowska se ha de haber puesto muy triste al enterarse que el Distrito Federal estaba en los últimos lugares tanto de comunicación como de matemáticas. Esperamos que con la flamante secretaria de Educación del DF, Alejandra Barrales, en la futura evaluación se obtengan mejores resultados.

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Por todo lo anterior, considero que Puebla, reconocida como Patrimonio de la Humanidad y con 7 Pueblos Mágicos, merece una estrella dorada en la frente. También los estudiantes ameritan la suya, así como los maestros poblanos con “un sólido perfil académico y experiencia operativa”, sin olvidar, naturalmente, a los padres de familia.

Este triunfo no nos debería de sorprender, no en balde en Puebla de los Ángeles ganamos la batalla del 5 de mayo contra el autonombrado mejor Ejército del mundo.

gloaezatovar@yahoo.com

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