Por Guadalupe Loaeza

Francisco Toledo es el Quijote juchiteco. Más que pelear contra molinos de viento, un buen día, decide buscar en el cielo a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Para ello, el maestro creó 43 papalotes, cada uno con la fotografía de los estudiantes asesinados en Iguala. “¿Por qué?”, le pregunta el periodista español Jan Martínez Ahrens, de El País Semanal, en cuya edición de esta semana aparece una extensa entrevista al mayor pintor vivo de México: “Fue un gesto que preparamos con los niños de la escuela. Hay una costumbre del sur: cuando llega el Día de los Muertos se vuelan papalotes porque se cree que las almas bajan por el hilo y llegan a tierra para comer las ofrendas; luego, al terminar la fiesta, vuelven a volar. Como a los estudiantes de Ayotzinapa los habían buscado ya bajo tierra y en el agua, enviamos los papalotes a buscarlos al cielo”.

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Más Quijote que Francisco Toledo no imagino, especialmente en un país donde el que triunfa es el corrupto, el tramposo y el que antepone sus propios intereses sobre quien sea con tal de lograr sus objetivos. Nuestro pintor de 75 años no ha dejado de luchar por lo que cree. En primer lugar por Oaxaca, por la ecología, por los indígenas y por los pintores oaxaqueños. En el 2002, dio la batalla, “escaramuza” llama él, contra el McDonald’s que quería abrir sus puertas en la plaza del Centro Histórico; además, lleva tiempo luchando contra los transgénicos, por un Congreso Constituyente para refundar el Estado y por recuperar el Cerro del Fortín, pulmón de la ciudad de Oaxaca, donde el gobierno de Gabino Cué insiste en construir un Centro de Convenciones. El pasado mes de junio, durante una manifestación pacífica en la cual los ciudadanos pretendían hacer una clausura simbólica, fueron recibidos con cohetones, a Toledo lo empujaron y le pegaron en el estómago. “Es una política donde para aquel que protesta van los madrazos, no hay diálogo nunca, el estado no quiere reconocer que se equivoca, y aquí hay una equivocación muy clara y no lo dice solamente el Pro Oax, lo dicen expertos en el tema”, declara Francisco Toledo a la revista Proceso. “Zorrilla (secretario de Turismo) dice que Oaxaca ha sido víctima de la política y la forma de hacer política ha puesto de rodillas al desarrollo turístico y económico, sin embargo los que han puesto de rodillas a Oaxaca son los políticos-empresarios, miembros del PAN, PRI, PRD y Verde Ecologista, que sólo han buscado posiciones políticas para tener fondos y hacer proyectos faraónicos como el caso del Centro de Convenciones”, agrega. En julio más de 150 artistas e intelectuales manifestaron su apoyo “contundente” al pintor y activista, y exigen, a través de una carta abierta dirigida a Gabino Cué, detener la construcción del Centro de Convenciones.

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Sin hipérbole podríamos decir que los mexicanos estamos en deuda con Francisco Toledo. El pintor, escultor, ceramista y grabador, nos ha dado tanto y tanto que no tendríamos palabras para agradecerle, no nada más por el rescate de conventos, bibliotecas,  y por el maravilloso Jardín Etnobotánico, del Centro de las Artes de San Agustín,  por la fábrica de papel de Oaxaca, de los papalotes de Etla,  por el algodón coyuchi de Jamiltepec, por la biblioteca Jorge Luis Borges para invidentes, sino de la generosísima donación que hizo el pasado 20 de enero a Bellas Artes. Entre estampas, pinturas, esculturas, dibujos, carteles y una centena de objetos, donó 124 mil 325 documentos, además de 50 mil libros y 7 mil fonográmas. Esta donación incluye también los dos inmuebles de la Biblioteca de Arte, Videos y Archivos sonoros. Dice la poeta Natalia Toledo que su padre tiene “manos de pulpo”: “Mientras piensa en una portada, está atendiendo una llamada, hace citas, lee los periódicos, vuela papalotes con los rostros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, toma café, defiende el Cerro del Fortín, convoca a conferencias, se pelea con Gabino Cué, compra libros para las bibliotecas, dona su colección de arte bajo resguardo del INBA, mece la cuna de los pintores oaxaqueños…”.

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Francisco Toledo, gran lector de Kafka y Henry Miller, no tiene credencial de elector porque nunca ha votado. Nunca plancha sus camisas blancas de algodón. Cuando duerme, hecho bolita en el suelo, tiene miedo y sueña que lo persiguen. No simpatiza con Benito Juárez porque persiguió a los juchitecos. Y a sus 75 años siente que todo le pesa.

Por lo que a mí se refiere, insisto estar en deuda con este Quijote zapoteco, asediado por la realidad de su país y por todos los grillos que no han dejado de acosarlo, en sueños, desde que nació.

gloaezatovar@yahoo.com

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