Por Guadalupe Loaeza

Querido Guillermo:

El próximo domingo es tu cumpleaños. De estar entre nosotros cumplirías 59 años. Por ello decidí escribirte no nada más para felicitarte, sino para darte una espléndida noticia. Fíjate que el 1o. de julio, el Munal inauguró una espléndida exposición titulada “Yo, el Rey. La monarquía hispánica en el arte”, con más de 200 piezas que representan “la evolución de la idea de poder, en la gran monarquía transcontinental, el encuentro entre dos mundos cuando se descubre América y se crea el gran imperio español”, como anunciara el presidente del Conaculta. Fui al Munal el sábado pasado. Gracias a mi guía y ahora amigo, Arturo Pérez, descubrí obras de Tiepolo, de Pantoja de la Cruz, Juan Correa, Cristóbal de Villalpando, de Velázquez, de Goya, Francisco de Zurbarán, etcétera. Etcétera. Artistas de los que escribías con tanta pasión y conocimiento. Todas estas piezas vienen de museos mexicanos, españoles, norteamericanos como el Museo Metropolitano de Nueva York y colecciones privadas. No te puedes imaginar la extraordinaria curaduría del muy joven Abraham Villavicencio. ¿Y qué crees, Guillermo? Después de admirar la maqueta para la estatua ecuestre de Carlos IV, escultura de Tolsá por la que tanto luchaste antes de partir, por su daño irreversible, nos topamos con una de las pinturas, la cual a mi manera de ver es una de las más bonitas de toda la colección. La “Portada erigida en la catedral de Puebla para la entrada del virrey, marqués de las Amarillas” (Óleo sobre tela, 129 x 98), atribuida a José Joaquín Magón, pintor de la segunda mitad del siglo XVIII. Con mucho cuidado me acerqué a la cédula y leí: “Colección particular, Sucesión Guillermo Tovar de Teresa”. De hecho recordé que ya me habías platicado de esta pintura espectacular. Me contaste que durante muchos años no se tenía noticia de este pintor poblano del siglo XVIII. Gracias a un documento que encontró el investigador Efraín Castro y que años después comentaste, fechado en 1783, te enteraste de un episodio de su vida. En un callejón de Solís, en el barrio de Santa Cruz, el pintor estaba jugando a los naipes en casa de su cuñado don Antonio Montes. De repente Magón echó un albur por lo que su cuñada le recordó que tenía un voto a la Purísima Sangre de Cristo de no apostar albures en su casa, a lo que Magón, a quien se le habían pasado las cucharadas (de vino), respondió con una blasfemia. Fue denunciado ante el Santo Oficio. Él estaba casado con Manuela Josefa Aniceta Solís. Cuentan que antes de sus nupcias solía introducir a la habitación a su novia de entonces por una ventana, la cual siempre dejaba intencionalmente abierta. ¡Vaya, vaya, con el pintor poblano! ¡Cuántas cosas sabías, Guillermo, por eso te extrañamos tanto!

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Déjame seguirte platicando acerca de esta exposición que ha sido visitada por más de 70 mil personas y que arranca con Carlos I, rey de España y emperador de Alemania, que como sabes tuvo como hijo a Felipe II, de donde parte la dinastía hasta los Habsburgo. ¿Te das cuenta todo lo que aprendí gracias a la exposición? Bueno, pues te cuento, Guillermo, que una de las pinturas que más me impresionó fue el retrato de Carlos II “El hechizado”, pintada por Luca Giordano (1634-1705), la cual fue prestada por el Museo Nacional del Prado. Fíjate lo que le escribió el embajador de Francia a Luis XIV: “El Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura (…) asusta de feo”. Pobrecito porque padecía un síndrome llamado Klinefelter, el cual se caracteriza por tener dos cromosomas X y un Y, eso le confería un aspecto feminoide.

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Lo amamantaron 14 nodrizas hasta los 4 años. Se paró solito hasta los seis. Era epiléptico. Lo único que calmaba sus ataques de furia era el chocolate. Comía tanto chocolate mexicano que llegó a padecer lo que se llama el chocolismo. No obstante, Carlos II se casó dos veces; la primera con María Luisa de Orleans y la segunda con Mariana de Neoburgo. No tuvo hijos porque tenía un pizarrín diminuto. Fue otra víctima más de la endogamia. A partir de este rey, termina la dinastía de los Habsburgo en España. Los retratos de los reyes niños pintados por Jean Ranc son preciosos. Uno de ellos es Carlos III, el mismo que después se representa varias veces con armadura. Las pinturas de Felipe IV y su esposa, Mariana de Austria, realizadas por Velázquez son de verdad excepcionales, así como el Goya que representa a Fernando VII. Me interesaron asimismo los retratos de Moctezuma y de Cuauhtémoc. Nunca los había visto junto con Hernán Cortés, el conquistador y los conquistados.

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Bueno, mi querido Guillermo, te felicito por tu cumpleaños y por todo lo que nos enseñaste a los mexicanos sobre el arte virreinal. Salúdame a mi mamá con la que seguramente platicas horas y horas…

 gloaezatovar@yahoo.com

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