Por Guadalupe Loaeza

¿Qué tanto disfrutarán los presidentes de la República dar el tradicional Grito de la Independencia? ¿Qué sentirán cuando se encuentran en el balcón del Palacio Nacional enarbolando la bandera frente a la multitud de acarreados o no acarreados del Zócalo? ¿Practicarán su Grito, la víspera, ante el espejo? ¿Cuáles serán sus temores en esos momentos de tanta emoción: que se le salga un “gallo” justo en el momento de gritar: “¡Viva doña Josefa Ortiz de Domínguez!, que se le “chispe” la bandera por el sudor de las manos, que se le olvide el nombre de algún héroe de los que nos dieron patria, que al salir al balcón lo reciba tremenda rechifla o que, de pronto, sienta un vértigo a punto de irse de cabeza contra la plancha de la Plaza de la Constitución? ¿Qué tan sincera es la actitud supuestamente patriótica del mandatario mientras recita todos los nombres de los personajes que contribuyeron a consolidar nuestra nación? Y por último, ¿qué sucede realmente en su fuero interno, en esos momentos, a sabiendas que el nivel de su popularidad está por los suelos, como es el caso del presidente Enrique Peña Nieto?

De todos los Gritos que hemos escuchado los mexicanos, en los últimos años, incluyendo el del 15 de septiembre de 1968, sin duda este será, de todos, el más doloroso. Más que un Grito, será como un aullido, un alarido y un chillido. Será como un rugido, un clamor, un Grito pelado. Por lo que a mí se refiere, tengo tantos deseos de gritar, pero de gritar, puras madres… Nunca como ahora siento una imperiosa necesidad de ir al Zócalo para gritar, junto a miles de compatriotas, por la desaparición de los 43 normalistas, de gritar por la desaparición de la justicia y por la desaparición de la legalidad de las instituciones. Tal vez gritando a todo pulmón, en medio de tanta gente, logre sacar mi impotencia y mi frustración respecto a este gobierno. Me pregunto si muchos mexicanos no sienten lo mismo que yo; sobre todo aquellos que llevamos acumulando tantos y tantos Gritos dizque patriotas. Para que suene más sincero y acorde a los tiempos que estamos viviendo, ¿por qué no mejor cambiar de letanía y en lugar de “vivas” a los héroes de la patria Enrique Peña Nieto grita algo como: “¡Viva la corrupción!”, “¡Viva la impunidad!”, “¡Vivan los crímenes de Estado!”, “¡Vivan las mentiras del gobierno!”, “¡Viva El Chapo por su valentía!”, “¡Viva la casa blanca!” , “¡Viva el derrumbe de la ‘verdad histórica’!”, y “¡Viva la desa-parición de los 43 normalistas de Ayotzinapa!”. Escribo esto con un nudo en la garganta. El mismo que traigo atorado desde hace muchas semanas. Escribo esto con coraje y con mucha ira. Escribo esto con amargura y totalmente desesperanzada. Claro, tal vez se deba a la edad, a un extraño cansancio, o simplemente, a que estoy triste.

Cuando en un país reina la falta de credibilidad en su gobierno, el hartazgo y la desesperanza, es evidente que surgen todo tipo de rumores. Que si el Presidente está muy enfermo, que si su matrimonio va de mal en peor, que si nunca se recuperará el peso, que si el precio del petróleo irá disminuyendo día a día, que si el gobierno sabe dónde está El Chapo, que si el multihomicidio de la Narvarte nada tiene que ver con un asalto, que ya nadie quiere a los priistas, que si detrás del escándalo de la constructora OHL hay un político sumamente poderoso y que si los estudiantes de Iguala no fueron incinerados en los basureros de Cocula, sino más bien en algún crematorio ya sea de alguna funeraria o un hospital o simplemente en uno del Ejército.

Rumores, rumores, los mexicanos vivimos de rumores. Allí están las redes sociales, las grabaciones ilegales y, en muchos casos, la falta de expresión por miedo a las presiones del gobierno.

Hemos de decir que también los rumores se escuchan en el mundo de la farándula. Por ejemplo, que si Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler ya llevan tres meses de novios a pesar de que Patricia Llosa, mujer con la que vivió Vargas Llosa medio siglo, asegura que este “affaire” no durará mucho. “Pero el trago más agrio aún está por llegar, porque la pareja (de enamorados) tendrá que separarse durante casi tres meses, salvo que ‘la reina de corazones’ decida cambiar su mansión de Puerta de Hierro por un piso de alquiler de Manhattan” (periódico ABC), en donde el Nobel impartirá un curso de tres meses en Princeton. Otro escándalo que está en toda la prensa internacional y nacional es el semidesnudo de la actriz Salma Hayek en la película Some kind of beautiful. A raíz de esta escena dicen que su marido, Pinault, anda medio molesto. Hablando de Gritos no me quiero imaginar el de los fans de Salma Hayek al verla semidesnuda; “¡¡¡Guauuuuuuuuu!!!”, seguramente gritarán con toda su alma.

Prefiero este tipo de Gritos y de rumores que los anteriores.

gloaezatovar@yahoo.com

Anuncios