Por Guadalupe Loaeza

Una amiga muy querida que vive en Nueva York vino a México a pasar sus vacaciones. Al otro día de su regreso, me mandó el siguiente correo:

“Hola, Guadalupe: Me terminó de ir muy bien en México con el único agravante que esa misma mañana que desayunamos juntas fui al Palacio de Hierro a hacer unas compras, y en la máquina ATM de Banamex del almacén, el cajero automático me entregó dos billetes de 500 pesos, falsos. No me percaté sino hasta el sábado que le pagué unas artesanías a una señora muy linda en el mercado de San Ángel, que me dijo. ‘Tenga cuidado porque sus billetes son falsos’. Yo le contesté: ‘Pero ¿cómo? Si me lo dio el banco’. ‘Ay, señora -me dijo- mucho cuidado porque no vayan a creer que usted está traficando con billetes falsos’.

“Me llamó la atención porque al llegar a la Ciudad de México, había sacado, sin problema, 4,000 pesos también de ATM de Banamex. Pero al descubrir mis dos billetes falsos, te confieso que me sentí sumamente molesta no tanto por los mil pesos, sino porque esto sucede en un banco ‘de cierta reputación’. Mis amigos, tan indignados como yo, me sugirieron ir a la sucursal de Banamex a hacer la denuncia. Nunca lo hubiera hecho. El lunes antes de partir a Nueva York, fui a una sucursal de la Condesa a reclamar y a pedir que investigaran pensando en el daño que podía significar para la empresa. A partir de ese momento, me hicieron la vida de cuadritos. Qué pesadilla y mal rato pasé. Me llevaron con la Gerente, quien de entrada me dijo que no me podía dar el dinero y que yo tenía que hacer una carta para reportarlo al banco central de México. Lo único que ella podía hacer era confirmar que los billetes eran efectivamente falsos. En seguida le supliqué hablar con alguien de mayor rango. Y allí, se pasaron una hora del timbo al tambo, más preocupados por quién tendría que entregarme el dinero. En ningún momento alguien se preocupó de lo que significaba esto en términos de la reputación del banco. Empezaron las preguntas ridículas: ‘¿Tiene usted una cuenta en Banamex?’. ‘No, ya le dije que soy extranjera y que viajo esta tarde’. ‘Bueno, podríamos hacer una investigación, si fallamos en su favor, le emitimos un cheque el cual tiene un año para venir a buscarlo’. ‘¿De verdad, tengo que venir a México a cobrar 1000 pesos falsos que ustedes me dieron? Además, ¿tengo que dejar los billetes y recibos? Y luego, ¿qué?’. Para ese momento, ya era tardísimo. Me tenía que ir al aeropuerto. Antes de partir, le dije a la Gerente que me daba un gran pesar que nadie en Banamex se diera cuenta del daño que esto le hacía a su Institución. Por último le dije: ‘Mil pesos no es nada para Banamex, debería de haber alguien que se interese en solventar esto y pedir una investigación para llegar al fondo de los chanchullos en los cajeros automáticos’. Me miró, como diciendo: ‘¿Ya terminó? ¡Ahora váyase!’. Fue exactamente lo que hice. Furiosa por su respuesta y por su absoluta falta de visión en lo que esto significaba, mucho más allá de los 1000 pesos, me fui. ‘¡Qué pena por México!’, pensé. Me quedé con los dos billetes falsos y con los recibos de los cajeros. Es una lástima que a nadie le hubiera interesado en Banamex llegar al fondo del problema. Para colmo tuvieron el tupé de decirme: ‘Bueno, pero el Palacio de Hierro no es una sucursal del banco’. Les contesté: ‘Pero es que allí, en la máquina, decía Banamex…’. Qué triste, ¿no crees? Por otro lado me encantaron los museos y San Ángel. Ya tengo una lista de cosas por ver la próxima vez”.

Así como mi amiga pagó unas artesanías con un billete falso de 500 pesos, así le sucedió a Esperanza Reyes, sentenciada en San Luis Potosí a 5 años de prisión, por haber pagado una libreta con un billete falso de 100 pesos, y liberada en enero del 2014. El artículo 234 del Código Penal Federal establece una pena de 5 a 12 años de prisión a quien cometa el delito de falsificación de moneda. Por increíble que parezca en nuestro país hasta se compran votos con billetes ¡¡¡falsos!!! Es decir que los partidos lucran con la pobreza, mintiéndole al electorado dos veces. Y claro, por temor a que les quiten el billete apócrifo, prefieren seguirlo circulando. Es evidente que nadie quiere perder cien o quinientos pesos. De allí que sigan haciendo uso de ese dinero… y con ello, continuar con lo que se convierte en una “cadenita”.

Vaya historia la de los billetes falsos. Tiene los ingredientes de la crisis actual: trampas, cinismo y completa inmunización al deterioro de nuestro entorno y convivencia.

gloaezatovar@yahoo.com

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