Por Guadalupe Loaeza

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Por más que Angélica Rivera, todavía primera dama y ex poseedora de la casa blanca, intente “protegerse” con su pulserita roja en la muñeca de su brazo izquierdo (Reforma, septiembre 20), ya que, según la Cábala, la pulsera ayuda a exorcizar las energías negativas, relacionadas con odios y envidias, el tema de su residencia continúa dando mucho de qué hablar en todo el mundo. ¿Qué sentirá la pareja presidencial cada vez que se entera (¿se enterará?) de que el archiconocido reportaje realizado por el equipo de Carmen Aristegui gana uno y luego otro y después otro galardón más del periodismo? ¿Qué comentaron entre ellos cuando les informaron (¿se informan?) que la “Casa Blanca” ganó el Premio Nacional de Periodismo 2015, como un mensaje para decir “no” a la censura? ¿Qué pensaron (¿piensan?) cuando les anunciaron que Carmen Aristegui fue premiada por la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) por el reportaje de la casa blanca de Peña Nieto? Y, ¿cómo reaccionaron (¿reaccionan?) cuando les revelaron que el trabajo sobre la casa blanca recibió el Premio Gabriel García Márquez de periodismo? Estamos hablando de tres prestigiados premios que tienen que ver con un caso paradigmático de la libertad de expresión en América Latina. ¿Acaso lo anterior no hace un contraste diametral con otros tipos de “reconocimientos” que suelen darle a México algunas instancias internacionales, como por ejemplo: primer lugar de corrupción, primer lugar de impunidad, primer lugar en crisis generalizada de violación a los derechos humanos, primer lugar en violencia, primer lugar en feminicidios, primer lugar en obesidad tanto adulta como infantil, primer lugar… etcétera, etcétera? Vaya paradoja, porque los premios que han recibido Aristegui, Rafael Cabrera, Daniel Lizárraga, Irving Huerta y Sebastián Barragán, por la casa blanca de Peña Nieto, fueron obtenidos, precisamente, gracias a la corrupción, impunidad y la falta de derechos humanos de los periodistas. Es decir, distinciones sumamente merecidas por mexicanos por causas sumamente vergonzosas por parte de funcionarios mexicanos, y con consecuencias nefastas para los galardonados, ya que los corrieron de su trabajo.

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Por ello, la periodista chilena Mónica González, así como Jaime Abello, Sergio Ramírez, Carlos Fernando Chamorro y otros integrantes del Consejo Rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que organizaron la entrega del premio García Márquez, estuvieron de acuerdo al asegurar que el reportaje de “la casa blanca de Peña Nieto” trata de un caso paradigmático de la libertad de expresión en América Latina.

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“Hemos decidido acusar al Estado mexicano por impedir que un juicio por la libertad de expresión llegue a buen puerto. Éste no es un acto político pero sí de política pública. Vamos a la CIDH porque no queremos que nos sigan arrebatando la palabra en toda América Latina”, dijo González. Por su lado, el jurado como parte del acta de juzgamiento, conformado por Rosental Alves, Graciela Mochkofsky y Juan Gossaín, resaltó que la cobertura demostró la conexión con documentación y testimonios comprobables sin necesidad de recurrir a fuentes anónimas ni indirectas, lo cual resultó en una demoledora acusación: “El equipo utilizó las mejores herramientas disponibles para investigar, explicar y presentar esta historia, y puso a disposición del público los documentos, audios, videos, planos y demás evidencias que reunió utilizando las mejores técnicas del periodismo investigativo y de la narrativa multimedia…”.

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Por lo pronto, Carmen Aristegui está dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias. “Va con todo”, dice el título del reportaje de Rafael Croda, publicado por la revista Proceso de esta semana, en cuya portada aparece la fotografía a todo color de la periodista. Gracias al apoyo de decenas de colegas en toda América Latina, respecto a su despido del Grupo MVS en marzo pasado, acudirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para luchar contra la censura y “contra el Estado mexicano por denegación de justicia en su caso de violación del derecho a la libre expresión”. Para ella no hay duda que el presidente de México sigue siendo intocable. En la entrevista, Aristegui recuerda lo que le dijo Joaquín Vargas, el presidente de la empresa MVS, al negarse a trasmitir el reportaje exclusivo sobre la mansión: “Entiéndenos, si tú sacas esa información nos van a romper la madre”. Pasó lo contrario. Carmen Aristegui y su equipo publicaron la información y la empresa les dio en la madre por decir la verdad.

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Con todo respeto, sugiero que La Gaviota se ponga 5 pulseritas rojas y un ojo de venado, para ver si así exorciza las malas vibraciones que seguramente rondan la casa blanca.

gloaezatovar@yahoo.com

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