Por Guadalupe Loaeza

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Por increíble que parezca no conocía al cantante Sting. Ni a él ni a su grupo The Police, el cual pertenecía a mi generación. Cuando el grupo inglés era muy famoso, yo escuchaba a los Beatles, a Bob Dylan, a Charles Aznavour, a Moustaki, a Silvio Rodríguez, a Pablo Milanés y a algunos tríos trasnochados. Si mal no recuerdo, Sting pertenecía más bien a la generación de mis hijos mayores. Ahora que tuve oportunidad de escucharlo el sábado pasado en la Arena Teques, lamento mi ignorancia. El lugar no podía prestarse más; el clima era delicioso y la organización salió impecable a pesar de los malos augurios.

Me meto a La Jornada en línea y me entero conmovida de que Sting se reunió con familias de los desaparecidos. En la fotografía sale sosteniendo un letrero que dice: #NOESNORMAL. “Hago un llamado al gobierno de México para que le den seguimiento a estos casos de manera más vigorosa, que encuentren y lleven a la justicia a las personas responsables y que prevengan, mediante legislación, este tormento de desapariciones y abusos a los derechos humanos”, dijo. No me sorprende su declaración. Durante los minutos que tuve el privilegio de conocerlo antes de su espectáculo en Tequesquitengo, pude percibir su sensibilidad. Su sencillez y su mirada de ojos azules lo decían todo. Más que un cantante de rock, su barba crecida y su sonrisa tranquila le daban un aire de filósofo. Con toda la gentileza del mundo, permitió que me tomara una selfie con él. Nunca se vio abrumado, molesto o incluso nervioso. A unos metros de donde nos encontrábamos, había en el foro de la Arena Teques cerca de ocho mil personas que lo esperaban impacientes al lado de un lago transparente y pacífico. Confieso que nunca había escuchado a Sting. Confieso que fui al concierto con algunas reservas. Y confieso que mis expectativas fueron superadas ampliamente. Cuando estábamos mi amiga Elena Cepeda, Tayana Pimentel, Enrique y yo, a punto de despedirnos del cantante británico, me di cuenta que había un grupo de mujeres con pancartas en las manos que decían “I love you Sting”. Cuando se despidió de la primera dama de Morelos le dijo que se pondría en contacto con ella, para realizar un proyecto con su fundación sobre medio ambiente. Durante el espectáculo, el cantante británico dijo: “A los desaparecidos de México, les dedico esta canción Fields of Gold”.

El público lo ovacionó emocionado. Sobre todo Fernando de la Mora, Sergio Sarmiento y Saúl Juárez. Mientras cantaba, Enrique me comentó al oído su verdadero nombre. “Se llama Gordon Matthew Sumner, es de izquierda y tiene 64 años”. Después me enteré que Sting tiene seis hijos con Trudie Styler y con la actriz Frances Tomelty, una fortuna de más de 300 millones de dólares, un castillo en Wiltshire, un departamento en Nueva York, una casa en la playa de Malibú, un castillo jacobino, el cual llama “Lake House” y muchas tierras de viñedos en la Toscana. Se le ha llamado pretencioso y se le acusa de arrogancia intelectual por penetrar en territorios que no son usuales para las estrellas de la música pop.

Sting nació en Wallsend, Inglaterra. Desde muy joven inició su carrera musical tocando en barcos turísticos, así como en cabarets. Entre otras cosas que ha hecho fue certificado como maestro de escuela primaria y además fue profesor en la escuela secundaria. En los ochenta apareció en la ópera de Tres Centavos en Washington, D.C. Fue estudiante en la Universidad Warwick, pero no terminó su carrera. Nunca se graduó. A pesar de eso, Sting recibió en el 2003 la medalla de Comandante de la Orden del Imperio Británico por servicios a la música. Sting gana un promedio de 2 mil dólares diarios en regalías, nada más por su canción Every Breath You Take. Esta canción, que escribió a la mitad de la noche de una pesadilla, es oficialmente la más pedida en la radio de todos los tiempos. Su grupo The Police efectuó su “última” gira en 1984. Solamente se han reunido los integrantes de este conjunto en 1986 para una función benéfica y en marzo del 2003 para su ingreso al Salón de la Fama. Y en 2007 en una gira mundial vinieron a México y Monterrey.

Por último diré que el guitarrista de Sting, Dominic Miller, impartirá una clase magistral para los alumnos de la orquesta juvenil de Morelos y un concierto el día de hoy en el teatro Ocampo cuyos fondos recaudados serán donados a la orquesta sinfónica infantil de Quebrantadero, en el municipio de Axochiapan.

Espectáculos como el de Sting no hacen más que posicionar positivamente a estados como Morelos, a su gente y a México. El público salió feliz mientras cantaba Englishman in New York.

gloaezatovar@yahoo.com

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