Por Guadalupe Loaeza.

 En la cena a nuestro amigo y colega Sergio González Rodríguez, por el reconocimiento del Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, me enteré de muchos secretos de la FIL.

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En la mesa donde nos encontrábamos la conductora de televisión Gloria Calzada, Carlos Wolstein de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, el periodista Jesús Silva-Herzog Márquez, la española recién llegada Margarita Kramer y “Rafa”, como todo el mundo llama a Micha Smeke, hablamos de las presentaciones de libros más exitosas del día, de las que sobresalió la de Rafael Tovar y de Teresa, a cargo de Ricardo Cayuela y Carlos Tello: De la paz al olvido, un título bellísimo que nos habla del final de la vida en París de Porfirio Díaz y de la vinculación de México con el resto del mundo. Todos coincidimos en que el comentario de Tovar más celebrado fue cuando dijo que si hace 10 años un funcionario público se hubiera atrevido a publicar un libro objetivo sobre Díaz, hubiera perdido su “chamba”. Igualmente comentamos la cantidad de eventos lúdicos organizados por las casas editoriales fuera de la FIL: cenas, cocteles y escapadas al Salón Veracruz para bailar “salsa” y encontrarse a muchos escritores y editores cerrando la noche. Un ejemplo de ello es que después me fui corriendo a la fiesta concurridísima de Planeta para después salir corriendo a la cena que cada año organiza, en el Santo Coyote, Rogelio Villarreal, director de Océano. Todos brindamos con tequila.

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Las otras mesas con personalidades del mundo editorial y artístico estaban también muy animadas. El homenajeado, Sergio González Rodríguez, no dejaba de platicar con la bellísima actriz Cecilia Suárez, con Sara Schulz y Andrés Ramírez, director literario de Penguin Random House. Carla Zarebska, como buena anfitriona, iba de mesa en mesa saludando a Ana Lilia Cepeda, a Diego Echeverría de la Editorial Ink, a Paola Tinoco y a Ricardo Nudelman de la editorial Anagrama y a Eric R. Mercier, delegado de Quebec en México.

Rafa, que sabe todo de todo, nos contó que Roberto Rébora, editor de Ditoria, y Dominique Chapuy contaban con libros artísticos hechos a mano de gran belleza. “Tienen que ir a su stand que está a un lado de la editorial Sexto Piso”. Silva-Herzog asentía sonriente a estos secretos ya conocidos por él.

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Durante la hora del café, Rafa nos descubrió el mejor secreto guardado de la FIL: las cinco exposiciones maravillosas del museo Cabañas. “No dejen de ir. No se las pueden perder”, nos decía Rafa con gran entusiasmo. Al otro día muy temprano, mi amiga Margarita Kramer y yo fuimos al Hospicio Cabañas. El día era maravilloso, un sol radiante, un cielo azul y una temperatura, para el mes de diciembre, muy agradecible. El magnífico edificio de Manuel Tolsá (declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1997), que abrió sus puertas en 1810 y que alberga 23 patios, se veía majestuoso.

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La primera exposición nos sorprendió sobremanera. Se trata de la obra de David Shrigley, artista británico, tremendamente popular y admirado por sus caricaturas llenas de humor mordaz. De las tres salas de la exposición, una, quizá la más grande, exponía en sus dos muros paralelos decenas de caricaturas pegadas una al lado de la otra. ¡Cómo nos hemos reído con su tremendo humor negro! ¡Cómo nos divertimos con sus grafitis y cómo disfrutamos sus mordaces textos! Seguramente los visitantes de museos como la Tate Gallery de Londres o el MoMA de Nueva York también se rieron a carcajadas, como nosotras. Nuestro humor cambió por completo cuando entramos a la sala titulada Presencia del exilio español en la arquitectura mexicana. Nos sobrecogió, sobre todo a Margarita, constatar los maravillosos talentos que tuvieron que abandonar España por la dictadura de Franco. Al descubrir la maqueta del Edificio Chilpancingo (1947), la cual me resultó tan familiar, ignoraba que su arquitecto había sido el español Juan de Madariaga. Entre las muchas fotografías de edificios y arquitectos, encontramos la emotiva carta de Félix Candela a Carlos de Miguel, presidente de Arquitectos de España, en donde le niega su invitación a visitar España: “… fuera de España tenemos una situación de privilegio, puesto que no nos hemos visto forzados a una serie de pequeñas claudicaciones personales que, individualmente, parecen no tener importancia pero que, en su conjunto, tienden a producir el envilecimiento de la vida colectiva…”.

Las otras tres magníficas exposiciones del Cabañas acerca del pintor español Vicente Rojo, Mathias Goeritz y de los 57 frescos del jalisciense José Clemente Orozco, merecerían otro texto…

gloaezatovar@yahoo.com

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