Por Guadalupe Loaeza.

¡Bienvenida, gran metrópoli! Una de las más grandes del mundo y de las más visitadas de todas partes del planeta tierra por sus tesoros arquitectónicos y por su pasado mítico. Ciudad historia, ciudad capital de la República, ciudad fundada en 1325, ciudad de leyendas, ciudad del águila posada sobre un nopal devorando una serpiente, capital de los mexicas; ciudad de monumentos, de la Plaza de la Constitución, del Antiguo Colegio de San Idelfonso, del Templo Mayor; ciudad de los palacios, primera ciudad de la gran catedral de la Nueva España, ciudad de invasiones extranjeras, ciudad solidaria, ciudad de museos, ciudad poética, ciudad de murales, ciudad de El Caballito, maltrecho, ciudad de izquierda; pero también, ciudad de pasiones buenas y malas, ciudad de inundaciones, terremotos y protestas sin fin. ¡Mi ciudad!

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Antigua como eres, naciste otra vez el 29 de enero de 2016. Monumental como eres, con los años, te convertiste en la cuarta más poblada del mundo, es decir, que cuentas, mi querida ciudad, con más de 20 millones habitantes. Pobrecita, porque entre autos, autobuses, camionetas y motocicletas, te agobian 3.5 millones de vehículos. Si a lo anterior le agregas una red de vialidades saturadas con desarticulaciones e ineficiencias en la coordinación de los diversos tipos de transporte, me comprenderás mejor por qué razón llegué tarde a tu bautizo. Esa mañana, todas las calles aledañas al Zócalo estaban saturadas, cerradas, especialmente 20 de Noviembre, no había manera de pasar. “Tengo que llegar a la calle de Corregidora, a la puerta 8, entrando por Venustiano Carranza, a espaldas de la Suprema Corte, entre Soledad y Corregidora, allí me están esperando…”, le suplicaba al policía que se encontraba frente a las rejas que resguardaban el Palacio Nacional. “No insista, señora, ya empezó el evento. No soy yo el que no le permite pasar, es el Estado Mayor de la Presidencia”. Para colmo, mi querida ciudad, hacía mucho frío. Tenía la punta de la nariz y las manos heladas. “Este bautizo se trata de un hecho histórico, uno de los logros de mayor alcance de nuestra historia. Hoy, usted y yo, somos testigos de un paso muy grande que tiene que ver con la construcción de nuestra autonomía. Por eso se encuentra presente Enrique Peña Nieto, los principales representantes de los poderes Judicial y Legislativo federales, gobernadores, funcionarios y académicos. También está, naturalmente, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien a partir de hoy será jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Ándele, no sea malo, déjeme pasar. Qué más le da… Seguro ya llegaron los padrinos de la recién nacida: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. Créame que no me puedo perder este acontecimiento. No me lo perdonaría jamás”, le decía al señor con casco y su uniforme azul marino. Y por más que le suplicaba al agente, menos cedía. Opté por retirarme y encaminarme hacia tu Palacio de los Azulejos para tomarme un cafecito bien caliente.

No habré llegado a tiempo a tu anhelado bautizo, pero no por ello dejo de valorar la enorme importancia que significa tu llegada. En primer lugar, los capitalinos debemos decir “Bye, bye, Distrito Federal” y “Welcome, Ciudad de México”, entidad federal número 32. Eso sí, a pesar de estos cambios, te mantienes como la capital del país y el corazón de la República Mexicana. Tendrás muy pronto, mi querida ciudad, tu primera Constitución Política, moderna y de avanzada. Ya no habrá delegaciones políticas y se crearán demarcaciones territoriales, encabezadas por un alcalde. Serás dueña de un congreso local, lo que quiere decir que aprobarás o rechazarás reformas constitucionales. Los ciudadanos decidiremos nuestros derechos y deberes. El jefe de Gobierno nombrará al procurador de Justicia y al jefe de la Policía, sin tener que consultar al Presidente. Tus salarios no podrán ser inferiores al mínimo para los trabajadores. Tendrás nuevos carros de basura, ultra modernos, y aplicarás el reglamento de tránsito que apenas entró en vigor a finales del año pasado, el cual incluye severas sanciones, como por ejemplo, si el conductor usa un teléfono celular mientras circula, deberá pagar 2,466 pesos de multa, si maneja sin póliza de seguro, según el artículo 46, pagará una sanción de 2,798 pesos, etcétera, etcétera.

Hoy como nunca te puedo decir que te amo, Ciudad de México, porque desde que era muy niña te patinaba, te rodaba en mi bicicleta y te caminaba durante horas en el Centro Histórico en compañía de mi madre. Ahora, es verdad, te padezco, pero no podría vivir en otra ciudad que no fuera la Ciudad de México. Cambiemos gustosos, pues, la letra de la canción de Chava Flores: “Sábado Distrito Federal”, por “¡¡¡Sábado Ciudad de México!!!”.

Siempre tuya, una humilde mexiqueña, o chilanga o lo que tú ordenes.

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