Por Guadalupe Loaeza.

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Queridos nietos y nietas:

Les tengo una espléndida noticia, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, tuvo a bien de nombrar, junto con 27 ciudadanos más, a su abuela como parte del Consejo el cual redactará la primera Constitución de la Ciudad de México. Deben saber, mis queridos nietos, que quienes tendrán la última palabra sobre el contenido de esta Carta Magna, como también se le llama a la Constitución, serán los ciudadanos de la capital. Es decir, sus padres, sus maestros y todos aquellos nacidos en la Ciudad de México que sean mayores de 18 años podrán decidir derechos, deberes y forma de gobierno.

“Bueno, pero qué es una Constitución”, tal vez se pregunten intrigados. Intentaré explicárselos de la manera más llana y simple que pueda. Una Constitución es un texto jurídico solemne que explica la organización de los poderes, pero también los derechos y los deberes fundamentales de los ciudadanos de un país. La Constitución es el texto de la más alta jerarquía en lo que se refiere a las leyes, lo cual significa que otros textos de reglamentos, decretos, etcétera, deben respetar la Constitución política local pero también la federal. Nuestra Constitución federal existe hace 99 años y qué creen, ha sido reformada 600 veces. Por ello su abuela pondrá mucha atención en lo que proponga, especialmente en relación a los derechos de la mujer, para que con el tiempo se respeten y no cambien según quien gobierne la Ciudad.

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Queridos nietos, créanme que estoy muy consciente del honor y del privilegio que significa esta nueva responsabilidad. A partir de ahora leeré muchísimo sobre el tema y, lo más importante, preguntaré a los que sí saben. En otras palabras, será ésta una espléndida oportunidad para aprender, entender y comprometerme aún más con la ciudadanía de esta nueva entidad política soberana e independiente que se llama Ciudad de México.

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Tomás, hace unos días me comentaste que en el Liceo Franco Mexicano te habían dado a leer Los Miserables de Victor Hugo. Me pareció increíble que un joven de 13 años pudiera tener ese tipo de lecturas. (No se lo digas a nadie, pero a tu edad yo leía la Familia Burrón en donde de alguna manera, doña Borola, la protagonista, defiende también mucho a los miserables de nuestro país). Pues bien, Victor Hugo fue asimismo constitucionalista de la Segunda República. En su discurso ante la Asamblea del 15 de septiembre de 1848, como diputado constituyente pidió que se aboliera en la Constitución de Francia la tortura, pero sobre todo, la pena de muerte. Desde que tenía 21 años estaba contra este hecho de “barbarie”. Con toda su autoridad moral dijo el poeta: “Voto la abolición pura, simple y definitiva de la pena de muerte”. Sobre este punto su amigo Lamartine, igualmente poeta, lo apoyaba absolutamente. También propuso que en la Constitución dijera que debería “bajar la riqueza”, ya que en esos años, en lugar de disminuir, “aumentaba la pobreza”.

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Otras de sus propuestas tenían que ver con la libertad de expresión de la prensa francesa y con el aumento del presupuesto del gobierno para el bien de la cultura y la ciencia. Desafortunadamente, en relación a la abolición de la pena capital, la Asamblea se niega apoyar al poeta con 498 votos en contra y 216 a favor. Qué tan congruente y convencido de sus ideas habrá sido Victor Hugo que 19 años después de su discurso en la Asamblea contra la pena de muerte le manda una carta a don Benito Juárez suplicándole que no mandara fusilar a Maximiliano: “El usurpador será perdonado y el liberador no ha podido serlo, lástima. Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, tomé la palabra en nombre de la democracia, y pedí a Estados Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré? Sí. Y tal vez en estos momentos ya ha sido cumplida mi petición Maximiliano le deberá la vida a Juárez. ¿Y el castigo?, preguntarán. El castigo, helo aquí, Maximiliano vivirá ‘por la gracia de la República’. Victor Hugo Hauteville House, a 20 junio de 1867″.

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Queridos nietos, a pesar de que aún no cumplen 18 años, les propongo reunirnos lo más pronto posible para que me den ideas acerca de los derechos y las obligaciones que deberán tener los niños y las niñas de la Ciudad de México. En especial el derecho de las niñas a no ser obligadas a casarse antes de los 18 años (en algunos estados ya está en su Constitución). La Constitución de la Ciudad de México deberá impedir los matrimonios tempranos. ¿Verdad que sí? Les mando todo mi cariño patriótico. Su abuela Constitucionalista.

gloaezatovar@yahoo.com

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