Por Guadalupe Loaeza.

¿Qué tan anestesiada estará la conciencia de los Peña? Como primer mandatario y primera dama del país, ¿buscarán el camino del privilegio, más bien el beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos? ¿Qué tan responsables se sienten, los dos, del México que queremos, el país que deseamos dejar a las generaciones futuras? ¿Entenderán que es urgente la formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro, como corresponde en la causa común de promover el desarrollo nacional? ¿Comprenderán a cabalidad que los daños de la corrupción, la suya, también la de los corruptos, sus congéneres, no hacen más que gravar sobre los más débiles y los más pobres? ¿Acaso la corrupción no es el pecado que tiene más a mano aquella persona que tiene autoridad sobre los otros, sea económica o políticamente hablando? ¿Qué tanto habrán entendido y asumido los Peña las palabras de todos los discursos del Papa Francisco los cuales, por cierto, les quedaban como anillo al dedo? ¿Tendrán los Peña la conciencia tranquila?

Desencuentro entre los Peña: desde que los Peña recibieron a su Santidad en nuestro país, sus desencuentros frente a los medios han sido más que evidentes. En varias ocasiones, vimos que en tanto el Presidente encamina al Jefe de la Iglesia ya sea en el hangar presidencial o en el interior de Palacio, la primera dama aparece en segundo término. Por momentos confundida, no sabe de qué lado ponerse, si del de su marido o el del Papa. No puede evitar ver de reojo a Peña, con una mirada de “pistola”, la misma que expresaba durante sus desencuentros en el viaje de los reyes de España a nuestro país. El respectivo lenguaje corporal de los Peña no muestra ni complicidad ni, mucho menos, vínculo afectivo. Con toda naturalidad, el Presidente se dirige hacia el invitado especial, le platica, le informa, le muestra algo de interés, en cambio, su esposa no tiene espacio para dirigirse al Papa Francisco. No sabe qué hacer con los brazos, si cruzar o no las manos, ni cómo pararse. “La Gaviota nada más está de adorno. No sabe qué hacer cuando se encuentra a un lado de su Santidad si mirar hacia la cámara mostrando su mejor ángulo o hacer un esfuerzo por establecer un mínimo contacto con el Papa”, me comentó una amiga observadora y perspicaz. ¿Qué concepto le merecerá el matrimonio Peña al “padre Jorge”, como le gusta al Papa que lo llamen?

La Gaviota: si observamos con cuidado el video (YouTube) del momento de la bienvenida que hace el gabinete de Peña al Papa Francisco, resulta más que llamativo que el secretario de Hacienda, después de estrechar la mano de Jorge Mario Bergoglio, haya ignorado por completo a la primera dama. Tanto que cuando Luis Videgaray se alejó, la primera dama no tuvo otra opción más que mirarlo con absoluto desconcierto. “¿Cómo se atreve?”, parecía decir su mirada.

Así de desconcertados nos sentimos cuando advertimos que Angélica Rivera de Peña llevaba un vestido (diseñado por Benito Santos) color crema del mismo, mismo tono de la vestimenta del Sumo Pontífice, el día en que fue recibido en el hangar presidencial. Nos preguntamos quiénes serán sus asesores respecto al protocolo, especialmente cuando se reciben personalidades de la talla del Papa Francisco. ¿Por qué nadie le dijo que no debió de haberse vestido de blanco? Al Papa, quien seguramente no se fija en esas trivialidades, intuyo que en esta ocasión no le ha de haber caído nada bien. En suma, podemos decir que en este viaje tan importante para el pueblo y el Estado mexicano (¿laico?), a la primera dama se le vio insegura, sola, corriendo tras su marido y lanzando besos a sus admiradores, pero sobre todo, rebasada por las circunstancias.

Norberto: más delgado que nunca se le ha visto al Cardenal Norberto Rivera a lo largo de las imágenes televisivas de la visita del Santo Padre. Más negro que nunca se le ha visto el pelo al Cardenal, pintado seguramente con el tinte “Just for men” (¿cuántos millones de canas no ocultará debajo del tinte? Qué diferencia con la cabeza cana del Papa…). Más turbio que nunca se le ha advertido al titular de la Arquidiócesis más importante del país mientras acompaña a su jefe y Jefe de la Iglesia católica. Más hermética y secreta se ha visto la expresión de Norberto en el papamóvil. Más inquieto y preocupado se le ha descubierto a Rivera Carrera en diferentes ángulos de fotografías y tomas de la televisión. Más preocupado y tenso se le ha visto al Cardenal mexicano en tanto pretende parecer más comunicativo y relajado frente a su Santidad. Como dice el analista Elio Masferrer Kan. “La visita sólo aceleró el descrédito de Rivera Carrera, a quien ya desde antes se le viene pronosticando poco tiempo al frente de la arquidiócesis, principalmente por sus fuertes nexos con la clase política” (Proceso).

gloaezatovar@yahoo.com

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