Por Guadalupe Loaeza.

 

No hay duda, el papa Francisco, vino a nuestro país a “echarnos ganas”, expresión que ignoraba su Santidad y que de inmediato adoptó gracias al discurso de Manuel, el joven de 14 años que empezó a perder la posibilidad de caminar desde los cinco debido a una distrofia muscular. “Me gustó esa expresión que usaste: ‘Echarle ganas’, como la actitud que tomaste después de hablar con tus padres. Comenzaste a echarle ganas a la vida, echarle ganas a tu familia, echar ganas entre tus amigos; y nos has echado ganas a nosotros aquí reunidos. Gracias”, señaló el papa argentine totalmente conmovido por las palabras del adolescente.

Confieso que en lo personal, no me gustaba la expression, “echarle ganas”; la encontraba demasiado trillada, me parecía un lugar común e incluso, cursi. Pero ahora, pronunciada por Manuel y por Francisco, de pronto adquirió otra conotación. Me dije, no sin  ingenuuidad, que el mundo se dividía en dos: en los que le echaban ganas a la vida, y en los que se negaban a echarle ganas. Imagino que son los mismos que tienden a resignarse con toda facilidad, concepto, del que también habló Borgoglio frente a muchos sacerdotes:

“(…) una de las armas preferidas del demonio, es la resignación, y qué le vamos hacer, la vida es así, una resignación que nos paraliza, que nos impide no sólo caminar sino también hacer camino, que nos atrinchera en nuestras sacristías”, expresó el máximo jerarca Católica.

Dicho lo anterior yo le recordaría, con todo respeto santo, a su Santidad, la NO resignación de los padres de los 43 normalistas. Le diría algo como: “Ellos, papa Francisco no se resignan, no están atemorizados y continúan su lucha desde su trinchera. Desde que sus hijos desaparecieron no han dejado de “echarle ganas” a su búsqueda por la verdad. Por eso su Santidad, ayer Epifanio Alvarez Carbajal vocero del grupo y padre de uno de los normalistas ausentes, lamentó el hecho de que usted no los hubiera recibido “por lo menos un instante”. Están muy desilusionados, “más porque es la religión que tenemos, esperábamos su apoyo para seguir la búsqueda de nuestros hijos” Usted que exalta tanto a la familia, qué se podrá hacer para que estas familias mexicanas, no se sientan tan abandonadas por los gobernantes y la mano de Dios. El que no entiende la falta de resignación, es Lombardi, el portavoz del Vaticano: “Veo un poco extraño que continuamente, durante días y días y días, se hace presión”. ¿Cómo no hacer presión ante el mundo a su dolor y a la falta de certidumbre respecto lo que realmente sucedió en relación a sus hijos, “sólo se buscaba una palabra de aliento o consuelo para continuar en la tarea de búsqueda de los estudiantes desaparecidos”, dijo Epifanio. Usted, que nos ha dicho palabras hermosísimas sobre el perdón, ¿cómo quiere que estas familias tan desconsoladas, perdonen si les han matado a sus hijos. Usted mismo ha dicho:

“El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma. El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios. El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente. Es por eso que la família tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad”.

Con esa imposibilidad de perdón, ¿cómo quiere Santo Padre, que le echen ganas a la vida? A lo único que le pueden echar ganas es a su obsesión por que se les haga justicia. Dice usted, que Dios hace justicia con su misericordia. ¿Por qué entonces no se la ha brindado a estos padres tan desconsolados y a los que les han cometido una terrible injusticia. Ahora comprende por qué estos padres de familia rota y dolida se rehusaron de ir a la misa de Ciudad Juárez que oficio ayer?  No, ellos, no se resignan. Prefieren seguirle echando muchas ganas a su desvelo. Lo que lamento, de todo corazón, papa Francisco, y se lo digo con todísimo respeto, es que teniendo una espléndida oportunidad frente a todo el mundo, no le echo ganas en lo que se refiere al  apoyo a los padres normalistas. Ni una palabra de consuelo y de aliento”. Algo así le diría al jefe de la Iglesia Católica si hubiera viajado en el mismo avión en que se regresó a Roma.

¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos podría asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo

seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar.

Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación.

¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos podría asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener una y otra vez frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

Creo que podríamos resumirla con la palabra resignación. Frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar.

gloaeza@gmail.com

Anuncios