Por Guadalupe Loaeza.

Fotografías de Publimetro.

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Ayer tuve la fortuna de ser guiada por mi amigo Pável Granados por los laberintos del erotismo. No, no nos fuimos de parranda ni tampoco fuimos a una sex shop. Visitamos la exposición que él organizó a lo largo de ocho meses y que se titula Erotismos. La vida íntima de los objetos, la cual se inauguró el miércoles 20 en el Museo del Objeto de la colonia Roma (Colima 145), una exhibición que comprende de mil objetos, relacionados con el erotismo en todas las épocas, desde el can-can hasta hoy, con los juguetes sexuales fabricados con tecnología de punta. Gracias a la generosidad de casi cuarenta coleccionistas se pudieron reunir pinturas, vestuario, publicaciones, publicidad, tarjetas postales, muebles, películas, muñecos, carteles de cine, afeites, discos, implantes de seno, pelucas, caricaturas, esculturas, cómics, zapatos, estolas y decenas de fotografías con los sex symbols del siglo XX.

Al entrar a la primera sala, nos da la bienvenida una vitrina que nos muestra dos figuras de porcelana de Sevres, en las que se puede ver a Eros, el dios del amor, con sus flechas. Se nos explica por un texto en el muro la presencia del erotismo en otras culturas y se pueden ver piezas prehispánicas. Una de ellas me llamó mucho la atención: se trata de un carrusel, pero no es un carrusel normal, son pequeñas figuras humanas unidas en forma de trenecito por sus órganos masculinos. Asimismo, Pável Granados, autor de todos los textos que se presentan en el museo, nos advierte en la presentación:

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“Una sonrisa insinuante nos dirá que pasemos, luego seguiremos un rostro que nos guiñará un ojo. Cuando lo queramos tocar, se va a desaparecer o a transformar en una pasta de dientes. Pero ya no podremos salir… porque cantará para nosotros María Victoria, bailará Tongolele, Marlon Brando se quitará la playera… y ya no habrá de otra más que seguir por los pasillos del erotismo”.

La segunda sala está dedicada al arte mexicano erótico. Ahí vimos una espléndida pintura de Nahui Ollin, en la que se ve a la bellísima pintora de ojos verdes haciendo el amor con un marinero muy fornido de enormes ojos negros. No lejos de esta obra de arte se encuentra la trenza de Nahui Ollin a la que imaginé con una melena rubia que seguramente despertaba grandes pasiones. Sus fotografías, que también están en esta sala, son la máxima expresión del erotismo. En este espacio también se encuentran obras de Julio Ruelas, Ricardo Regazzoni, José Luis Cuevas, Manuel Rodríguez Lozano y Ricardo Martínez, entre otros.

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Unos pasos después se encuentra la tercera sala que comprende la publicidad erótica: hay cajetillas de cigarros, charolas, carteles, revistas, encendedores, pero sobre todo las ilustraciones de Galas de México, la empresa que hacía los calendarios antiguamente y que prestó el museo Soumaya. En piso superior se encuentra una línea de tiempo que empieza con el can-can, el baile que llegó de Francia en 1869, y a cuyo estreno acudió tanta gente que casi invade el palco presidencial de don Benito Juárez. Vemos las imágenes de French can-can intepretado por María Félix y los primeros cabarets franceses de finales del siglo XIX. Más adelante están también los mexicanos. Una las piezas que más le gustan a Pável es el vestido de una joven flapper de los años 20, que perteneció a Lupe Rivas Cacho, quien encendió la pasión de Diego Rivera. Me contó Pável que cuando ella fue a París, los franceses que la vieron en el teatro exclamaron: “¡Un mármol que canta!”

A mí encantó ver las minifaldas, las pantimedias, la colección de bradesde 1920 así como las fajas, las tiranteras, los primeros condones, los primeros vibradores (increíbles). (Pocos saben que los vibradores los recomiendan los médicos contra las várices y la flebitis.) A propósito, están expuestos los vibradores 2016, que no tienen nada que ver con los antiguos, porque los de hoy son muy elegantes. Incluso se pueden llevar de viaje porque son muy discretos.

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Como un ejemplo de sensualidad y de erotismo, me encantó ver la fotografía de Arielle Dombasle rodeada de su colección de zapatos de Louboutin (los de talón rojo). También es espléndida la colección de fotos de rumberas que van desde María Antonieta Pons a Rosa Carmina, incluyendo el vestuario de Amalia Aguilar, quien aparece en la película de Tin Tan Calabacitas tiernas, por lo que le gritaban en la calle: “¿Calabacitas tiernas? ¡Ay que bonitas piernas!” Y no hay que olvidar los zapatos de María Rojo que usó en la películaDanzón. Dice Pável que está muy orgulloso de haber encontrado el archivo de la Legión de la Decencia, que luchó por muchos años contra el chachachá, las rumberas y el erotismo en general.

Qué contenta ha de estar Paulina Newman, directora del Museo del Objeto, con esta exposición tan única y excepcional. No me queda mas que decirles: vengan al MODO y ¡¡¡e-ro-tí-cen-se!!!

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gloaezatovar@gmail.com

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