Por Guadalupe Loaeza.

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3En medio de tantas malas noticias, rumores, devaluaciones, propaganda electoral y terribles contingencias, la exposición El arte de la indumentaria y la moda en México. 1940-2015, que se presenta en el Palacio de Iturbide, viene siendo como un bálsamo para el alma, una cita de amor postergada desde hace muchos años y un reencuentro con lo que fuimos, somos y seremos siempre a pesar de las declaraciones del ugly american.

Gracias al patrocinio de Fomento Cultural Banamex y la Secretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Culturas Populares que encabeza Alejandra Frausto, y con la colaboración del INAH y la Cineteca Nacional, El Palacio de Hierro y Vogue México podemos admirar boquiabiertos, sí, con la boca abierta, 400 piezas comprendidas en 100 colecciones particulares que representan casi un siglo de arte popular, desde los años 40 hasta nuestros días con los vestidos mágicos de Armando Mafud, pasando por diseñadores como Ramón Valdiosera, Armando Valdés Peza, Manuel Méndez, Pedro Loredo, Esteban, Carmen Rión, Lydia Lavín, Carla Fernández, Pineda Covalín, Macario Jiménez, Lorena Saravia, Trista, Yakampot y Pink Magnolia.

No obstante que encontramos pocos nombres de las diseñadoras indígenas, esta exposición nos deja en claro que la moda existe también en estas comunidades. ¡Cuánta creatividad, talento y buen gusto! Y todo eso ¿diseñado exclusivamente por manos mexicanas? ¡Cuánto patrimonio cultural vivo existe en nuestro país! Sin duda la diversidad es nuestra mayor fuerza. ¿Por qué entonces cuando era joven, doña Lola nunca me compró un huipil amuzgo de Oaxaca? ¿Por qué entonces las niñas bien gastaban fortunas en vestidos de Pierre Cardin, en lugar de haber adquirido uno de Pedro Loredo? ¿Por qué en esa época el must era tener un collar de perlas con sus respectivos aretes, pero jamás una cruz de Yalálag con arracadas de plata? ¡Cuánto malinchismo nos embargaba sin siquiera darnos cuenta! Ahora, sin embargo, vamos felices de la vida a una boda con un traje de Macario o un huipil de Victorina López o Carmen Vázquez. No hay duda que lo que elegimos al vestir nos define. Una pregunta que nos hacemos a diario es: “¿qué me pongo?”. Por eso esta exposición revalora tantas cosas que no nos hemos atrevido a ponernos. Esta exposición es un ejercicio de la memoria respecto al guardarropa de las abuelas, las tías y las mamás.

La curaduría de Ana Elena Mallet y Juan Rafael Coronel, bajo la dirección de Cándida Fernández, directora de la fundación Fomento Cultural Banamex, nos lleva de la mano a lo largo de 75 años de historia de la moda de nuestro país. Para la curadora, quien invirtió más de dos años en la investigación, fue un gran reto conseguir las piezas, ya que en México no hay costumbre de coleccionismo en moda, con excepción del gran visionario Rodrigo Flores.

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Le debemos a este coleccionista poder ver en vivo uno de los sombreros retratado en el cuadro de Diego Rivera dedicado a Henri de Chatillon (1944), modisto de María Félix. También, gracias a Rodrigo, la exposición nos muestra varios vestidos ma-ra-vi-llo-sos de la Doña que usó en la película La diosa arrodillada (1947).

No podía faltar, asimismo, la pintura de Silvia Pinal y el vestido negro con el que la pintó el gran muralista. ¡Qué cinturita tan avispal tenía entonces la actriz! Dicen que se vieron obligados a recortar la cintura del maniquí para que le cupiera el modelo. Las pinturas de Rivera, María Izquierdo, Roberto Montenegro, Miguel Covarrubias y Juan Soriano son testigos de la historia de la moda y la indumentaria. Lástima que no vimos pinturas ni trajes de Frida Kahlo, porque si alguien fue fashionista con vestidos mexicanos, era ella.

Por su parte, Juan Coronel, gran conocedor de las expresiones culturales indígenas y mestizas, seleccionó lo más representativo de la indumentaria de México, desde fajas, rebozos, quechquémitls, trajes de charro, vestidos de china poblana, de tehuana y piezas que reúnen moda y tradición.

Un ingrediente fundamental de esta exposición, aparte de las fotografías donde se muestran los desfiles de modas que organizaba Henri de Chatillon en los vuelos México-Acapulco, es la selección de películas mexicanas, de la época del Cine de Oro, realizada por Nicolás Alvarado. No sabía qué ver, si el maniquí con un vestido del entrañable modisto Manuel Méndez o la película Cuando tejen las arañas (1979).

Gracias al encuentro de la moda mexicana. Hacía mucho tiempo que no viajaba con tanta intensidad por diferentes épocas de mi vida. No dejen de ir a la exposición. Créanme que vale muchísimo la pena.

gloaezatovar@yahoo.com

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