Por Guadalupe Loaeza.

Querido Alejandro:

3Decidí escribirte una carta para decirte todo lo que me inspiras. No hay duda de que el género epistolar le permite a uno expresarse desde el fondo del corazón. Y como sé que mis palabras van dirigidas a un poeta, pues qué mejor ocasión de hacerlo en este muy merecido homenaje que te ofrece el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM Xochimilco, por una trayectoria rica de experiencias pero sobre todo de sabiduría.

Sí, Alejandro Ordorica, eres un poeta nato. ¿Acaso no obtuviste el premio único del Séptimo Certamen Nacional de Poesía organizado por la casa editorial Tinta Nueva, junto con el INBA y el Conaculta de entonces? Además de haber sido reconocido en esa ocasión por tu trabajo político y de servidor público, te distinguían por la labor de un funcionario que siempre se ha preocupado por la cultura y por el fomento de la lectura. Dime, Alejandro, ¿cuántos libros has leído en tu vida? ¿Con cuántos protagonistas de novelas te has identificado? ¿Quiénes son tus heroínas? Sé que eres gran admirador de Miguel Ángel Asturias, Elizabeth Arciniega y Alejo Carpentier. Sé que los has estudiado a fondo y que incluso has ofrecido conferencias a propósito de su obra.

Igualmente sé que te apasiona el periodismo y que te gustaría que hablara de los medios de comunicación. Te confieso que en estos momentos, los medios de comunicación me tienen aterrada por todo lo que me entero a través de la radio, televisión y prensa. A veces prefiero ya no enterarme de nada respecto a la realidad del país. En ocasiones tengo deseo de hacer como seguramente hace Peña Nieto, imitando a los avestruces. “No veo, no escucho, no oigo”, parece decirnos este gobierno. Pues así, qué padre, ¿verdad? Hablando de los medios, he notado que últimamente hay como un coro, como los coros de la Grecia Antigua que solían presentar el contexto y resumir las situaciones para ayudar al público a seguir los sucesos con comentarios sobre los temas principales de la realidad. Te invito, mi querido Alejandro, a hacer un ejercicio periodístico. Si mañana reúnes todos los diarios que se publican en el país, más los blogs, más las páginas de internet y más las redes sociales, seguramente te darás cuenta del enorme coro representado por muchos líderes de opinión que dicen lo mismo, que hablan del vacío del poder, de la corrupción, de la impunidad, de la violencia, de las contingencias, de los dimes y diretes entre los candidatos a las 12 gubernaturas por los que se votarán el 5 de junio, etcétera, etcétera. Son decenas de periodistas, muchos de ellos cuentan con toda la credibilidad de los lectores que dicen lo mismo, que se quejan de lo mismo y que denuncian lo mismo. Lo más llamativo de todo es que los señores del gobierno, como los llamaba doña Lola, no se percatan de nada. No escuchan al coro, que representa la voz de millones de mexicanos que ya están hasta el gorro de ver a nuestro país hecho una piltrafa. ¿Ahora entiendes por qué ya no quiero leer los periódicos, ni ver las noticias? Porque ya es difícil separar la nota roja del asunto nacional que está fundamentalmente ligado a la corrupción y a la poca atención del “grupito” que gobierna con absoluta falta de sensibilidad. El país no les interesa, lo único que les interesa es ganar elecciones y permitir que el saqueo continúe.

No, Alejandro, en tu homenaje prefiero hablar de tu poesía, de tu libro de cuentos, de lo enamorado que estás permanentemente de Martha Chapa. Contigo quisiera compartir el México de los boleros, el de las serenatas, el de Amparo Ochoa, el de tu amigo Carlos Monsiváis, el de la Zona Rosa de los sesenta, el de periodistas como don Manuel Buendía, Miguel Ángel Granados Chapa, Germán Dehesa, Carlos Montemayor, Carlos Pereyra y don Paco Martínez de la Vega. Contigo quiero hablar de las películas de El Indio Fernández, del fotógrafo Gabriel Figueroa y María Félix. Contigo quiero hablar de La familia Burrón, de Los Polivoces, de los hermanos Soler y de Salvador Novo. Puesto que tú y yo tenemos la misma edad, qué horror, no se lo digas a nadie, quiero hablar contigo de los primeros libros de La China Mendoza, de Elena Poniatowska y de la poesía de Rosario Castellanos. Mejor hablemos de El tío Polito, de Manolín y Shilinsky y de las rumberas. Te repito, Alejandro, más que como político, me gustas muchísimo más como poeta y como testigo de un México cada vez más lejano y desdibujado.

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Gracias por haberme permitido escribirte esta carta tan nostálgica, pero escrita con mucho afecto, respeto y admiración por ti, mi amigo Alejandro Ordorica.

gloaezatovar@yahoo.com

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