Por Guadalupe Loaeza

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Hoy, 14 de julio, aniversario de la Revolución Francesa de 1789, seguramente el coiffeur personal de Francois Hollande puso más esmero que de costumbre tanto en el corte como en el peinado del Presidente. ¿De qué habrán hablado el presidente francés y Olivier B., mientras le daba los últimos retoques?

-Oh, là là!, la noticia que osó publicar el semanario Le Canard enchainé ha corrido como pólvora. Ahora todos los diarios del mundo no hablan de otra cosa que no sea el “salario del coiffeur”.

-Eh oui, monsieur le President! Si a lo anterior le añade lo que confirmó a todos los medios su vocero, Stéphane Le Foll, en relación a mi salario mensual de 9,895 euros (201,516.00 pesos), obligadamente la noticia tenía que convertirse en el hashtag #CoiffeurGate, acompañado de las fotografías menos halagüeñas del señor Presidente.

-Helás!, ya me las mostraron. Eran terribles, sobre todo en estos momentos en que nada más tengo el 13% de aprobación. Le diré que monsieur Le Foll tuvo razón de hablar con la verdad, de lo contrario hubiera sido peor.

-¿Se da cuenta que el semanario satírico hasta publicó el contrato que tengo firmado con la que era la directora del gabinete, Sylvie Hubac, desde el 16 de mayo del 2012? En él se leía que “Olivier B. estará contratado durante todo el periodo presidencial, es decir cinco años, por lo cual su remuneración en términos brutos asciende a 593,700 euros (más de 12 millones de pesos)”. Y por si fuera poco Le Canard enumeró cuáles debían ser mis condiciones, es decir, total disponibilidad para el señor Presidente. ¿Se enteró del tuit que escribió su expareja, madame Valérie Trierweiler, desmintiendo que usted ya sabía lo que yo ganaba? “Seamos justos, F. Hollande no estaba al corriente del salario del coiffeur. Puedo atestiguar, que cuando se enteró más tarde, se puso furioso”. Con todo respeto, señor Presidente, creo que todavía lo quiere…

-Bien sur, bien sur… Sí, también me enteré de eso. Así como del comentario que hizo el vicepresidente del Frente Nacional, Florian Philippot. Parece ser que imitó mi voz y dijo: “Yo, el Presidente, exijo para que me corten el pelo, unas tijeras presidenciales, en oro macizo”. Ya verá, mon cher Olivier, cómo harán mofa de este incidente.

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-Si me permite, señor Presidente, el que estuvo muy bien respecto a todo esto fue René Dossier, escrutador de los gastos del Estado. Él dijo que no había motivo para despedirme ya que yo no había cometido ninguna falta profesional. Eso me tranquilizó mucho, porque estoy pagando, poco a poco, una casita de campo… Claro que no faltó el comentario del secretario de Estado, Thierry Mandon, quien dijo que era muchísimo dinero lo que me pagaba. No hay que olvidar, señor Presidente, que lo peino varias veces al día, cada vez que habla usted ante la prensa y el público, que tuve que cerrar mi salón de belleza en el distrito 17, y que en estos años no he estado ni en el nacimiento de mis pequeños hijos, ni cuando alguno de ellos se ha roto el brazo o ha sido operado. No se olvide que estoy a su disposición en el Élysée las 24 horas del día.

10-No se preocupe, mon cher Olivier, estoy encantado con cómo me peina. Además, el tinte que me pone me hace ver más joven. Le he de decir que a Julie le encanta mi pelo. ¿La vio usted en la portada de la revista Paris Match, del mes de mayo. En grandes letras y bajo su foto donde sale bellísima, se lee: “Julie Gayet aux marches du Palais”.

-¿Le gustó cómo le quedo su peinado, señor Presidente?

-Formidable! Ya llegó el Champagne. Permítame, Olivier, servirle su copa, para que juntos digamos desde el fondo de nuestro corazón: Vive la France!

-Vive la France! Et bonne chance, monsieur le President!

Todo lo anterior me hizo recordar que Luis XIV, el Rey Sol, puso de moda las pelucas para hombres. Toda su corte empezó a usarlas y como Francia dictaba la moda, esta costumbre se extendió por toda Europa. En 1680 el rey tenía 40 pelucas. En 1715 se empezaron a blanquear las pelucas con polvos de arroz o de almidón. En 1789 escaseó totalmente el pan para el pueblo a causa de la harina con la que polveaban las pelucas de Luis XVI y de la reina María Antonieta. De cualquier modo, yo también digo Vive la France!

gloaezatovar@yahoo.com

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