Por Guadalupe Loaeza.

¿Se puede perdonar lo imperdonable?

 

El que pide perdón, necesariamente se siente culpable, de lo contrario no reconocería públicamente que su “error” en el caso de la Casa Blanca, “lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el Gobierno”, como afirmó Enrique Peña Nieto en su discurso del evento del Sistema Nacional Anticorrupción. ¿Quién perdona a un presidente de la República? ¿Los gobernados, es decir, la sociedad? Pero a estas alturas del partido y después de tanta, tanta, tanta, tanta corrupción, e impunidad, ¿estará dispuesta la sociedad mexicana a perdonar al jefe de los priistas que perdona a sus congéneres más corruptos, como por ejemplo Javier Duarte, Roberto Borge y César Duarte, por citar a algunos? Con este “perdón”, ¿le apostará el Presidente a lo desmemoriado que es el pueblo mexicano? ¿Qué tan arrepentido estará realmente Enrique Peña Nieto de haber ofendido, con la adquisición de la Casa Blanca, al pueblo mexicano? ¿Y la Gaviota no va a pedir perdón? ¿Peña Nieto le va a pedir perdón a Carmen Aristegui y a su equipo?

 

Si en algo creo es en el perdón. Es bien sabido que el perdón sana, alivia y nos hace ser mucho más humanos. Allí está el perdón del obispo hacia Jean Valjean, el personaje de Los Miserables de Víctor Hugo, quien se roba unos cubiertos de plata, que pertenecían al obispo Myriel. Cuando lo atrapa la policía y lo lleva ante el obispo, éste afirma, para salvarlo y así perdonarlo a la vez, que también le había regalado unos candelabros. Jean Valjean no da crédito de la bondad del obispo. Allí está otro ejemplo, para la comunidad judía del mundo, el Día del Perdón, mejor conocido como Yom Kippur. El día más importante de su calendario. Dice el Antiguo Testamento (Levítico): “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación, tendréis santa convocación y afligiréis vuestras almas, ofreceréis ofrenda encendida al Eterno. Ningún trabajo haréis en este día porque es día de expiación, para reconciliaros delante del Eterno, vuestro Dios…”. Lo anterior quiere decir que, por medio del rezo y del arrepentimiento, el creyente se reconciliará con Dios, no obstante es fundamental reconciliarse también con el prójimo; para eso es costumbre que desde varios días antes los judíos soliciten el perdón de sus conocidos, viejos amores, familiares, e incluso enemigos. Hay que decir que este día es de carácter introspectivo y se dedica totalmente a una especie de autoexamen, no comen, no acostumbran arreglarse, no tienen relaciones sexuales, no trabajan, no usan artículos de piel (zapatos, bolsas, cinturones) y permanecen la mayor parte del día en el templo. Es importante hacer notar que los judíos liberales no acostumbran observar todo lo anterior.

Sin embargo, respecto a la Casa Blanca, el mal ya está hecho. Como dice el diario El País: “El presidente reconoció que el reportaje difundido por la periodista Carmen Aristegui en 2014 causó ‘gran indignación’. La investigación revelaba que el mandatario y su esposa, la actriz Angélica Rivera, poseían una lujosa mansión en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México. La casa fue construida y vendida por una de las empresas de Juan Armando Hinojosa, que ha sido favorecido con más de 80 contratos por la Administración del presidente priísta. La revelación llevó al despido del equipo de periodistas y obligó al Gobierno a abrir una investigación por un presunto conflicto de interés. La Secretaría de la Función Pública (SFP), parte del Gobierno, no encontró delito tras meses de pesquisas”.

 

Dice Peña Nieto que cada día está más “convencido y decidido a combatir la corrupción” y todos “tenemos que ser autocríticos, tenemos que vernos en el espejo. Empezando por el propio Presidente de la República”. Pero, si todas las mañanas el Presidente se ve en el espejo, ¿por qué hasta ayer fue realmente autocrítico y pidió perdón? Seguramente hay muchas razones: la presión de los empresarios, la de Estados Unidos, la de Morena, la del fracaso de las pasadas elecciones para el PRI y finalmente el 2018. Nada me gustaría más que creer en Peña Nieto. Nada me gustaría más que, a partir de ahora, se convirtiera en un ejemplo para los otros políticos que deberían asimismo pedir perdón. Y nada me gustaría más que perdonarlo de todo corazón, pero hay algo que me lo impide. Tal vez sea que ya es too late…

gloaezatovar@yahoo.com

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