Por Guadalupe Loaeza
BERNARD HENRI LEVY

Dice el filósofo e intelectual francés Bernard-Henri Lévy en su espléndido artículo “Errores tras la matanza de Niza” (El País, 18 de julio del 2016) que no se trata de un “lobo solitario”, que no era religioso, ni tampoco formaba parte de un grupo extremista, como lo han afirmando los medios internacionales respecto al asesino del 14 de julio. No se trata de elegir entre un psicópata o un terrorista. “Como si todos los terroristas no fueran psicópatas”. Para BHL, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el asesino del camión que segó 84 vidas y que dejara más de 200 heridos, era un terrorista y un psicópata. Según el escritor en la actualidad no se requiere de recibir órdenes de los jefes de un grupo terrorista, sino que bastaría por los medios modernos de comunicación como el tuiter. “Se puede ser un soldado del nuevo ejército y no haber sido reclutado, ni adiestrado, ni siquiera contactado nunca”. Líneas abajo, el también conocido como uno de los “nuevos filósofos” insiste en un punto fundamental para entender este tipo de actos terroristas: “El yihadismo golpea por todas partes, esa es la verdad. Le sobran objetivos y escoge, una vez más, según la lógica de la pura oportunidad. Un día Orlando. Otro, Túnez o Bangladés. Otro, si es allí donde encuentra la falla, Bruselas, Estambul o, como ahora, Niza. No hay que buscar en esta dispersión de blancos atacados a ciegas más sentido del que tiene. Sobre todo, no hay que hacerle a la yihad el regalo de imaginar no sé qué cerebro que programa sus ofensivas como quien juega una partida de ajedrez. Solo nuestras debilidades hacen fuertes a esas gentes. Y la tentación de sobreinterpretar, de ver signos sutiles por todas partes, de atribuir a esas almas mezquinas una dignidad lógica de la que carecen es sin duda una de nuestras debilidades”.

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Es una lástima que la avenida más bella de la Costa Azul, llamada la Promenade des Anglais, desde hace más de un siglo, se haya convertido, a raíz del acto terrorista del 14 de julio, en la Promenade de la mort… en la cual se ha paseado todo el turismo mundial. Entre todas las nacionalidades que visitaban la ciudad de Niza, la inglesa era la más amante de sus playas. De allí que, en 1856, el reverendo Lewis Way haya bautizado a su avenida principal como la Promenade des Anglais. Ya desde la “Bella Epoca” se veía desfilar a miembros de la aristocracia europea, o a pintores como Chagall, Henri Matisse y Raoul Dufy.

Durante el Imperio, a Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón, le encantaba pasearse por el malecón que rodea la avenida. Las emperatrices rusas solían hospedarse en el emblemático hotel Negresco o el Excelsior Regina. En los casinos de estilo oriental apostaban Luis I de Baviera y algún miembro de la familia Romanoff. Actualmente la ciudad de Niza es considerada como Patrimonio de la Humanidad. Su carnaval, sus fiestas, como las “batallas de flores”, su constante brisa, sus palmeras, sus pérgolas, sus prestigiosos fuegos de artificio, sus hoteles lujosísimos y sus características “sillas azules”, de madera, diseñadas en 1950, por Charles Tordo y las cuales se acostumbraba colocarlas a lo largo de la avenida con el fin de admirar el paisaje y las puestas de sol. Actualmente se encuentran en la terraza del hotel Negresco.

A partir de esta masacre ya nada será igual en Niza. Ahora sus habitantes, en su mayoría jubilados y ricos propietarios de magníficas residencias, tienen miedo. No saben qué pensar acerca de lo sucedido. Especialmente desde que se han descubierto, gracias al diario francés Libération, rumores y mentiras acerca de las fallas de las condiciones de seguridad que se dieron el 14 de julio a causa de la falta de coordinación entre la policía nacional y la local. Ahora todo el mundo se pregunta qué pasó realmente en Niza. “No hay que ocultar los errores cometidos para no repetirlos, he allí un deber y una necesidad democrática. Toda esta falta de transparencia y de responsabilidad de los servicios del Estado no hacen más que generar fantasmas, rumores y teorías del complot. Que no muestren toda la luz sobre el fracaso de Niza sería un error político, ético y minaría la confianza, en aquellos que están encargados de proteger el país, comenzando por la cúpula del Estado” (editorial de Libération, 20 de julio).

gloaezatovar@yahoo.com

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