Por Guadalupe Loaeza.foto 1

¿¿¿Mañana cumplo setenta años??? ¡¡¡Ay, no es cierto!!! ¿¿¿Entonces por qué me veo de seis-cero??? Qué rápido llegué a esta tan lejana y aparentemente inalcanzable edad. Ni cuenta me di. Que yo recuerde, no he vivido tanto, ni tengo tanta experiencia, ni mucho menos he madurado. Sigo igual de locuaz, espontánea, parlanchina, criticona y burlona, intolerante e irresponsable. En muchos aspectos, continúo siendo una mujer cándida e inocente. Sigo creyendo en el amor, en la buena fe de mis semejantes y en Peña Nieto. Estoy convencida de que todo el mundo es muy buena gente e incapaz de hacerme daño. No tengo un ápice de amargura, ni de resentimiento. No envidio a nadie. Bueno tal vez un poquito a La Gaviota, por su departamento en Miami. No me arrepiento de nada. Procuro disfrutar todo lo que me gusta; desde un documental sobre “La Belle Époque” de París, hasta el Graham Norton Show, que veo todas, pero todas las noches, en el canal de televisión de la BBC. Cuando estoy con mis nietos, no me vivo como abuela, sino como una babysitter que no cobra un centavo por cuidar a esos niños tan maravillosos.

Además, estoy de novia. ¡¡¡Síiii!!! Desde que me caí y me rompí el codo, me convertí en la novia del doctor Enrique Goldbard. En lo personal, me caigo mejor como novia que como esposa quejumbrosa. Este nuevo estado civil me ha rejuvenecido por lo menos 20 años. Mi novio es adorable, atento, generoso y muy culto, nada que ver con el marido de antes. Con él recuperé nuestras conversaciones que pueden ir desde la Familia Burrón, hasta Thomas Mann. Lo que nos ha unido aún más es el hecho de que podamos hablar, él de Roberta, su nieta de siete meses, y yo, de mis cuatro nietas cada una dueña de su iPad, de su password y de su membresía para acceder a Netflix. Lo que también me tiene muy contenta con mi nueva relación es que, en unos días, nos iremos de vacaciones a un lugar paradisiaco.

Pensándolo bien, no me importa cumplir siete-cero, esa misma edad, más o menos, tiene la ONU; la película Gilda, de Rita Hayworth; el libro El Principito; la llegada al mundo del bikini; el estreno de La Bella y la Bestia de Jean Cocteau; el Pato Donald; Plácido Domingo; Mick Jagger; Cher; Diane Keaton; Barbra Streisand; Liza Minnelli; Sylvester Stallone; Bill Clinton y, por desgracia, el imbécil de Donald Trump.

Respecto al paso del tiempo, lo que siempre me ha intrigado es que siendo de las menores de las hermanas Loaeza, cada año que transcurre me estoy convirtiendo en una de las mayores. Llegará un momento, en que ya no habrá en la familia, ni mayores ni menores. Todas volveremos a cumplir 15 años cuando estemos en el cielo.

14No obstante he llegado a una edad demasiado mayor, en realidad no me puedo quejar, tengo un oficio que es un privilegio. La escritura es mi mejor amiga, es una herramienta prodigiosa que me permite viajar en presente, pasado y futuro. Ayer, precisamente, entregué a la Editorial Planeta mi segunda novela y mi libro número 44. La escritura, por fin, de Las Yeguas Desbocadas me permitió transportarme a la década de los sesenta con una nostalgia inusitada y muy refrescante. Volví a escuchar el hit parade de entonces, recordé de nuevo películas de esa época, modas, lugares, noticias políticas y muchas vivencias. Esta segunda parte de Las Yeguas Finas es una novela que retrata la doble moral de la sociedad mexicana de los años sesenta a través de la mirada de una adolescente tratando de encontrar su lugar en el mundo. Creo que este nuevo libro es mucho más audaz e irreverente, con una protagonista que ya dejó de ser una niña y ahora enfrenta vicisitudes de la adolescencia.

Mañana viernes, 12 de agosto, despertaré de muy buen humor. Comeré mole con mi novio, mis hijos y mis nietos. En la noche apagaré un chorro de velitas que brillarán como nunca en un pastel de Sanborns de tres pisos, el cual disfrutaré con mis hermanas Antonia y Natalia y mis amigos, los más leales y más jóvenes que tengo. Me pondré, feliz de la vida, un traje sastre rojo divino que me trajo, como regalo de cumpleaños, mi amiga Viviana Corcuera de Buenos Aires, de la boutique “Menage a trois”, donde se compra toda su ropa la primera dama de Argentina.

¿Qué más se puede pedir en la vida? ¡¡¡Otros siete-cero!!!

gloaezatovar@yahoo.com

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