Por Guadalupe Loaeza.

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¿Cómo escribir sobre el debate más esperado en los últimos tiempos para la Presidencia de Estados Unidos entre Hillary Clinton y Donald Trump antes de que sucediera? No hay nada más viejo que el periódico de ayer, se dice con razón. Pude haber formulado una serie de conjeturas que a estas horas ya no tendrían ninguna validez, y sin embargo la tentación de escribir sobre el tema fue enorme. No pude abordar otro tema más, porque de antemano sé que a nadie le interesaría. Nadie me leería y eso me frustraría aún más.

Lo que puedo compartir con los lectores seguramente más avezados que yo sobre este tema son mis dudas, temores y fantasías que me he ido formulando a lo largo de las campañas tanto de la candidata demócrata como la del republicano.

9Me llama la atención que los seguidores de Trump sean mucho más entusiastas y gritones que los que apoyan a Hillary Clinton. Igualmente me sorprende cómo los medios electrónicos o escritos hablan mucho más de Trump que de Clinton. Es cierto que por lo general estos análisis son sumamente negativos, pero al mismo tiempo no dejan de posicionarlo, cada vez más, ante la opinión pública. ¿Podría esto revertirse a su favor? En las redes sociales no hacen más que hablar de él. No hay duda que Trump es un narcisista de miedo. “Soy el más fuerte, el más grande, el mejor, el más guapo, el más rico; y a pesar de mis pequeñas manos, soy un as en la cama”, dice constantemente Trump, que no sabe distinguir entre la realidad y la mentira. Miente como respira y esto lo tiene sin cuidado, así como a sus seguidores. Como dice el historiador francés Thomas Snégaroff: “El ‘actor’ Donald Trump, no deja de interpretar a Donald Trump, he allí su éxito con sus futuros votantes”. Se sabe peligroso y eso lo explota de maravilla. Sus millones de seguidores no necesariamente son idiotas, habría que darles un poquito de crédito y preguntarse por qué no quieren votar por Hillary. El periodista norteamericano del diario The New York Times Roger Cohen fue a visitar la ciudad de Paris, en el estado de Kentucky, en donde el presidente de la asociación de carbón de ese estado le dijo lo siguiente: “El presidente Obama se preocupa más por París, Francia, que Paris, Kentucky”. 6Un sentimiento que parece ser ampliamente compartido por aquellos rumbos. Entre las muchas personas que entrevistó le llamó particularmente la atención la señora Cindy Hedges, cuya tienda de botas se encuentra en la calle principal de Paris y cuyo horario de trabajo se resume en un anuncio que dice en la entrada: “si estoy, estoy; si no estoy, no estoy”. Esa forma de hablar directo es la manera en que se reconoce a Donald J. Trump. La señora Hedges se ufana de nunca haber conocido a un extranjero. Cuando Cohen le preguntó por quién votaría, ella, con la convicción de que su país ha perdido el camino, dijo que se necesitaba a “somebody spectacular”, ese alguien espectacular es para mucha gente Trump.

(We Need ‘Somebody Spectacular’: Views From Trump Country < http://nyti.ms/2cAvzjf >)
4Me llama la atención que el carácter de Hillary se haya convertido en el centro de críticas muy negativas. Que si es muy arrogante, que si siempre quiere tener la razón, que si está gordita, que si no tiene buena salud, que si depende mucho de su marido y que si tiene “demasiada” personalidad. Lo mismo decían de la ex candidata a la Presidencia de Francia, Ségolène Royal. ¿Quién se hubiera atrevido a decir lo mismo de alguien con las mismas características, pero siendo hombre como Charles De Gaulle? En todo esto se percibe un tufo de misoginia.
En el caso de Hillary nadie podría poner en duda sus capacidades y su experiencia. Su problema es que un gran sector de la población norteamericana no le cree. Tal vez se deba a que la identifican como parte del establishment de Washington, representado por los políticos que aparentemente han sido los culpables del estado en que se encuentran los futuros votantes de Trump, como es el caso de la zona de Kentucky y estados aledaños.

Sin duda los resultados del debate son de gran importancia. Antes de que comenzara moría de curiosidad. Lo vi y lo oí con toda la atención que me permitía mi pobre inglés, que comparado con el de mi novio, él lo habla como Richard Burton. Ya hablaremos de los resultados del debate en otra ocasión.

gloaezatovar@yahoo.com

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