Por Guadalupe Loaeza

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Entre las muchas tareas que realicé en la FIL fue presentar el libro Las Yeguas Desbocadas (Edit. Planeta), segunda parte de Las Yeguas Finas. Tuvieron que pasar más de diez años, para que por fin, me pusiera a escribir dicha obra.

En primer lugar, tenía un compromiso con mis lectores y en segundo, con Sofía, la protagonista, quien no había semana en que no me reprochara el hecho de haberla dejado abandonada en el camastro de la Cruz Roja, tal como terminaba el primer tomo, de esta saga de la familia Garay comprendida por cinco tomos. “¿Te va a dar tiempo?”, me preguntó Federico mi hijo, con su humor tan característico. Le dije que sí, que hasta me iba a sobrar para hablar de los nietos de Sofía.

El domingo pasado se presentó el libro dentro del marco de la FIL.  Desafortunadamente no pudo llegar el escritor Ernesto Murguía, no obstante, me hizo favor de enviarme sus palabras. Si me permito transcribirlas es porque reflejan a la perfección el mundo de esta adolescente que a sus 14 años y desde el principio del libro afirma que odiaba al mundo.

“En Las Yeguas Desbocadas, Sofía se descubre como una señorita de catorce años, ingenua por un lado, pero con un enojo y una frustración acumulados y contenidos durante años. Para colmo, su despertar sexual se encuentra en pleno apogeo. Un despertar sexual, por cierto, del que nadie habla, nadie opina, nadie reconoce su existencia. Sofía vive también en medio de nuevas y más violentas crisis familiares agravadas por la delicada salud del padre y la presencia de inesperados integrantes de la familia, sobrinas que por designio y mandato se convierten en hermanas, para que así la sociedad no se entere de que alguien de la familia Garay ‘salió con su domingo siete’. Dueña y señora de este entorno caótico, la figura de doña Inés, una de las grandes protagonistas de la historia, se yergue ‘como un Dios’, como diría nuestro poeta Manuel Acuña. Si desde Las Yeguas Finas, la mamá de Sofía y sus tantas hermanas ya era un personaje fascinante por sus contradicciones, en esta nueva novela la matriarca de la familia está más desatada, voluntariosa y preocupada por el ‘qué dirán’ que nunca. Es una figura trágica que en su obsesión por mantener las riendas y dictar los destinos de su familia, termina afectando profundamente la vida de todos los que la rodean. De verdad, doña Inés es uno de los grandes logros de la novela, no pueden dejar de conocerla.

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Es en este mundo de mentiras y presiones, donde las viejas estrategias de Sofía, como su imaginario manto de invisibilidad, ya no le funcionan, le quedan muy chiquitas. Más que yegua fina, con sus modales correctos y siempre dispuesta a obedecer, es hora de que Sofía saque las garras antes de terminar atrapada en la vorágine que la envuelve. Es así como esta adolescente tan confundida y necesitada de cariño, comienza una rebelión que trae consigo no solo la humillante expulsión del Colegio Francés, sino también sus incipientes apapachos… ¿qué digo ‘apapachos’? ¡Apapachotes! ¡Con una compañera de la escuela! Y no son los únicos: algunos chicos de la alta sociedad también andan ‘tirándole un lazo’ a la tierna Sofía, que nomás capotea la situación como puede en un intento de poner un poco de orden en un mundo que no comprende y donde nunca parece encajar. (…) Es aquí donde la autora se confirma como gran cronista de la Ciudad de México y nos lleva de la mano en el recorrido de una capital que ya solo vive en la nostalgia. Pero no crean que se trata de una visión idealizada: el ojo crítico de la autora y su memoria prodigiosa aprovechan para realizar un retrato descarnado de una sociedad hipócrita, dos caras, mustia y despiadada a la vez. Es un México donde la revista Social premia y castiga a sus adeptos, donde los chismes entre las familias más acomodadas… y desacomodadas de la sociedad pueden destruir a su antojo reputaciones, exiliar a familias enteras, aplicar la ley de hielo a quien se atreva a salir del canon. El punto de vista de la protagonista, por ejemplo, y cómo Sofía cambia su voz, crece como personaje y como narradora. Las subtramas en Canadá, el janitor acosador de menores, la aventuras de Sofía en Burmester y sus amores ocultos. Eso es algo que ahora corresponde descubrir a los lectores”.

gloaezatovar@yahoo.com

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