Por Guadalupe Loaeza

Ayer, el mundo parecía totalmente de cabeza. Mientras que Berlín padecía un atentado con 12 muertos atropellados en un pequeño mercado navideño; el embajador ruso en Turquía, Andrei Karlov de 62 años, caía por los balazos que recibió en tanto inauguraba una exposición de fotografía en una galería de Ankara, en Suiza un atacante irrumpe en una mezquita a la hora del rezo y hiere a tres musulmanes, y para colmo de males, el Colegio Electoral formalizó la victoria del republicano Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Nuestro país también estaba ayer de cabeza; cinco mujeres fueron baleadas en Zacatecas, a la vez que el IMSS y el ISSSTE reportan que “Diariamente reciben al menos mil mujeres víctimas de violencia por lo que es necesario crear políticas públicas adecuadas…”. De cabeza también nos pareció el aguinaldo y compensaciones de decenas de miles de pesos que recibieron nuestros diputados (entre todos 70 millones de pesos), senadores (29 millones 994 mil 240 pesos), magistrados (dos millones 906 mil 796 pesos) y consejeros del INAI (2 millones 794 mil 918 pesos).
Lo peor de todo es que los ciudadanos estamos asimismo de cabeza. Como nunca, estos días, se vienen encima diariamente correos de nuestros proveedores cobrándonos deudas que tenemos adquiridas desde el mes de agosto. Debemos el seguro de gastos médicos, la mensualidad del coche, el predial atrasado, las tarjetas de crédito, mensualidades de la escuela y… ¡¡¡los aguinaldos!!! ¡¡¡Los regalos de la pareja, hijos, nietos, jefes, secretarias, portero y uno que otro compromiso ineludible!!! ¿Y las vacaciones? ¿Y la paridad del dólar? ¿Y la cena de navidad? ¿Y el vino y el postre que prometió llevar para el 24 de diciembre? ¿Y Duarte? ¿Y el crimen organizado? ¿Y los inmigrantes que regresarán a partir del año que viene? ¿Y la corrupción? ¿Y la mala imagen y el desprestigio de México frente al mundo? ¿Y Trump, Trump, Trump…?

Etcétera, etcétera. Según Carstens, “Trump, puede ser una película de terror para México. Ahorita hemos visto los cortos, pero a partir del 20 de enero va a correr la película”. Si está tan preocupado, el gobernador del Banco de México por nuestro país, entonces ¿por qué se va el próximo 1o. de julio? El que también está aterrado es Peña Nieto, quien no deja de llamarnos a la unidad. “Nuestra historia nos recuerda que cuando no hemos estado unidos, el país ha sufrido desastres que dejan cicatrices dolorosas”. Tiene razón nuestro Presidente. Pero, ¿cómo unirnos si es la lamentable situación que vive el país la que nos separa y nos divide? ¿Cómo unirnos si ya no creemos en nada? Y, ¿cómo unirnos si cada vez hay más pobreza, desempleo, violencia e inseguridad? ¿Cómo se pueden unir los ciudadanos de un mismo país, si ya no creemos en él?

“¡Pinche época!”, exclamamos muchos pues nos sentimos como nunca antes, abrumados, particularmente susceptibles, medio amargadones, envejecidos, rebasados por tantas incertidumbres personales y con respecto al futuro del mundo, sentidones con muchos miembros rencorosos de la familia que no saben perdonar, con gastritis, mal dormidos, por lo tanto, ojerosos. ¿Cómo desear Feliz Navidad y próspero Año Nuevo si parece que, para el 2017, todo pinta color de hormiga? ¿Qué hacer entonces para vernos un poquito más optimistas durante estos días tan sensibleros? ¿Hacernos los locos? ¿Sonreír, aunque sea falsamente? ¿Desconectarnos por completo del mundo? ¿Encerrarnos en el baño de visitas y llorar y llorar? O, ¿tomarnos una pastillita de Adepsique para quitarnos la angustia y el insomnio?

Escribo esto, sintiéndome de la patada. No me gusta expresarme con una actitud tan negativa y finalmente estéril. Una actitud que no me lleva a nada, ni a entender mejor las cosas, ni a ser más propositiva y menos constructiva. Reconozco que el panorama mundial no favorece en nada mi sentir con respecto a México. También reconozco que tengo miedo, no por mí, sino por el mundo. Hace unos días me enteré por la tele en CNN sobre la arenga de un fanático partidario del estado Islámico que decía, más o menos, que este es el momento de arrasar con los infieles como si fueran pasto, y que para eso no era necesario tener armas de fuego, basta con un vehículo. Tal como ha sucedido en Niza y ahora en Berlín. La pregunta es cómo evitarlo, es prácticamente imposible vigilar parques, mercados y lugares de reunión al aire libre.

El mundo está de cabeza.

gloaezatovar@yahoo.com

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