Por Guadalupe Loaeza

Querido Rafael:

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Me urge ponerte al corriente de una espléndida noticia. Sé que te va a dar un gusto enorme de allí que me precipite a escribirte cuanto antes, a pesar de mi cansancio y del poco tiempo que tengo para entregar mi texto a Reforma, periódico que estoy segura llega hasta donde te encuentras. Acabo de llegar de Puebla. Durante todo el trayecto pensaba la forma en que te escribiría la reseña. Son tantos los detalles de lo sucedido, que no sé por dónde empezar. La ceremonia estaba prevista para las 11:00 am, en la ex fábrica textil “La Constancia”, pero finalmente empezó media hora más tarde.

El primero en llegar, entre el numeroso público que ya se encontraba en su respectivo lugar, fue Rafael Moreno Valle, gobernador de Puebla, seguido de Mariana, tus dos hijas, María y Natalia (por cierto hace unos días ganó el segundo lugar del concurso de equitación y el lunes cumplió 11 años); detrás de ellas venían, Fernando tu hermano, tu sobrino, tus hijos mayores, Rafael y Leonora, al lado de dos de tus hermanas. Yo estaba sentada en la primera fila y no me quería perder detalle. La primera en hablar fue Mariana. Dadas las circunstancias, te confieso que me impresionó su temple y la claridad con la que leía su discurso:

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“Hoy es un día muy especial para mí y para toda mi familia. Han pasado ya largos días desde la muerte de mi esposo, Rafael Tovar y de Teresa. Durante ese tiempo he constatado el cariño y la admiración con los que contaba. Y esas muestras de afecto son para mí palabras de aliento, abrazos para recordarme que, en medio de la tristeza, hay una luz, un camino a seguir en el ejemplo que me ha legado Rafael. Fue un hombre que hizo el bien. Sabía usar sus lecturas y sus conocimientos, primero para compartirlos, y luego para convertirlos en tareas culturales. Fue un constructor de ideas y realizaciones, pero también un padre responsable y afectuoso. Jamás dejaré de valorar, como lo más importante de mi existencia, el haber construido juntos una familia”. Tus hijas escuchaban a su madre sumamente conmovidas, pero sobre todo orgullosas. Quién mejor que Mariana para decirnos que siempre fuiste un hombre de convicciones y compromisos, “…una persona que sabía que la felicidad se construye día a día”. Me permito retomar las palabras de Mariana, para comunicarte la noticia: “Es por eso que para nosotros este día es tan relevante. El Museo de la Música Mexicana, que llevará su nombre es un motivo de orgullo para todos, de orgullo y también de agradecimiento. Siento que en este recinto se podrá recordar por mucho tiempo la pasión de Rafael por lo mejor de la música de este país. Y nosotros y sus amigos encontraremos aquí un espacio público y gratuito que, sin duda, será de la mayor utilidad para esta ciudad de Puebla que tanto amó mi esposo”.

¿Te das cuenta, Rafael, que tienes un museo con tu nombre, nada menos que un museo de música? Gracias al espléndido discurso de Antonio Crestani, director general de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura, nos recordó que había sido durante una gira que hiciste a Puebla en 2014, cuando Moreno Valle te invitó a recorrer el Centro Cultural “La Constancia”, y coincidieron en la conveniencia de crear un museo que complementara el discurso del Museo de la Música de Viena, que estaba por inaugurarse. Gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura ya que “fue catalogado por el comité de selección del PAICE como uno de los proyectos estratégicos de alcance nacional más relevantes del 2014″. Pero lo más significativo de todo es que un 21 de diciembre tú rendiste protesta como primer secretario de Cultura y justo ese día se inauguró el museo de la Música con tu nombre. ¿No te parece una coincidencia muy afortunada?

El museo cuya inversión fue de más de 84 millones, cuenta con doce salas: la experiencia mexicana, música virreinal, villancicos, el México romántico, etcétera. Todo esto musicalizado con las 36 melodías, que tú personalmente elegiste y que se pueden escuchar con los estímulos audiovisuales y sonoros.

Después de recorrer el museo todos estábamos felices. La mejor prueba es la foto donde aparece tu familia sonriente, un gobernador sumamente satisfecho, debajo de tu enorme fotografía a colores donde pareces decir como Amado Nervo: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz”.

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gloaezatovar@yahoo.com

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