Por Guadalupe Loaeza

regalos2¡Que tire la primera piedra el que no haya recurrido en su vida a un “roperazo”! Igual se podría afirmar para aquellas personas que han sido víctimas del imprescindible “roperazo”. Tal vez se deba a la crisis que se vive hoy por hoy en el país, o a un estado de ánimo particularmente apagado en estos momentos, el caso es que este año recibí y di varios “roperazos”. Estaba tan desesperada por no tener recursos suficientes para comprar regalos a mis amigos y familiares, que incluso recurrí a roperazos de la navidad pasada, que había guardado en una bolsa de plástico con listones y papel para envolver. (Los únicos que no recibieron roperazos fueron mis nietos, a ellos me alcanzó para regalarles un buen paquete de libros, pero nada de juguetes, ni juegos electrónicos, ni iPads, ni iPhones, ni ningún otro gadget y ningún producto norteamericano. A mis hijos les regalé unas primeras ediciones de Las Niñas Bien, que había guardado celosamente como parte de una colección. A Enrique le puse en un sobre muy bonito un vale para un agua de colonia marca “Brut”). Respecto a mis “roperazos” hice todo por disimular y actualizar el envoltorio, los envolví con un papel mucho más moderno y con listones nuevos y brillantes. Asimismo procuré, como todos los años, que correspondieran con la personalidad del destinatario. Ignoro si se percataron digamos de mi trampa o si se incomodaron como me sucedió a mí al recibir otros varios “roperazos”. Los que me regalaron eran tan obvios, que no podía más que ofenderme: la bolsita que solían regalar las aerolíneas, cuando se viaja en primera clase; una crema de manos de hierbas naturales cuya botella indicaba que el contenido estaba a la mitad; un sacacorchos usado, un ejemplar leído de Las mujeres que aman demasiado, un turrón mal envuelto y mordido, unos anteojos de sol cuyo logo aparecía pegado con Resistol, una pashmina que olía a perfume y una agenda del 2012.

Lo cierto es que este año, los regalos me deprimieron o tal vez fueron el termómetro de una nueva etapa de austeridad impuesta a la fuerza. Ya no hubo canastas con vinos y conservas de todo tipo, ya no hubo pavos, ya no hubo libros de arte impresos en Italia, adiós a las botellas de Champagne, a las latas de foie gras, a las cajas de vino francés, etcétera, etcétera. Ni artesanías recibí. Qué tan de capa caída hemos de estar, que por primera vez en mi vida, no puse árbol de navidad, ni mucho menos, nacimiento. Siempre tuve un espíritu navideño que rayaba en lo cursi, pero este año, mi estado de ánimo andaba como foco fundido. Para Año Nuevo tampoco formularé los consabidos 12 deseos por miedo a atragantarme con las uvas, por la depresión.

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Curiosamente, este año, Enrique y yo asistimos a varios recalentados, y no tuvimos empacho en pedir nuestro itacate para nuestro propio re-recalentado. ¿De qué se platicó en estas reuniones? Que si vieron a Hillary Clinton pasada de copas, que si Trump ya se hizo íntimo amigo de Carlos Slim, que si Beatriz Paredes será la próxima secretaria de Cultura, que si Margarita Zavala va a salir en la portada de Time o de Proceso, que si Videgaray ahora es el héroe mexicano, que si George Michael, el cantante pop, murió por sus excesos, que si Moreno Valle será el caballo negro de la contienda electoral para la Presidencia, que si Javier Duarte se llevó pinturas del Museo de Arte del Estado de Veracruz, en Orizaba, que si Peña Nieto ahora va a invitar a Putin a México, que si el dólar alcanzará niveles insospechados, que si el desabasto de gasolina alcanzará a la Ciudad de México, que si el mundo está girando rápidamente hacia la derecha, lo cual indica que Marine Le Pen puede ganar las elecciones en Francia, que si san Pedro le negará a Norberto entrar al cielo por la vanidad de pintarse el pelo, etcétera, etcétera.

Sí, queridos lectores, además de pobre y endeudada, ando triste y desanimada. Extraño a los que se fueron para siempre, extraño el dólar a 15 pesos, extraño los regalos glamorosos y extraño mi entusiasmo de antes. Lo peor de todo es que ya se me acabaron los “roperazos” para el 2018. Temo que me veré obligada de regalar palomitas caramelizadas en bolsitas de papel de estraza.

gloaezatovar@yahoo.com

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