Por Guadalupe Loaeza

8En realidad, la más feliz de toda la familia Obama en dejar la Casa Blanca es la abuela, Marian Robinson, madre de Michelle. A pesar de que se trata de la abuela y de la suegra más querida de Estados Unidos, Mrs. Robinson está ávida por reencontrar su independencia.

Hoy por hoy sabemos que el haberse mudado a la Casa Blanca fue todo un drama, al grado de que su hija Michelle tuvo que recurrir a Craig, su hermano mayor, para convencer a su madre. La primera dama se negaba a recurrir a lo que se llama una baby-sitter o una institutriz. Esto lo entendía muy bien la abuela, quien entonces tenía 71 años, sin embargo, se resistía a abandonar sus hábitos, no quería dejar su ciudad natal, Chicago, su barrio popular de South Side y menos a sus amigas de toda la vida con las que jugaba cartas, iba al cine, a los museos y a todo tipo de actividades. Además, irse a vivir a Washington significaba abandonar sus clases de yoga que adora, de allí que siempre esta abuela se vea tan juvenil y con tanta energía. Tuvieron que pasar tres meses para que finalmente accediera a la mudanza. En el fondo pensaba que el cambio no era tan malo, ya no tendría que lavar los platos y cocinar. Además, pensó que estaría más cerca de sus dos nietas que adora, las vería crecer y observar de cerca su transformación.

“Ya me voy a mi casa”, suele decir esta abuela todas las noches después de cenar. Se dirige a su departamento privado que se encuentra en el tercer piso de la Casa Blanca, justo arriba de la recámara de la pareja presidencial y de sus nietas.

En una entrevista que le hicieron a su hijo Craig, confesó que su madre se tomaba algunas libertades en la Casa Blanca. A pesar de que la abuela tiene muy clara su responsabilidad, que consiste en ocuparse de Sasha y Malia, debido a las múltiples ocupaciones de sus padres, de vez en cuando invita a sus amigas de Chicago a pasar unos días a Washington y juntas van a cenar al centro o al cine o al teatro, a ver las representaciones del ballet del grupo de Alvin Ailey o la coreografía de Debbie Allen, o a algún recital del cantante de jazz (blanco) Kurt Elling.

Cada vez que grandma sale sin la familia Obama, lleva con ella a agentes del Servicio Secreto muy profesionales, cuya consigna es hacerse invisibles. Puesto que en Washington ya todo el mundo está acostumbrado a su presencia, y todos la identifican como la abuela de la familia presidencial, a Mrs. Robinson la cuidan muchísimo, sobre todo cuando va con sus amigas a los casinos de Las Vegas.DOCU_GRUPO Barack Obama Holds Election Night Gathering In Chicago's Grant Park

Es cierto que está feliz de abandonar para siempre la Casa Blanca, pero en su fuero interno, la abuela sabe que ya nunca más llevará a sus nietas a la escuela cerca de la Casa Blanca, ni tampoco se podrá pasear por sus jardines, ni mucho menos acompañar a su hija Michelle a todas sus actividades oficiales. A Marian le encantaba ir a comer a casa de Teresa Heinz, esposa del millonario John Kerry, o a la casa de la periodista mundana Sally Quinn, cuya opinión solía halagarla mucho cuando decía: “ella, Mrs. Robinson, es la abuela perfecta, calurosa, gentil, dulce, amistosa y muy adorable. Siempre se vio como pez en el agua en la Casa Blanca”.2

Mrs. Robinson se acostumbró a llevar a sus nietas al partido de futbol para niñas, a cuidar a sus amiguitas que se quedaban a dormir en la Casa Blanca e incluso a acompañarlas a comer hamburguesas. Lo que más disfrutaban las nietas de niñas era cuando la abuela les contaba su vida en Chicago. Les platicaba que era la cuarta de siete hijos, les platicaba cómo había conocido a su marido, Fraser Robinson, y de la época en que trabajaba como secretaria en un banco.

Respecto a la presencia de la abuela en la familia presidencial se han dicho muchas cosas, que si recibe un salario de 160 mil dólares al año nada más por cuidar a dos niñas, que si no es tan buena influencia para su hija, que si su yerno ya está harto de ella, que si el hecho de vivir en la Casa Blanca no les permite vivir una intimidad a la pareja, etcétera, etcétera.9A la abuela la tienen sin cuidado este tipo de comentarios. Ella sabe cuál es exactamente su lugar y lo importante que es su papel en la familia Obama. Sabe que la adoran sus nietas y que, además, no ha sido la única suegra que ha vivido en la Casa Blanca, que también la de Eisenhower tuvo ese privilegio, y sabe que muy pronto recuperará su independencia, sus añoradas clases de yoga de Chicago y sus escapadas a Las Vegas.

gloaezatovar@yahoo.com

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