Por Guadalupe Loaeza

Estimado Señor Presidente:
Le mando estas líneas para suplicarle que por favor no vaya el 31 de enero al encuentro con el enemigo número uno de nuestro País, Donald Trump.

No hay diario nacional o extranjero que no mencione lo debilitada que está la imagen presidencial (no fue casual que el vocero de Trump se refiriera a usted como “Primer Ministro”) ante la opinión pública y los medios. La última evaluación que hizo mi periódico sobre su desempeño lo ubicó con un 86 por ciento de desaprobación.

“C’est un president faible” (es un presidente débil), le escuché decir hace unos días a Pierre Salama, un analista francés de la estación de radio pública France Culture, sobre el Presidente de México.

El profesor emérito de la Universidad París 13 describió el escenario del cuarto año de su mandato: la violencia, el narcotráfico, la corrupción, la impunidad, la desatinadísima visita de Trump a México, a pesar de su desdén por los mexicanos, los gasolinazos, la moneda, el incumplimiento de las intenciones de las armadoras como Ford y GM y, por último, la amenaza, ahora hecha realidad, de la construcción del muro.

A un Presidente con tantos negativos, en un país tan debilitado, lo último que le queda, a usted y a nosotros, es la dignidad.

Dicho lo anterior y como están las cosas, más valdría un asomo de entereza y de valor para que un patán como Trump sienta que alguien se le enfrenta. Si no nos damos a respetar frente a los partidarios de Trump, ellos no lo harán por sí mismos y seguirán aullando: Build the Wall, build the Wall! Ahora ya parece too late. ¿Para qué entonces ir a exponerse en el territorio enemigo?

Le recuerdo que cuando Trump vino a México, lo hizo con su típica actitud altanera y no contento con eso, se desdijo inmediatamente de todo lo que había afirmado en suelo mexicano.

Él no tiene vergüenza, por lo menos téngala usted. Dígase a sí mismo que los mexicanos no somos bienvenidos en la Casa Blanca. (No la suya, la original). Como dijo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas: “Me parece que lo menos que podría hacerse en estas condiciones sería no acudir, cancelar la visita a los Estados Unidos, y buscar una posición digna para México”.

Me pregunto: “¿Por qué estará bloqueado el Presidente?”, “¿Cuáles son sus temores?”, “¿Por qué no podrá actuar de igual a igual con un tipo arrogante como Trump que, estoy segura, es intelectualmente inferior a usted?”.

Please, no vaya. No se arriesgue a hacer el ridículo frente a un espécimen como Trump. Él ya tiene una idea preconcebida de México y de los mexicanos. Él no sabe nada de nuestra cultura; nunca ha leído a Sor Juana Inés de la Cruz, a Rulfo o a Carlos Fuentes.

No tiene idea de nuestra historia, es más, ni siquiera conoce nuestra geografía. Estoy segura que no sabe quién fue don Benito Juárez, a quien admiraba tanto el héroe de Trump, Abraham Lincoln, y que dijo “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

No habla media palabra de español, el segundo idioma más hablado en su propio país. No conoce más comida mexicana que la de Taco Bell y cree que el 5 de mayo es el Día de la Independencia de México. (Yo creo que no sabe ni siquiera de quién nos independizamos…). ¿Sabrá cuáles Estados fueron asimilados a su territorio durante la guerra México-Estados Unidos?

Nunca ha ido al Museo de Antropología, nunca ha visto los murales de Diego Rivera y no tiene ni idea de que William Burroughs y Jack Kerouac pasaron por México, como muchos otros escritores e intelectuales.

No sabe que Octavio Paz es Premio Nobel de Literatura. Tampoco ha de saber que dos de los más recientes ganadores del Óscar como directores son mexicanos, así como el mejor fotógrafo de cine del mundo.

Y por último, no ha de tener ni idea de quiénes fueron los olmecas, los mayas, los aztecas. (Tal vez ignora quiénes fueron los habitantes indoamericanos de su propio país).

En suma, Donald Trump nada más sabe hacer negocios, mandar construir muros y mentir.

Ahora sí, en castellano, que tanto le duele a Trump al grado de haber quitado las páginas de internet de la Casa Blanca en este idioma, por favor, Señor Presidente, no acuda a la cita.

Créame, esto lo debilitaría aún más y por añadidura, fortalecería al gordo de las manos pequeñas. (¿Se ha fijado que cada día que pasa está más feo?).

Si toma esta determinación, le aseguro que su índice de popularidad subiría aunque sea un poco. Mejor váyase de vacaciones.

Atentamente, la suscrita.

gloaezatovar@yahoo.com

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