Enfermeras mexicanas

Por Guadalupe Loaeza

Por el dolor de la familia Hernández.

No hay nada más admirable, y a la vez conmovedora, que la historia de la mayoría de las enfermeras mexicanas.

La enseñanza formal de la Escuela de Enfermería en México tiene más de 100 años. En 1911, esta disciplina se incorporó a la Escuela de Medicina. “Con la Ley Orgánica de la UNAM promulgada en 1945, nació la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO), apareciendo con ese nombre en el Artículo 8o. del Estatuto General. Se formó su primer Consejo Técnico según el Artículo 12. Con este marco legal, la ENEO se independizó de la Escuela de Medicina lo que le dio unidad, solidez y, propició su desarrollo” (Enferm.univ vol.10 no. 2 México abr.2013).

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En los sesentas supe un poquito más de la historia de las enfermeras mexicanas, gracias a que el hermano de mi madre, el doctor Rafael Tovar Villagordoa, inicio el curso de Educación en Enfermería para Enfermeras Instructoras. Recuerdo que cuando se refería a ellas, lo hacía con mucha admiración y respeto. Hoy por hoy, existen 700 escuelas de enfermería, 13 especialidades, una maestría, un doctorado y una Facultad de Enfermería en la UNAM. Sin embargo, actualmente en el país sólo existen 19 enfermeras por cada 10 mil habitantes, mientras que la Organización Mundial de Salud (OMS) recomienda un mínimo de 84.

A pesar de estos aparentes logros, el pasado 6 de enero del 2015, Día del Enfermero y de la Enfermera, no fue un día de fiesta, sino de protesta. Las enfermeras mexicanas salieron a la calle. Jorge Alberto Martínez, enfermero de la Secretaría de Salud del DF, sostuvo que más de la mitad del personal de enfermería del país no tiene base. Otra de las demandas era el aumento de salarios. Mientras que los pacientes aumentan, los incrementos salariales brillan por su ausencia. Además padecen todo tipo de carencias de insumos dentro de los hospitales. No hace mucho apareció una fotografía en este periódico en donde aparecía una botella de refresco, todavía con la etiqueta de Coca-Cola, la cual sustituía el envase de oxígeno de una paciente internada en la Clínica 25 del IMSS, en Iztapalapa. Ante estas carencias, el personal más experimentado del Hospital General de México que depende de la Ssa invierte recursos propios en termómetros y baumanómetros.

No hay duda, las enfermeras mexicanas cuyo salario oscila entre 4 y 8 mil pesos mensuales (mientras en Estados Unidos las enfermeras llegan a ganar hasta 40 mil pesos al mes); son unas verdaderas guerreras, cuya vocación de servicio las ha llevado a sacrificios inimaginables. Esto lo corroboramos una vez más el 29 de enero con la explosión del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa. ¿Cómo olvidar el heroísmo de Mónica Orta Ramírez, quien salvó a 20 bebés, y a Juanita Zacarías, quien tuvo quemaduras en 70 por ciento de su cuerpo por salvar la vida de otros niños? Desafortunadamente, Orta Ramírez no se salvó, a pesar de haber auxiliado a muchos recién nacidos.

No nos debería de sorprender entonces que muchas enfermeras mexicanas, las más preparadas, opten por emigrar hacia Estados Unidos o Canadá, donde seguramente encontrarán mejores oportunidades y beneficios. Ante la creciente demanda de profesionales de la salud por el envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades crónicas, el Instituto de Política Migratoria (MPI por sus siglas en inglés) declaró que de acuerdo con un informe del organismo, entre 2010 y 2020 Estados Unidos contará con 5.6 millones de vacantes para profesionales de la salud, y la enfermería será el sector que más rápido crecerá, con un 20 por ciento entre 2012 y 2022.

Las enfermeras mexicanas no nada más son víctimas de un sistema de atención a la salud desorganizado, injusto e irresponsable, también sufren de una historia personal llena de atropellos y abusos. Abusos que tienen que ver con el machismo, con la discriminación y con la marginación. Basta con ver la cinta Alivio, dirigida por Carla González y producida por Gaby Vargas, para confirmar esta percepción. El documental, muy bien logrado, es desgarrador. La vida de tres mujeres, tres generaciones y tres madres solteras que dan cuenta de situaciones que superan lo narrado en el libro Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis, escrito hace ya más de medio siglo. Para Ángeles, Blanca y Lupita ser enfermeras es lo único que las ha curado de un pasado dolorosísimo. Ser enfermeras ha sido su tabla de salvación. Y ser enfermeras las ha dignificado, pero sobre todo rescatado.

 gloaezatovar@yahoo.com

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