Mirreyecito y Mirreynita

Por Guadalupe Loaeza

Hoy Día del Niño, quiero ocuparme de los hijos y nietos (entre 6 y 12 años) de los ya famosos internacionalmente Mirreyes, gracias al libro de Ricardo Raphael, Mirreynato. La otra desigualdad. En su obra, el autor nos describe, con todo lujo de detalle, “caso por caso un nuevo fenómeno social: el de los hijos de los políticos o empresarios cuyas tres mil familias tienen ingresos de 84 mil pesos diarios, contra los 21 pesos que perciben diariamente más de tres millones y medio de familias más pobres”.

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Puesto que parte importante de la educación se recibe dentro de los hogares, no es casual que las niñas y niños Mirreyecitos repitan lo que ven en su casa. Si ven a un padre prepotente y grosero dirigirse de esa forma ya sea al chofer o a su guarura, lo mismo harán estos hijos consentidos, con su respectivo chofer y su respectivo guarura. Sí, por increíble que parezca, estos Mirreyecitos también tienen a mucha gente a su servicio particular. Como sus padres, ellos viven, igualmente, en otro mundo, en otra realidad; habitan en una burbuja llena de privilegios. No se desplazan a otra colonia que no sea en la que habitan: Bosques de las Lomas, Lomas Virreyes, Santa Fe, etcétera. Es evidente que ignoran por completo que existen en su país niños, de su misma edad, que trabajan y que el 36% de estos no asisten a la escuela. En cambio ellos, millonarios como son, sí van al colegio, generalmente a uno que pertenece a los Legionarios de Cristo o a otro privado, donde se encuentran con otros Mirreyecitos, “obsesionados con la ostentación”.

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Cuando se encuentran entre ellos en el recreo, hablan de lo mismo, de lo que tienen, de lo que les compraron sus papis, del dinero que les dieron para comprar en la “tiendita”, de sus pasadas vacaciones en su pent- house de Acapulco, de sus paseos en el yate de su “jefe”, de su “depto” de San Diego, etcétera, etcétera. Vestido el Mirreyecito con su camiseta supersoft de la marca Abercrombie & Fitch y sus jeans muy ceñidos y muy rectos, dice: Yo ya tengo la PlayStation 5. ¡Está cool! Ahora, lo que quiero es la película “Inside Out”. Todavía no llega a México. Le voy a decir a mi chofer que me la compre “pirata” en el mercado de Valle. ¿Ya vieron mi mochila Kipling (1,099.00 dólares) que me compró mi ma, on line? ¿Qué creen que van a alquilar para mi fiesta de mi próximo cumple? Focas de verdad. Mi tío que trabaja en la Profepa dice que me las va a conseguir. También voy a tener un pequeño casino con dólares, como los de Las Vegas. Híjole, ya no soporto a mi guarura, es un pendejo. ¡Pinche naco que no tiene nada que hacer más que seguirme como zombie! Un día me voy escapar para que crea que me raptaron y para que mi papá lo ponga de patitas en la calle.

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i de casualidad el chofer llega tarde a buscarlo al colegio, este Mirreyecito habla desde su iPhone, y a gritos le reclama furioso: ¿Qué te pasa, güey, por qué no has llegado? Me vale madres tus putos pretextos. Le voy a decir a mi papá para que te corra. Cuando por fin llega el chofer, el Mirreyecito se sube muy enojado al BMW y durante todo el camino se la pasa jugando con el tablero, sube el volumen del radio, juega con el botón del quemacocos, abre y cierra los cristales polarizados, se quita los zapatos y se pone a fumar.

Las Mirreynitas, no obstante tienen entre 8 y 9 años, se pintan los ojos y la boca. Tienen novio y son muy flojas. Odian el colegio, la disciplina y constantemente le faltan el respeto a sus maestras. No me gusta mi miss por naca. Dice mi mami que parece maestra de colegio de gobierno. Además todo el día me regaña. La odio porque el otro día me preguntó por qué habían metido a la cárcel a mi abuelito. Es una idiota. Esta Mirreynita tiene tantos juguetes, decenas de Barbies que hablan y peluches de todos tamaños en su enorme recámara pintada toda de rosa, que parece la sucursal de una juguetería de San Antonio. Además, tiene su propia computadora, su televisión de 90 pulgadas, y un walking closet tan grande como el de su mami, ya que, como ella, es una pequeña adicta al shopping, a las marcas, al animal print, a los zapatos, a los trajes de baño y a todo lo que brilla.

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Seguramente hoy, estos Mirreyecitos y Mirreynitas recibirán muchos juguetes. Acaso, el presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, Enrique Solana Sentíes, ¿no previó una derrama económica de 17 mil 485 millones de pesos con motivo de la celebración del Día del Niño?

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Sin duda esta generación de Mirreyecitos y Mirreynitas será peor que la de sus padres.

gloaezatovar@yahoo.com

Leer más: http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=61593&lcmd5=2c1a63ca6db31a510c6de35cea97b1ba#ixzz3Yninkz2Z

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