¿Ya perdió su sonrisa?

Por Guadalupe Loaeza

¿Hace cuánto tiempo no le sonríe a su pareja o a sus hijos? ¿Cuándo fue la última vez que se rio de sí mismo? ¿Suele sonreírle a la vida? ¿Hay algo últimamente que ya no le funciona pero bien a bien no sabe qué es? ¿De qué manera ha vivido sus últimas crisis existenciales? ¿Tiene la impresión de que ya se le fue el tren y ni siquiera se dio cuenta? ¿Desea atraparlo y emprender una nueva aventura que lo lleve lejos, muy lejos? Le tengo la solución. Vaya usted a ver la obra de teatro Menoclownsia, interpretada por la maravillosa actriz Sofía Álvarez.

En esta ocasión, junto con el Colectivo Puño de Tierra, Sofía interpreta a una payasa. Una payasa que carga sobre los hombros un equipaje pesado y muy estorboso, el cual ha ido acumulando a lo largo de su vida. La payasa está esperando el tren que no llega. De pronto, ella, que nunca de los nuncas olvida nada, se percata que ha perdido algo. “¿No sé qué se me olvidó?, pero siento que me falta algo”, se pregunta la payasa afligida con su nariz roja y su pelo blanco como la nieve. Busca ese “algo” entre sus maletas, bolsas y mochilas. “¡Ya sé! ¡Perdí mi sonrisa!”, exclama de repente la payasa con un aire triste y melancólico. Inútil decirles dónde apareció finalmente su sonrisa. Hacerlo es echar a perder su expectativa. Lo que sí les puedo decir es que la payasa la encontró en el lugar menos imaginable del mundo. Cuando por fin se topa con ella, el público sonríe agradecido.

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Así sonreímos varias veces, Enrique y yo, el jueves por la noche en el Teatro Arlequín, el mismo que aún conserva las butacas desde 1950 y en donde solía actuar Nadia Haro Oliva. Me daba gusto verlo sonreír de tan buena gana. Sonreía por las reflexiones que se hacía la payasa. Sonreía por las ocurrencias de la joven y guapa asistente de la payasa (Francia Castañeda). Y sonreía porque seguramente el espléndido monólogo escrito por la dramaturga y directora de la obra, Valentina Sierra, le recordaba algo gracioso que le había sucedido hace muchos años. Por mi parte, yo sonreía por la descripción de la payasa respecto a la menopausia. Me acordé de tantas cosas de esa época que no podía más que sonreír, pero a veces, confieso, la obra me ponía triste. Más que sonreír, me fijé que la mayoría del público de ese jueves se moría de la risa. Como que tenía muchas ganas de reír a carcajadas. Con un cupo lleno en los dos pisos, los asistentes aplaudían y muchos de ellos, sin el menor pudor, hasta hacían comentarios entre sí en voz alta.

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Afortunadamente, la obra no habla de política, ni hace alusiones soeces, ni es previsible y mucho menos es una obra feminista. Es, sobre todo, una obra fresca, divertida y con un humor muy ácido y muy negro. Dura una hora diez minutos y hay animales en escena.

Dice Sofía Álvarez, nieta de la gran y entrañable actriz colombiana-mexicana quien cantaba como nadie Mi querido capitán, que su nuera Valentina Sierra fue la que decidió escribir la obra junto con ella. La idea se dio en la cocina. “Mientras los hijos y nietos corren y juegan, Valentina y yo tenemos nuestros cinco minutos de conversación ‘acalorada’. Supongo que de tanto oír de los despistes, sofocos, angustia, anhelos, subidas y bajadas de carácter, más confidencias, humor negro y por qué no decirlo, cobardías de su suegra, decidió escribir una obra de teatro para mí. Siempre he tenido una gran admiración por el género Clown, pero nunca me había atrevido a abordarlo. Siendo una cosa tan seria como es. Creo que las crisis, los temores y los retos deben tomarse con humor. Finalmente el Clown le permite a uno burlarse de sí mismo y tener una catarsis que es lo mejor en mi caso, además de ejercer mi profesión al mismo tiempo”.

Todos tenemos un payaso o una payasa dentro. Sin embargo, nos da pavor mostrar este aspecto. Tememos hacer el ridículo y que se rían de nosotros. Por ello, tendemos a tomarnos demasiado en serio y ser muy ceremoniosos. Tendemos a ser muy susceptibles y huir de la autocrítica. Por todo esto hemos perdido la posibilidad de sonreír. Eso sí, los mexicanos solemos echarnos unas carcajadotas, como si ahogáramos un grito desesperado. Como dice Sofía Álvarez: “The show must go on…”. Por ello, les recomiendo que vayan a ver Menoclownsia, nada más los jueves a las 20:30 horas, y por supuesto Almacenados, de Héctor Bonilla (marido de Sofía y padre de los actores y directores de teatro, Fernando y Sergio), también en el Teatro Arlequín.

Vayan y recuperen su sonrisa…

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gloaezatovar@yahoo.com

Leer más: http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=62950&lcmd5=7cbd83db689c67926a08ca41f1e2a52f#ixzz3aapsoY8Q

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